CRÓNICA | María Guadaña: Un puto corazón puro

María Guadaña ha creado un universo sobresaliente que tiene una creadora: una mujer, Herminia Martínez. Todo lo que sale de su pecho y su cabeza, brilla

 CRÓNICA | María Guadaña: Un puto corazón puro

Foto: AYUNTAMIENTO DE JAÉN

María Guadaña.

Sería insensato y arbitrario comenzar la crónica del concierto de María Guadaña, “Afila Íntima”, en el Teatro Darymelia de Jaén, sin dejar clara la única reflexión que cabe: cum laude.

Insensato porque los vericuetos manidos para llenar este tipo de crónicas no serían más que un ejercicio obsceno si no se centrara en una obra maestra puesta en escena cuya única protagonista fue la artista y sus acompañantes.



Y arbitrario porque sería injusto no respetar las leyes básicas de la razón y el corazón sin la franqueza que merece el espectáculo: un puto corazón puro bombeando su talento y conciencia hacia cada uno de sus miembros.

La carrera de María Guadaña hasta el momento, con tres discos en el mercado, “Remedios Paganos” (Happy Place Records, 2019), “Latidos y Culebras” (HPR, 2022) y “Hermana Bruja” (HPR, 2025) cobró mayor sentido, si cabe, tras el espectáculo “Afila Íntima”, porque mostró algo que quienes la escuchamos desde sus inicios apreciábamos hacía tiempo. Y es que cada vez es más Herminia y menos María Guadaña con todos los parabienes que supone tal afirmación. El tiempo ha desdibujado el puto corazón de una guadaña que se ha doblado hacia el músculo puro de Herminia para mostrar que sus canciones van más allá de quienes las afinen. Son un universo limpio y sobresaliente que tiene una creadora: una mujer. Todo lo que salga de su pecho y su cabeza, brilla.

No quiere esto decir que quienes afilaron la guadaña en el Darymelia no merezcan otro cum laude. Es más, se lo debemos. Pero insisto en que el espectáculo confirmó el talento creativo multidisciplinar de doña Herminia Martínez, de la señora de la guadaña.

Dicho lo cual, entremos en materia. No era gratuita la ilusión que había puesto María Guadaña en esta cita. La escenografía ya anunciaba que todo estaba dispuesto para vivir una gran noche, que vendría de la mano de Pedro Garrido a la batería y Juanjo a la guitarra, y otras tres joyas invitadas que encumbraron el espectáculo a cotas difícilmente mejorables: Vicen Martínez a la guitarra acústica y la voz, Marta González al cello y Sebas Guzmán al saxo.

“La No Novia” abrió el repertorio (cuatro temas de cada uno de sus tres discos) como prefacio de un recorrido vital y musical que mostró, a pesar de los nervios iniciales, que estábamos ante la mejor versión vocal de María Guadaña. Nunca antes había conjugado con tanta brillantez tono y emoción sobre un escenario y eso es muy difícil cuando alguien se abre en canal en cada una de sus actuaciones. La gran prueba de fuego también la pasaron con matrícula Pedro Garrido (al que hay que empezar a valorar su versatilidad) y Juanjo, que brilló a las seis cuerdas adaptando un repertorio muy complicado que ha interiorizado, hecho suyo y mejorado en muchos momentos del concierto.

Le siguieron “Perra”, de su tercer disco, un canto a la sororidad y a la mujer libre; “Peregrino”, la canción que completaba el círculo emocional de su primer disco; y “Trinidad”, un vals con toques fronterizos de su segundo trabajo que abrió la se segunda parte del concierto, la de los artistas invitados.

No podía colaborar Vicente Martínez en otro tema que no fuera “Caballero”, también de su segundo disco. ¡Ay Vicente, cuánto te debe la música de esta ciudad! Pocas manos son capaces de sacar el sonido a una acústica como lo hace Vicente y pocas voces entonan con tanta solvencia. Y fue entonces cuando María Guadaña nos borró a todos las arrugas con sus besos para regalarnos “Al viento”, de su segundo disco, haciendo el silencio en el casi lleno del teatro.

Claro, hacía falta silencio para que Sebas Guzmán convirtiera “Preto” en uno de los momentos más emotivos y pusiera de manifiesto (si alguien no se había percatado hasta entonces) el magnífico trabajo de sonido y luces que vistió el espectáculo. Lo de Sebas con el saxofón es de otro planeta. ¿Por qué han sido tan reacias las bandas de este país en contar con saxofonistas en sus formaciones? No ha habido grupo de rock que en algún momento de su carrera no tuviera a un teclista (a veces se quedaron en la formación y otras estuvieron solo algún tiempo), pero salvo honrosas excepciones a finales de los ochenta y los noventa, es tan difícil encontrar el saxo en nuestras canciones…

«Mil besos en cada mejilla, nueve millones caben de pies a barbilla» escribió Herminia Martínez y remató: «que puedo ser Guadaña y ser tu reina». Fue la canción “Amor”, un subrayado sobre la pasión, el respeto y la admiración que Pedro y Herminia se profesan y del que quiso Herminia/Guadaña hacernos partícipes a todos.

Es cierto que el espectáculo volaba desde el primer momento, y nada mejor para volar que las alas de Marta González, una de las mejores violonchelistas de este país, afincada en Roterdam, y que convirtió “Requiem” en una canción nueva, distinta.

Y así, entre besos y vuelos, nos fuimos acercando al final del espectáculo sin saber que aún le quedaba sangre y corazón a María Guadaña para bombearla a cada uno de los presentes. Y así llegó “Bruja”, con el público como cuarto invitado coreando el estribillo tribal, folk y latino, entregados sin remedio pagano, para que “La Muerte” nos sumiera en “Tanta belleza”.

Al final, solo fue un puto corazón puro que cumplió el sueño que hace más de una década comenzó a latir en la cabeza de doña Herminia Martínez, antes de que tomara la guadaña y después de que segara su propia maldición. Cum laude.