Palomos de papel

Manuel Palomo

Los del CNI

No, no hablamos del conocido organismo del Estado. Hablamos del otro CNI: el Conjunto de Necios Ignorantes

Una organización tan discreta que no tiene sede, pero sí presencia en todos los bares, grupos de WhatsApp. Sus miembros poseen una capacidad extraordinaria: saben absolutamente todo de cualquier asunto cinco minutos después de que ocurra... o incluso antes.

Los del CNI tienen acceso privilegiado a fuentes de información únicas. Siempre conocen a alguien que conoce a alguien cuyo primo trabaja con alguien que escuchó algo en un ascensor. Gracias a esta sofisticada red de inteligencia, manejan secretos sumariales, conspiraciones internacionales, operaciones encubiertas y decisiones judiciales antes que jueces, fiscales y periodistas.

Lo más fascinante es que todas sus exclusivas apuntan siempre en la misma dirección ideológica. Una coincidencia estadística tan asombrosa que debería estudiarse en las universidades.



Los integrantes del CNI son auténticos especialistas multidisciplinares. Por la mañana analizan geopolítica mundial, al mediodía interpretan complejos procedimientos judiciales y por la tarde explican cómo debería gestionarse la economía nacional. Sin embargo, existe un pequeño detalle: desconocen que llevan tres meses levantando una calle de su ciudad, no saben quién es el concejal de su barrio y se enteran de las fiestas locales cuando oyen los cohetes.

Cuando hablan, utilizan expresiones técnicas de gran rigor científico:
—"Yo sé cosas que no puedo contar."
—"Esto no sale en los medios."
—"Tengo información de muy buena fuente."
—"Ya lo verás dentro de unos meses."

La ventaja de estas afirmaciones es que nunca necesitan pruebas. La desventaja es que tampoco suelen acertar.

El auténtico CNI tiene como lema "Saber para vencer". El CNI alternativo, el Conjunto de Necios Ignorantes, se rige por otro principio mucho más acorde con sus capacidades: "Intoxicar para liar". Mientras unos recopilan información para conocer la realidad, los otros recopilan rumores para deformarla. Donde hay hechos, ellos ponen sospechas. Donde hay pruebas, ellos aportan insinuaciones. Y donde aparece la verdad, ellos ya están buscando otra historia que contar.

Su verdadera especialidad no es informar, sino intoxicar. Lanzan rumores con la misma alegría con la que otros reparten caramelos. Si el rumor se confirma, proclaman durante años que ellos ya lo dijeron. Si resulta ser completamente falso, desaparecen misteriosamente del debate, como agentes secretos regresando a la base tras una misión fallida.

Su herramienta de trabajo fundamental es la lengua. No para fines románticos ni pasionales, sino para aquello que mejor dominan: hablar de lo que desconocen. Con ella construyen teorías imposibles, reparten sentencias sin haber leído una sola página de un sumario y dictan veredictos sobre cualquier asunto desde la barra del bar, el sofá de casa o el grupo de WhatsApp.

Poseen una habilidad extraordinaria: son capaces de explicar complejas tramas judiciales, operaciones policiales, conflictos internacionales y conspiraciones planetarias sin haber abierto jamás un libro sobre la materia. Eso sí, siguen sin saber por qué han subido los impuestos municipales, quién gestiona los servicios de su ciudad o cuándo terminarán las obras de la calle por la que pasan cada día.
Jamás escucharás a un miembro del CNI decir:

—"Me equivoqué."

—"No tenía razón."

—"La información era falsa."

Esas expresiones están estrictamente prohibidas en su reglamento interno.
Por eso, cuando finalmente aparece la verdad, contrastada y documentada, los del CNI activan su protocolo habitual: silencio administrativo, cambio de tema y búsqueda urgente de una nueva conspiración que explicar. Lo que ayer era una certeza absoluta desaparece sin dejar rastro. Ni una rectificación, ni una disculpa, ni una mínima autocrítica. Como si nunca hubieran dicho nada.

Porque, en el fondo, los del CNI no buscan conocer la realidad. Lo que realmente les apasiona es sentirse protagonistas de una película de espionaje de bajo presupuesto donde ellos son los únicos que conocen "la verdad", aunque la verdad, como suele ocurrir, vaya siempre por otro lado.

Y así continúan, vigilantes, alerta permanente, informando al mundo desde la barra del bar, convencidos de que saben más que jueces, periodistas, investigadores y expertos.

Eso sí, siguen sin saber cuándo empiezan las obras de su calle.

Pero tranquilos.

En cuanto se enteren de un nuevo secreto sumarial que nadie les ha contado, serán los primeros en explicártelo con total seguridad. Aunque, como casi siempre, no tengan ni idea de lo que están hablando. Porque para pertenecer al Conjunto de Necios Ignorantes no hace falta saber. Basta con hablar mucho, escuchar poco y no dejar que los hechos estropeen una buena historia.