Que nadie piense que el título contiene una falta de ortografía. No, no hablamos de “lavarse”. Hablamos de la base. De la militancia. De quienes ponen carteles, llenan agrupaciones, debaten en los pueblos y se comen campañas enteras sin pedir nada a cambio. Porque quizá el principal problema del PSOE andaluz —y especialmente en provincias como Jaén— es que hace demasiado tiempo que algunos se preocupan más del peinado institucional que de cuidar la base que sostiene el edificio.
Y conviene decirlo claro: desde Madrid no se puede mandar en Andalucía como si todas las provincias fueran iguales. Andalucía no es un bloque homogéneo. No se parece Huelva a Jaén, ni Cádiz a Almería. Cada provincia tiene sus problemas, sus prioridades y hasta su manera de entender la política. Por eso sería saludable que los comités provinciales del PSOE hicieran un análisis serio, provincializado y sin maquillaje de la situación real en cada territorio. Después, trasladarlo al Comité Director del PSOE andaluz y, desde ahí, elevarlo al Comité Federal con propuestas concretas y soluciones posibles.
Sirva este artículo como un pequeño análisis desde la modestia, pero también desde la preocupación de quien ve cómo un partido histórico pierde conexión social mientras otros ocupan espacios que antes eran naturales para el socialismo andaluz.
Porque el problema no es únicamente electoral. El problema es político y social. Hay que analizar qué modelo político está ofreciendo el PSOE y qué grado de conexión mantiene con la realidad de cada provincia. En Jaén, por ejemplo, la ciudadanía no vive pendiente de debates nacionales permanentes ni de guerras ideológicas importadas desde tertulias madrileñas. La gente quiere saber qué pasa con el precio del aceite, con el agua y la sequía, con la despoblación, con la falta de relevo generacional o con las infraestructuras pendientes que llevan décadas en titulares y cero soluciones.
El discurso tiene que volver a pisar barro. Más provincia y menos Estado. Las campañas nacionales son para las elecciones nacionales. En unas autonómicas o municipales, la gente quiere escuchar hablar de su comarca, de su hospital, de su carretera, de su olivar y de su futuro.
Y evidentemente hacen falta caras nuevas. Liderazgos reconocibles por la sociedad jiennense. Menos aparato y más base. Menos estrategia de despacho y más escuchar en la calle. Concretar propuestas. Evitar el tono catastrofista permanente y conectar los deterioros sanitarios o educativos con problemas cotidianos reales que entienda cualquier vecino de Sierra Mágina, El Condado o la Sierra de Segura.
También hay que recuperar el concepto de “voto útil” desde la credibilidad. Y para eso hacen falta perfiles que ilusionen. No tengo duda de que modelos de liderazgo como el de José Ignacio García (Adelante Andalucía) demuestran que todavía existe espacio para políticos cercanos, reconocibles y pegados al territorio. En el PSOE ha habido —y hay— personas con ese perfil, muchas hoy retiradas de la actividad política u orgánica por aburrimiento, cansancio o porque, sencillamente, eran demasiado brillantes para determinados dirigentes mediocres que prefieren rodearse de obediencia antes que de talento que pueda cuestionar su estatus de jefe.
Porque ese es otro debate incómodo: durante demasiado tiempo algunos han confundido partido con cortijo orgánico.
Hace falta renovación, sí, pero sin despreciar la experiencia. Más renovación y menos nostalgia, aunque conviene recordar que la sabiduría de los mayores sigue siendo imprescindible. Y sobre todo, más realidad y menos debates artificiales convertidos en prioridad cuando al ciudadano medio le resbalan completamente.
Tampoco vendría mal alguna gota de formación ideológica seria. Y formación en oratoria y argumentación. La política no puede reducirse a repetir consignas preparadas en PDF. Defender ideas exige preparación, lectura y capacidad de debate.
Y quizá aquí llegue la reflexión más importante de todas. Antes, para ir a la universidad había que pasar por párvulos, EGB, BUP, COU y después la carrera. Había un proceso. Un aprendizaje. Una evolución. Ahora parece que algunos hacen la primera comunión y ya están preparados para ocupar un alto cargo.
La política debería funcionar igual. Hay que empezar desde la base. Conocer todos los órganos de la administración. No se puede pasar de la agrupación juvenil al escaño sin pisar antes una concejalía, una asociación de vecinos, un colectivo social o cualquier espacio donde se aprenda a escuchar y entender los problemas reales de la gente. Porque solo desde el conocimiento del problema puede construirse una solución mayoritaria.
Y por eso, precisamente, primero es la base… y después peinarse.
Aunque, visto cómo está el panorama, conviene aclarar otra vez que no es una falta de ortografía. No vaya a ser que alguno lo lea rápido, se ofenda… y encima me nombren alto cargo.
Manuel Palomo
Palomos de papelPrimero es 'labase' y después, peinarse
Más provincia y menos Estado: las campañas nacionales son para las elecciones nacionales