Mediodía en la provincia de Jaén

Juan Antonio Mallenco

Lo que hemos perdido por el camino

La opinión de Juan Antonio Mallenco


En estos tiempos de división y confrontación continua, en muchas conversaciones aparece con frecuencia algo que la sociedad actual parece echar de menos, aunque pocas veces lo diga en voz alta. No son más teléfonos, ni más tecnología, ni siquiera más comodidades. Lo que echamos de menos es sentir que formamos parte de una comunidad.



Durante décadas hemos avanzado en casi todo. Vivimos más años, estamos más conectados y tenemos acceso a más información que ninguna generación anterior. Sin embargo, cada vez conocemos menos a quienes viven al otro lado de nuestra pared.

Quizá por eso muchos recordamos con cierta nostalgia la vida en los pueblos pequeños, en los barrios, en los bloques de vecinos.  No porque fueran todo perfecto, que no lo era, sino porque existía algo que hoy escasea: la conciencia de que unos dependían de otros.

Cuando alguien enfermaba, los vecinos preguntaban. Cuando una familia atravesaba dificultades, aparecía ayuda sin necesidad de pedirla. Los niños eran educados por sus padres, pero también por la mirada atenta de toda una comunidad. Aún recuerdo la primera tv en color del barrio, que era compartida para que todos los niños pudiéramos ver el capítulo semanal de Pipi Calzas largas.  Había conciencia social, y más responsabilidad compartida.

Hoy hemos ganado libertad individual, pero a veces parece que la hemos confundido con indiferencia. Nos hemos acostumbrado a no involucrarnos, a mirar hacia otro lado, a pensar que los problemas de los demás no son asunto nuestro.

Tal vez la buena convivencia no dependa de grandes leyes ni de complejas teorías. Quizá empiece por algo mucho más sencillo: volver a saludar, conocer el nombre de nuestros vecinos, escuchar antes de juzgar, ofrecer ayuda sin esperar nada a cambio y entender que la cortesía no es una debilidad, sino un signo de fortaleza.

No se trata de regresar al pasado ni de idealizar los tiempos pasados Se trata de recuperar algunos valores que funcionaban: la cercanía, la confianza, el respeto y la sensación de pertenencia.