El Santo Rostro bendice a Jaén desde los balcones de la Catedral

La Seo acoge la solemnidad de la Asunción, con la tradicional bendición secular con el Santo Rostro, una de las tradiciones más antiguas de la capital

 El Santo Rostro bendice a Jaén desde los balcones de la Catedral

Foto: DIÓSISIS DE JAÉN

Santo Rostro de Jaén desde la balconada exterior de la Catedral.

Cuando se cumple el septuagésimo sexto aniversario de la declaración del dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos, la Catedral de Jaén celebra hoy la solemnidad mariana a la que está dedicado el primer Templo diocesano.

Las celebraciones dieron comienzo ayer 14 de agosto, a las 12 del mediodía, con un repique general de campanas de la Catedral de Jaén, que



Hoy, 15 de agosto, solemnidad de la Asunción, como es tradicional, y durante la Eucaristía de las 11:30 horas, se presentarán ante la Virgen de la Antigua a los recién nacidos y niños que acudan ese día a la Santa Iglesia Catedral.

La celebración eucarística comenzará con una procesión claustral con la imagen de la Virgen de la Antigua por las naves del Templo mayor. Al término, se cumplirá con la tradición de la bendición secular con el Santo Rostro desde los cuatro puntos cardinales de la Catedral, a través de los balcones del Templo catedralicio. Una bendición a los jiennenses y a los campos con el paño que, según la tradición, enjugó el rostro de Cristo camino del calvario.

El Santo Rostro

El 9 de febrero de 1940 la policía francesa se incautó en un garaje del pueblo francés de Villejuif-Bicetre, cercano a París, de catorce baúles que contenían joyas procedentes de España. En uno de estos baúles apareció el Santo Rostro de Jaén, que a finales de septiembre de 1936, con motivo de la Guerra Civil Española, fue retirado de la Catedral para ser trasladado al Banco de España de Valencia.

Una vez devuelto al pueblo de Jaén, la tradición que durante siglos trajo a Jaén a peregrinos de todo el mundo, volvió con renovada devoción, algo que podrán vivir fieles y turistas este sábado 15 de agosto.

A lo largo de los siglos, la tradición popular ha considerado siempre al Santo Rostro como uno de los pliegues del paño con que la mujer Verónica enjugó la faz de Cristo en su camino hacia el Calvario, aunque no sea así. Según explica el Cabildo Catedralicio a través de la página web de la Catedral de Jaén, hasta nuestros días no ha llegado constancia documental cierta y verídica que aclare los orígenes de esta reliquia en Jaén. “Diversos han sido los historiadores locales que recogieron y sistematizaron algunas tradiciones que circulaban sobre la llegada de este vestigio de la Pasión del Señor al Santo Reino. Para unos, habría sido traída desde Roma por San Eufrasio, uno de los Siete Varones Apostólicos y obispo de Iliturgi, que es considerado como el primer prelado con que contó Jaén; esta hipótesis nos ha llegado aderezada literariamente con una inverosímil y legendaria narración, que fue ya objeto de crítica en el s. XVIII”.

Según el relato del Cabildo en la web catedralicia, los primeros datos ciertos de la presencia del Santo Rostro en Jaén se remontan al s. XIV. Muchos investigadores enlazan las primeras referencias al Santo Rostro con el pontificado de D. Nicolás de Biedma. Este prelado ocupó la sede de Jaén en dos períodos: 1368-1378 y 1381-1383. Podría haber sido D. Nicolás quien trajese a Jaén la Verónica, como es llamada la reliquia en los documentos de la época. Frente a esta posible presunción, existe un dato desconcertante: cuando D. Nicolás hace testamento, declara heredera universal de sus bienes a la fábrica de la catedral, que él había empezado a construir para sustituir a la mezquita convertida en primer templo, pero en el texto testamentario no hace referencia alguna a tan preciada reliquia, que siempre ha recibido la veneración de los fieles en la catedral. Sí hay constancia, sin embargo, de que la Verónica se guardaba en el sagrario de la iglesia mayor, y sólo era mostrada a los fieles en dos ocasiones: el Viernes Santo y el día de la Asunción, titular del primer templo diocesano, y con ella se bendecían los campos de Jaén desde los balcones de la catedral.

La ostensión de esta reliquia atraía a numerosos peregrinos en las dos ocasiones en que anualmente era expuesta. Estos devotos podían lucrar unas indulgencias episcopales, que fueron enriquecidas por las que otorgó Clemente VII, en 1529, mediante el breve Salvatoris Domini.

Para evitar los notables inconvenientes que se derivaban de la tumultuosa afluencia de fieles, que competían por besar y tocar la venerada reliquia, el obispo Rodrigo Marín Rubio costeó de su propio peculio, en 1731, un precioso relicario, realizado por el afamado orfebre cordobés, Francisco José Valderrama, que fue completado por el lazo de que la Duquesa de Montemar donó en 1823 (perdido en el viaje del Santo Rostro hacia el Banco de España de Valencia en 1936). A su regreso a Jaén fue sustituido por otro, que es el que actualmente puede apreciarse.