Palomos de papel

Manuel Palomo

Me la juego (pero fue un sueño, que conste)

Francisco Reyes, que sería el onírico número uno de la lista del PSOE, tendría que dejar la Presidencia de la Diputación por aquello de las incompatibilidades

 Me la juego (pero fue un sueño, que conste)

Foto: PSOE DE JAÉN

Paco Reyes.

Anoche soñé. Y no era un sueño cualquiera, de esos en los que uno llega tarde a un examen o aparece en pijama en mitad de la Plaza de Santa María. No. Era uno de esos sueños que, al despertar, te dejan con la sensación incómoda de haber visto algo… demasiado concreto.

Y claro, como uno es débil —y además escribe—, aquí estoy, dispuesto a cometer la imprudencia de contarlo. Total, si luego no pasa, siempre podré decir que fue cosa del subconsciente, de una cena pesada o de ese runrún político que en Jaén nunca descansa.

El caso es que, en ese sueño tan nítido, me atrevería a jugármela —con la boca pequeña, eso sí— a que la lista del PSOE de Jaén al Parlamento andaluz de cara a mayo de 2017 sería algo así: Francisco Reyes, Ángeles Férriz, Víctor Torres, Ángeles (Nines) Díaz y casi medio despertándome vi aparecer a Luis Romero, un joven militante de Andújar.

Ahí es nada.

Pero lo mejor del sueño no era la lista en sí, sino el efecto dominó que traía debajo del brazo. Porque, claro, si esto se cumpliera (insisto: si se cumpliera, que luego vienen los desmentidos), se daría una de esas carambolas políticas tan nuestras.

Francisco Reyes tendría que dejar la Presidencia de la Diputación por aquello de las incompatibilidades. Y entonces, como quien no quiere la cosa, aparecería el nombre que todos tienen en la punta de la lengua pero que nadie dice en voz demasiado alta: Juan Latorre, secretario general del PSOE de Jaén, como relevo cantado.

Pero esperen, que la cosa no acaba ahí. Porque en este juego de sillas institucional, el siguiente movimiento también venía clarito en el sueño: el diputado sustituto por el partido judicial sería Julio Millán, alcalde de Jaén.

Y aquí es donde el sueño ya se ponía creativo, porque abría la puerta a otro giro: que Julio decidiera no recoger el acta. En ese caso —siempre en el terreno de lo onírico, que nadie se me altere— el relevo recaería en Antonio Morales, alcalde de Noalejo.

Como ven, un sueño muy ordenado, muy de escaleta política, casi sospechoso.

Ahora bien, dicho todo esto, conviene recordar que los sueños, sueños son. Y que en Jaén, además, la realidad suele tener más giros que cualquier siesta mal echada.

Así que no me hagan mucho caso. O sí. Yo, por si acaso, ya lo he dejado por escrito. Luego, cuando pase —o no—, siempre podremos decir aquello de: “si es que estaba cantado”… o que fue simplemente un sueño.