Hay materiales que fraguan en cuestión de horas. Otros necesitan días. Y luego está la segunda pieza separada del caso Matinsreg, conocida por todos como la pieza del cemento, que parece haber encontrado la fórmula para fraguar durante años sin que nadie se atreva a mover una sola piedra.
El caso Matinsreg, dividido en varias piezas judiciales, investiga presuntas irregularidades relacionadas con operaciones urbanísticas y económicas que marcaron una etapa de la vida municipal de Jaén. Será la Justicia, y solo la Justicia, quien determine si existieron responsabilidades penales y quién debe responder por ellas. Ese camino corresponde exclusivamente a los tribunales y conviene no olvidarlo.
Pero una cosa es la responsabilidad penal y otra muy distinta la responsabilidad de gobernar una administración. Y ahí es donde empiezan las preguntas.
Resulta curioso comprobar cómo, una vez existe una sentencia firme en otra parte del caso Matinsreg, el Ayuntamiento no ha tardado en poner en marcha los correspondientes expedientes de apremio y embargo para ejecutar lo que le corresponde. Como debe ser. Cuando hay que recuperar dinero público, la maquinaria administrativa demuestra que sabe arrancar, engranar marchas y llegar a destino.
Así que capacidad para actuar existe. Entonces... ¿qué ocurre con la pieza del cemento? ¿Está esperando alguien una alineación planetaria? ¿La autorización de un comité internacional de fabricantes de hormigón? ¿O simplemente se ha decidido que el mejor plan consiste en esperar a que el calendario haga el trabajo que nadie quiere asumir?
Porque el tiempo es una herramienta extraordinaria. Todo lo desgasta. Incluso la memoria ciudadana. Es cierto que habrá actuaciones que no puedan adoptarse hasta que finalice el procedimiento judicial. Nadie pide atajos ni que se sustituyan los tribunales. Pero también es cierto que las administraciones no están obligadas a permanecer inmóviles mientras pasan los años. Pueden estudiar, revisar, preparar, impulsar y explicar. Sobre todo explicar. Y eso último escasea.
Quizá la lentitud no sea culpa exclusiva del Ayuntamiento. Sería injusto cargar sobre una sola institución todas las demoras que afectan a procedimientos complejos. La Justicia tiene sus tiempos, la Administración los suyos y cada órgano debe responder de aquello que le corresponde. Pero precisamente por eso sería deseable que quien sí puede actuar dentro de sus competencias lo hiciera y, al menos, informara a los ciudadanos de qué se está haciendo y qué no. Porque el silencio nunca ha sido un buen sustituto de la transparencia.
La ironía es que esta investigación terminó siendo conocida como la "pieza del cemento". Con el paso de los años, el nombre ha adquirido un significado casi metafórico. No porque el cemento sea el protagonista de la causa, sino porque todo alrededor parece haberse quedado perfectamente hormigonado: los tiempos, las explicaciones y la iniciativa política.
Mientras tanto, Jaén sigue esperando. Esperando que la Justicia haga su trabajo. Esperando que las administraciones hagan el suyo.
Y esperando que alguien explique por qué unas actuaciones se ejecutan con la rapidez que exige la ley cuando hay una sentencia firme —como ha ocurrido con los expedientes de apremio y embargo derivados del caso Matinsreg— mientras otras parecen destinadas a convertirse en patrimonio histórico de la paciencia.
Porque hay obras que tardan años en terminarse. Pero convertir un expediente en un monumento permanente al "ya veremos" también tiene su mérito. Y ese, desde luego, no necesita cemento para mantenerse en pie.