Beas de Segura es reconocida de Interés Cultural de Andalucía
El Instituto de Patrimonio Histórico de Andalucía (IAPH) ha incorporado el denominado 'Paisaje del agua de Beas de Segura' como Paisaje de Interés Cultural
Foto: IAPH
El río Beas a su paso por la localidad.
El Instituto de Patrimonio Histórico de Andalucía (IAPH) ha incorporado el denominado 'Paisaje del agua de Beas de Segura' en el Registro de Paisaje de Interés Cultural de la comunidad por sus valores de interés paisajístico, identitario, productivo, urbanístico y etnológico.
Este catálogo supone una selección representativa de paisajes andaluces, en la actualidad más de un centenar, que destacan por autenticidad de su significado, la integridad de sus valores y su reconocimiento institucional y social.
Tras la labor realizada por especialistas del IAPH, con visitas sobre el terreno incluidas, el Boletín de Paisaje Cultural del pasado diciembre presenta como novedad el 'Paisaje del agua de Beas de Segura'. Se define "a partir de un criterio que combina aspectos visuales, culturales y productivos, con el fin de recoger de manera precisa el territorio donde se manifiesta la relación histórica entre el agua, el poblamiento y la agricultura", según se expone en el citado documento, consultado por Europa Press.
La delimitación se centra en el curso principal del río Beas, desde su nacimiento en la Cañada Catena hasta su desembocadura en el Guadalimar, incorporando también los tramos bajos de sus afluentes más representativos. Este eje fluvial vertebra un espacio de vegas y huertas que han sido modeladas por el aprovechamiento agrícola, en estrecha relación con el extenso paisaje del olivar que acompaña al valle en sus laderas inmediatas.
El trabajo del IAPH explica cómo el valle del río Beas conforma un paisaje que alberga asentamientos históricos como el propio municipio de Beas de Segura y está inequívocamente caracterizado por la presencia del agua y los numerosos recursos presentes en el territorio vinculados a su almacenamiento, abastecimiento, aprovechamiento y defensa.
Sobresalen entre ellos el río Beas y sus arroyos tributarios, al que se añaden los molinos aún en pie, las acequias y albercas de riego, los miradores y las infraestructuras de comunicación asociadas a los cursos de agua. Pero también las celebraciones tradicionales de origen religioso o pagano (romerías, procesiones, mercado), así como las nuevas actividades sociales (festivales de música, cine o naturaleza).
Los valores de este paisaje se perciben desde diferentes puntos de su desarrollo, que pueden dividirse en tres grupos, empezando por el relativo a las vistas desde el núcleo urbano, en las que destaca la ribera del río Beas a lo largo de varios viales urbanos, la fortaleza de la Villavieja y el Parque de Valparaíso.
Señala también las vistas hacia el núcleo urbano extramuros, desde el Monte del Rey y desde la Cruz de los Trabajos, con "una mirada elevada de todo el Valparaíso y el área histórica", y las vistas del valle, con el mirador de Cañada Catena, el cementerio de San Lorenzo entre la villa y la campiña y desde el Cornicabral en la apertura del valle del Beas hacia el río Guadalimar.
Igualmente, existe un gran número de rutas e itinerarios que permiten introducirse en el paisaje natural y antrópico. El Ayuntamiento incluye en su listado hasta 49 rutas de senderismo, muchas de las cuales están relacionadas con elementos de agua del paisaje.
El agua ha sido un elemento fundamental en el devenir histórico de este territorio, pero también ha implicado una "limitación al tránsito humano y animal", quedando constancia de la construcción de hasta 15 puentes que salvan el cauce de río, de diferentes épocas, tamaño y materialidad. A ello se suma como "contrapartida el riesgo de inundaciones". De hecho, son numerosas las riadas documentadas que llevaron a construir unos sistemas de defensa de agua entre 1926 y 1960.
VALORES
Así las cosas, el IAPH reconoce en su evaluación que este territorio presenta valores culturales de interés paisajístico (morfología del valle y sus cauces fluviales); identitario (la presencia del agua como tradición local y los casos de inundaciones); productivo (agricultura, molinería, batanería...); urbanístico (río y espacios de agua como germen urbano) y etnológico (fiestas religiosas, festivales de música y cine en relación con la naturaleza).
"El estado en el que se encuentran cada uno de estos elementos es dispar, si bien el éxito de la valoración del paisaje reside en poder hacer una lectura conjunta de todos ellos", explica.
El análisis señala, por otro lado, que se enfrenta a "riesgos", como el desconocimiento y desarraigo local hacia sus valores patrimoniales y el creciente despoblamiento de la zona; la falta generalizada de una percepción del agua como agente vinculante entre un patrimonio singular que es valorado individualmente (puentes, molinos o fuentes) pero no como parte de un sistema conectado; así como transformaciones urbanísticas a partir del último tercio del siglo XX con "impactos que amenazan la percepción de determinados ámbitos del paisaje urbano".
RECOMENDACIONES
Con este escenario, desde el IAPH se plantean algunas recomendaciones, como actuaciones de visibilización que permitan multiplicar la repercusión del patrimonio beatense y fomentar una visión unitaria con el agua como hilo conductor (exposiciones, nuevos recorridos guiados jornadas, congresos o talleres).
Alude también a estrategias de intervención para actualizar y recuperar patrimonio local --con la puesta en valor de fuentes, reinterpretación de otras desaparecidas, la recuperación de molinos y batanes o limpieza de canales de descarga-- y de planificación vinculadas a la ordenación urbanística para incluir el tratamiento paisajístico en las intervenciones.
Aconseja, asimismo, estrategias de innovación, centradas en la inclusión de la población local a la hora de tomar decisiones o acciones sobre su patrimonio; de investigación para enriquecer el conocimientos o estrategias de creación con actividades de participación y producción artística con el paisaje como referencia.
Finalmente, cree necesarias estrategias de mitigación para reducir el impacto de elementos de riesgo en las áreas que se han tipificado como afectadas por impactos en el paisaje; de modo que se lleven a cabo acciones de enmascaramiento, de control de usos, de recuperación o de planificación.