Uno aprende mucho andando por la ciudad y hablando con la gente. Cada vecino lleva en la cabeza su propio modelo de ciudad. Unos tienen la puntada dada y defienden lo suyo con uñas y dientes; otros opinan porque sí, y muchos simplemente van mirando la baldosa para no tropezar. Pero, de vez en cuando, surgen preguntas que merecen la pena.
El otro día me decían:
—Manuel Palomo, escribe tú, que dicen que el tranvía estará listo para octubre. Y cuando desaparezcan las líneas de autobús... por donde pasa el tranvia. ¿qué será de nosotros?»
La preocupación no era el tranvía en sí. Era otra mucho más terrenal.
—«Los que tenemos negocios, ¿dónde van a parar los camiones? ¿Dónde descargan las furgonetas que traen el género? Porque para vender primero hay que reponer las estanterías, y si no hay sitio para carga y descarga... mal empezamos.»
Y, dándole vueltas al asunto, me hago una pregunta. No afirmo nada; solo pregunto, que preguntar todavía no paga impuestos.
Supongo que alguien habrá pensado en hacer isletas de carga y descarga allí donde sea posible. Pero claro, ¿dónde? Porque, por poner un ejemplo, en el Paseo de la Estación el espacio no sobra. Y si hay que hacer hueco, ¿habrá que sacrificar algún árbol? Veremos qué dicen los concejales del gobierno... y también los de la oposición.
Aunque, siendo sincero, todavía tengo pesadillas de aquella imagen de Cristina Nestares repartiendo abrazos a los arboles, cuando el tranvía parecía que iba a llegar de un momento a otro. Desde entonces, cada vez que escucho la palabra tranvía, miro dos veces por si viene... o por si viene otro abrazo.
Y yo me adelanto unos meses, por pura curiosidad. Cuando el tranvía esté funcionando, ¿qué pasará en las calles donde no haya espacio para instalar esas isletas de carga y descarga? ¿Se hará el reparto por telepatía? ¿Lanzarán las cajas con catapulta? ¿Habrá un curso acelerado para aprender a descargar en el aire?
Son preguntas de un simple paseante que escucha a la gente. Igual todo está previsto y dentro de unos meses me toca escribir otro artículo diciendo: «Pues sí, lo tenían todo pensado». Ojalá.
Pero, mientras tanto, conviene preguntar antes de que el tranvía llegue puntual... y las mercancías lleguen tarde.
Manuel Palomo
Palomos de papelPaseando por la ciudad... y pensando en voz alta
Cuando funcione el tranvía, supongo que alguien habrá pensado en hacer isletas de carga y descarga allí donde sea posible