Mismo perro, mismo collar
Carlos Oya

La España desdoblada

Sí, lo han leído bien, no hay ninguna errata, no vamos a hablar de la España despoblada (y mucho menos de la “Iberia sumergida”) sino de la España desdoblada...

Sí, lo han leído bien, no hay ninguna errata, no vamos a hablar de la España despoblada (y mucho menos de la “Iberia sumergida”) sino de la España desdoblada. Los pongo en antecedentes. El pasado 30 de diciembre la reforma laboral fue aprobada vía decreto ley y publicada en el B.O.E. a falta de su paso por el parlamento. La ardua negociación a tres bandas entre sindicatos, patronal y gobierno (en la figura de Yolanda Díaz) se extendió a lo largo de nueve pedregosos meses para al final alumbrar un acuerdo. Un acuerdo que no satisfizo plenamente ni a sindicatos ni a patronal por lo que a todas luces tiene la pinta de ser bueno porque ya no recuerdo si es en el Código de Hammurabi o en las meditaciones de Marco Aurelio donde se decía que el buen trato es aquel que no deja contentas a ninguna de las partes, y esto es porque ambas ceden para lograr una posición común. Pues bien, después de que los sindicatos (que representan a los trabajadores) y la patronal (que representa a los empresarios) con la ministra como comadrona han alumbrado un documento bendito por Europa que en absoluto rompe con la reforma anterior, sino que parece suavizar los elementos más lesivos (como la temporalidad) mientras se mantienen otros para estimular la competitividad (el coste del despido) una serie de partidos (P.P., VOX, ERC, PNV principalmente) se oponen a este documento fruto de ese “diálogo social”, esas dos palabras que cuando están detrás de un atril no se les caen de la boca. Así que se preparen los signatarios que viene “fuego amigo”. Unos (P.P.) dicen que la reforma hará una España menos competitiva enmendándole la plana no sólo a la C.E.O.E. sino a sectores de su partido favorables al texto (Fátima Báñez sin ir más lejos participó en las negociaciones), otros se sienten ofendidos porque no los han llamado como a un quinceañero no lo llaman para una fiesta (E.R.C.) y finalmente otros, “last but not least” (P.N.V.) con la cantinela de siempre del qué hay de lo mío. En general, que no se ha contado con ellos y prometen aguantar la respiración hasta reventar. Y uno se pregunta entonces si “el españolito que viene al mundo” no sólo tiene dos Españas sino doble personalidad, en el mundo laboral (como trabajador o empresario) apoya la reforma, en el político no. Aunque lo que hay es lo de siempre ,un partido de oposición y su siniestro adlátere que toma como agravio personal cualquier logro objetivo del gobierno pues lo aleja de recuperar el poder y luego los otros ,el batiburrillo nacionalista y de izquierdas, que ponen por encima sus caprichos de niños maleducados y consentidos por encima del bien general. Que el país vaya a mejor, que en teoría es para lo que se les paga, es lo de menos.