El Expositor

Manuel Expósito

¡Vamos al lío!

Crónica política de la semana de Manuel Expósito Moreno

 ¡Vamos al lío!

Juanma y Bendodo, en sus primeros líos de juventud.

¡Vamos al lío! Coloquialmente, abordar un problema sin dilaciones, ponerse manos a la obra, directos al grano, ante una dificultad manifiesta o tarea compleja. ¡Vamos al lío! Justo de lo que huía como de la quema, en las horas previas, Juanma Moreno Bonilla. Embrollo, barullo, desorden, caos, jaleo, confusión, enredo, intriga, trapisonda, carajal… ¡Viva la libertad, carajo! El moderantismo del barón territorial del PP más centrado, prioridad nacional, obligado a comulgar con ruedas de molino ultraderechistas. Ganó quien iba a ganar, holgada e insuficientemente, pero en el fondo perdieron casi todos. Todos menos uno, Adelante Andalucía. Derrota dulce, con muchos aditivos estimulantes para la tropa, otrora anticapitalista, de José Ignacio García: soberanismo de obediencia estrictamente andaluza, andalucista y de izquierdas. “Le hemos quitado la mayoría absoluta al Partido Popular”. Le hicieron un 8. Ganó la participación, hasta 6 puntos y medio más, movilizándose en todas las direcciones, y perdieron los pájaros de mal agüero que barruntaban una amplia desconexión de la ciudadanía so pretexto de las primeras comuniones, los patios y los rescoldos de san Isidro. La primera incógnita de este 17M, a bote pronto, desde luego, residía en el nivel de participación a partir del hartazgo de los cabreados y la irrupción entusiasta de buena parte de los nuevos votantes, esto es, los 368.853 jóvenes de 18 añitos, inclinados potencialmente, advertían los sondeos previos, al verde, verde que te quiero verde, sobre todo, el verde populista de la derecha trumpista y sin complejos de Vox y el verde y rojo nacionalista de Adelante Andalucía. Los extremos, en clave follaje denso, ya ven, terminan tocándose. Adelante Andalucía contuvo el crecimiento de Vox atrayendo para sí parte sustancial del voto antisistema. Recuérdese la dimensión del desapego registrado en las últimas autonómicas, 2022, con una abstención que dejó en casa a casi 42 por ciento del cuerpo electoral, algo más del 36 por ciento en el caso de la provincia de Jaén, cuando Moreno Bonilla arrasaba con un resultado propio de los mejores momentos del rodillo guerrista/felipista. Demasiado desencanto, demasiados mirando para otro lado. Y este domingo, esto es, torcióse el gesto y la tendencia. Todas las izquierdas, en el inicio del día ‘D’, reclamaban una involucración ciudadana máxima a sabiendas de que la desmovilización tiende a cronificarse con mayor facilidad en su orilla si la convocatoria no apela directamente al alma pacifista y antifascista de su electorado desencantado. Paralelamente, en el espectro ideológico de las derechas se resolvería, al fin, su gran dilema existencial, una verdad trascendental y molesta, una preocupación latente e inaplazable: la continuidad del gobierno de Juanma, ¿a solas o mal acompañado?

La victoria “sobresaliente” de Moreno Bonilla lo aboca, irremisiblemente, a abrazar al oso. La reproducción calcada del sino de María Guardiola, Jorge Azcón y Alfonso Fernández Mañueco en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Nada nuevo bajo el sol que encara en cualesquiera de estos escenarios el paleoconservadurismo de Abascal. Aquellos dos aplicados becarios de Nuevas Generaciones, Santi y Juanma, están condenados al reencuentro, protagonizando, personal e intransferiblemente, la negociación por la gobernabilidad de Andalucía. Enfrente, atrapados en la irrelevancia de lo que pudo ser y no fue, dos veteranos de la izquierda política regional, María Jesús Montero y Antonio Maíllo, salvan peor que mejor los muebles. La primera rompe el suelo de su antecesor, el invisibilizado Juan Espadas, 2 parlamentarios menos, en tanto el segundo, aunque conserva escaños, 5, sufre el sorpasso de Adelante Andalucía. Respetadísimos y amortizadísimos, ambos. La lectura provinciana presurosa de los resultados del 17M en Jaén, por lo demás, refuerza la preeminencia de Érik (con acento) Domínguez y Lina García, por este orden, en la galaxia de poder del PP de Jaén. ¿Seguirá Lina de consejera? ¿Mantendrá Érik la presidencia? Sevilla dispondrá. En el PSOE, entretanto, Juan Latorre, a punto de principiar su héjira en el palacio de san Francisco, en su primera noche electoral como jefe de filas, hizo uso del manual de primeros auxilios del antiguo staff de Paco Reyes -muy aliviado a su vera, por cierto, al mantener los 4 parlamentarios siendo él cabeza de lista- cuando se trata de una derrota clara que, no obstante, cabría matizar con paliativos: la agrupación provincial socialista, en respaldo porcentual, es la mejor parada. Perdieron en feudos históricos, no hasta el punto de sucumbir en Arjona o Bedmar, en contraste con La Carolina o Marmolejo. Óigame, bisbiseaban, no es tan amarga derrota. Ni por asomo fue esta, añadían, una primera vuelta de las elecciones municipales de 2027. Falta, justo, un año. Érik, en su acelerado balance, llevándose el agua a su reguera, vino a decir lo contrario, a propósito de la moción de censura del Ayuntamiento de Jaén. Los datos de este 17 de mayo avalarían, interpretó interesadamente, con Agustín González Romo, muy visible y atento, cual si fuera el séptimo diputado electo, el rechazo que dispensó en las urnas la ciudadanía jaenera al pacto PSOE/JM+. Al fin y al cabo, el PP también habría resuelto favorablemente, así las cosas, así los votos, apropiándose del relato, los líos de la UJA infrafinanciada y del centro de salud extramuros -de ida y vuelta- de Cazorla. Agua de mayo, pan para todo el año.