Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Juan Manuel Moreno Gavira o cómo el poder devora a sus hijos

Tras pactar con Vox, Andalucía ya no tiene un presidente templado, transversal y guay. Ni Ayuso no tiene ante sí ese espejo cóncavo que era Moreno

1. ¿Pulpo, animal de compañía?

El nuevo Gobierno de Juan Manuel Moreno Bonilla, dado a conocer este jueves, seguirá teniendo 13 consejerías nominales aunque no menos de 17 o 18 reales, pues sostener que la Consejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local vale como una sola consejería es como sostener que pulpo vale como animal de compañía.



2. Lealtad y premio

Tan sobrecargado multidepartamento tendrá al frente al ‘soldado’ de Vox Manuel Gavira, que tendrá el estatus de vicepresidente a imitación de su antecesor Juan Marín, que en la legislatura 2018-2022 ostentó galones similares: vicepresidente y consejero de Turismo, Regeneración, Justicia y Administración Local, que así se llamó el departamento asignado a Marín, nominalmente militante y líder de Ciudadanos, aunque en la realidad tan fiel y entregado al PP que, tras la debacle del partido naranja, su lealtad sería premiada por Moreno con una nómina de 65.000 euros anuales como presidente del invisible, desconocido y probablemente inútil, o en todo caso prescindible, Consejo Económico y Social de Andalucía.

3. Un inciso

Inciso, paréntesis: ¿Cuándo algún partido tendrá el coraje político y la rectitud democrática de plantearse la supresión de instituciones que prometían mucho pero finamente se han revelado inútiles, como el Consejo Económico y Social, el Consejo Audiovisual de Andalucía o el Consejo de Administración de la RTVA? ¿Cuándo? Desde luego, no “el año que viene, si Dios quiere”, que respondía el mítico Hermano Lobo al ser preguntado por el fin de la censura; la respuesta correcta sería más bien la que aquel lobo atrevido y zumbón ofrecía cuando le preguntaban cuándo habría libertad en aquella España tardofranquista: Uhhhhhhh…

4. Mucho ojo con Saturno

Tres de los 13 consejeros tendrán rango de vicepresidente: el ultra Manuel Gavira y dos más, aunque de los tres solo uno de ellos, Antonio Sanz, será un vicepresidente de verdad. En el Gobierno de PP y Cs había un solo vicepresidente, que era Juan Marín, pero todo el mundo sabía que era de mentira. El vicepresidente nominal era Juan pero el vicepresidente real era Elías Bendodo, nominalmente solo consejero de Presidencia. Como este de ahora con Vox, aquel primer gabinete presidido por Moreno también era nominalmente un Gobierno de coalición, entonces de PP y Cs, aunque en la realidad acabó siendo casi desde primera hora un Gobierno monocolor, pues Marín desempeñó su cometido de vicepresidente imaginario no pensando en su partido sino pensando en su nómina. Marín había llegado unos años antes a la política autonómica andaluza aportando moderación y buen tono, y defendiendo con determinación no exenta de templanza el espacio político de Ciudadanos: en su primera legislatura como diputado fue el más británico de los políticos andaluces (británico de antes del Brexit, se entiende). Lo singular de Marín es lo rápidamente que fue devorado por el poder: como Saturno, el Poder es un dios que rara vez renuncia a devorar a sus hijos, aunque acostumbra a tardar algo más de tiempo que con el pobre, o bien pensado no tan pobre, Juan Marín.

5. Ñam, ñam, uy, qué rico

También el hasta ahora nominalmente moderado Juan Manuel Moreno Bonilla ha acabado siendo devorado por el poder, y también por cierto con una celeridad comparable a la de Marín: el presuroso pacto con la extrema derecha de Vox para conservar el trono de San Telmo ha matado a Juanma. Andalucía ya no tiene un presidente transversal, mesurado y guay. Por su parte, Isabel Díaz Ayuso ya no tiene ante sí ese espejo cóncavo que era Moreno y que, al mirarse en él, mostraba descarnadamente al mundo la esperpéntica efigie de la presidenta madrileña. Tributario indisimulado de Vox, hoy todo el PP es esperpento: Moreno era la pálida, postrera, desvaída pero aun así vigente esperanza de un PP más humano y más sereno. Vox lo ha devorado. Ñam, ñam, uy, qué rico.

6. Lejos de palacio

¿Y qué será del vicepresidente de mentira y superconsejero de verdad Manuel Gavira? ¿Se parecerá al dócil Marín? Seguro que no. De entrada, el muy cuco ha tomado la precaución de descartar el palacio de San Telmo como sede de su consejería. Imaginándose tentado con los arrumacos del suavón Moreno y la obsequiosidad del poderoso gabinete presidencial, Gavira habrá calculado que en palacio podría sucumbir fácilmente al síndrome Marín, así que cuanto más lejos la tentación, más improbable el pecado.

7. Yo ya no soy yo

Juan Manuel Moreno Bonilla bien podría llamarse ahora Juan Manuel Moreno Gavira. Así lo certifica la incorporación de Vox al Gobierno andaluz a cambio de hacerlo presidente. Juanma ya no es Juanma ni Bonilla es ya Bonilla. Yo ya no soy yo pero mi casa sí es mi casa, pues continúo en palacio. ¿Y Gavira? ¿Seguirá siendo Gavira o se hará un Marín a poco que se descuide su comandante en jefe Santiago Abascal? Apostamos por lo primero. Todo partido tiene algo o incluso mucho de ejército, pero Vox es el partido más ejército de todos los partidos. El día que Gavira titubee o se deje pasar demasiado amistosamente la mano de Moreno por el lomo, Abascal lo enviaría sin pestañear al paredón.  Pum, pum y a otra cosa.

8. La hora de Churchill

El poder devora a sus hijos, pero a unos más que otros y a unos más rápidamente que a otros. Moreno tenía la opción de ir de nuevo a elecciones: lo peor que podía pasarle era quedarse como está ahora, a expensas de Vox, pero el ajustadísimo resultado del 17-M, a solo dos escaños de la mayoría absoluta, le daba un margen más que razonable para intentar alcanzarla forzando una repetición electoral. No era un disparate. Ni una quimera. Pero Moreno no es Churchill (“¿Y quién lo es hoy en día, a ver, quién lo es?”, protestará compungido el presidente): le ha faltado audacia, lucidez, determinación para hacer oídos sordos ante los deseos de su jefe de filas Alberto Núñez Feijóo y no dejarse devorar por los mastines de Vox. Ay, Juan Manuel, Juan Manuel, quién te ha visto y quién te ve.