Mismo perro, mismo collar

Carlos Oya

No soy de aquí

En “Spotlight”, la última gran película sobre el periodismo, hay una secuencia muy ilustrativa entre los personajes que interpretan Stanley Tucci...

En “Spotlight”, la última gran película sobre el periodismo, hay una secuencia muy ilustrativa entre los personajes que interpretan Stanley Tucci y Mark Ruffalo mientras cenan en un restaurante de medio pelo. El primero es de origen armenio y el otro portugués, pero ambos son de Boston. Tucci concluye que la gente que en parte llega a un sitio de nuevas es capaz de ver cosas que a otros, viviendo años allí, se les escapan. Ésa es mi relación con el deporte profesional en general y con el fútbol de élite en particular. Así que leyendo algunas declaraciones del presidente de la federación señor Rubiales hay cosas que ciertamente me crean estupor. Como no conozco (tampoco me interesa) el funcionamiento de la federación no les voy a calentar la cabeza sobre comisiones sí, comisiones no. Sólo un apunte por mi experiencia, cuando alguien sale en su defensa con el exclusivo argumento de la legalidad, sean competiciones, mascarillas o rabillos de boina, den por sentado que hay una falta de ética. Dicho esto “doctores tiene la iglesia” y, vive Dios, diarios, tertulias, programas radiofónicos y televisivos sobre fútbol para ilustrarse sobre el tema en profundidad. Como he dicho, no voy a entrar en lo que es para mí el arcano universo del balompié. No obstante, en la rueda de prensa este señor soltó dos o tres perlas que a mí me dejaron “katacroker”. Una venía a decir más o menos “soy un hombre normal que jamás se ha tomado una cerveza”, hombre… normal del verbo normal y más aún aquí en esta piel de toro no es. Más tarde afirma que es perseguido por una especie de eje del mal que en cualquier momento le pueden colocar un saco de cocaína en el maletero (o una cabeza de caballo entre las sábanas de su cama, apunto yo). Me da a mí que ha visto mucha serie policíaca americana por plataformas. Vaya por delante que alguien ha violado la privacidad del señor Rubiales (y de Piqué) para conseguir los audios de la discordia. Lamentablemente cuando el ventilador empieza a repartir mierda quien le haya dado al interruptor es lo de menos. Aunque todo esto es “peccata minuta” o discutible. Lo que no tiene justificación es la defensa de sus componendas con Arabia Saudí, un régimen de terror al que le salen los petrodólares por las orejas y que usa a cualquier tonto para blanquear su imagen. Nunca está de más recordar al periodista Kashoggi torturado y ejecutado en Turquía por los servicios secretos saudíes. También hay una guerra en Yemen en la que participan. Ante esto el señor Rubiales se justifica con que si otras empresas se lucran por qué ellos no.
Dos reflexiones: primero, durante la II guerra mundial empresas como Renault o Kodak colaboraron y se lucraron con los nazis con la misma justificación del Señor Rubianes y segundo, si Juanito se tira por un puente y Pepito se tira por un puente… ¿tú te tiras por un puente?