1. Eliminación prematura
Dentro de la exigua minoría de españoles que preferían la derrota de la selección en la final contra Argentina o, mejor aún, su eliminación en la fase clasificatoria, el caso más sugestivo y evocador es el encarnado por el periodista de ficción Arcadi Espada, autor de un artículo publicado al día siguiente de la victoria de España sobre Argentina en el que reflexionaba bastante sesudamente sobre las razones y consecuencias de la eliminación de la selección española. Sí, sí, ha leído bien el improbable lector que desconociera el caso: en efecto, Espada entregó su artículo al periódico El Mundo seguramente días antes de la final celebrada en Nueva York el domingo 19 de julio, pero en la mesa de edición nadie debió leerlo antes de dar luz verde a su publicación 24 horas después de haber tenido lugar la victoria que otorgaba a España su segundo título mundial.
2. Que gane el peor
Arcadi forma parte, como es sabido, del selecto club de antiguos intelectuales y periodistas de izquierdas que se han vuelto de derechas e incluso ‘mucho de derechas’, y entre quienes no cabe dejar de nombrar a Juan Luis Cebrián, Fernando Savater, Andrés Trapiello, Antonio Elorza o Félix de Azúa. Hasta donde sabemos, ninguno de ellos es aficionado ni entiende del fútbol; y leído su artículo, tampoco desde luego debe de serlo Arcadi Espada, pues solo desde el más absoluto desconocimiento de lo que se cuece en el fútbol podría alguien creer, y menos aún escribirlo en un periódico importante, que España iba a ser eliminada estando como estaba considerada por periodistas deportivos, entre ellos los de El Mundo, y aficionados de todo el planeta entre las favoritas indiscutibles a la victoria.
3. La perla
El eximio ciudadano y extravagante periodista Arcadi Espada no entiende, pues, de fútbol, pero es que probablemente tampoco entienda mucho de su propio país. He aquí una de las perlas más sofisticadamente xenófobas del artículo, titulado ‘Nuncaes solo fútbol, recordadlo siempre’: “La selección había sido patrocinada como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña. Anoche descubrimos su cara. El mestizaje sin fusión es yuxtaposición. La igualdad entre desiguales, nivelación b. [‘anoche’ alude al domingo 19 y ‘cara b’ a la derrota tan ansiada como inexistente].
4. La parábola
La reflexión no menos imaginaria que la susodicha derrota imaginaria le sugiere al imaginativo periodista es la que sigue: “Nunca es solo fútbol. La estrella disuelta en el grupo, el mérito prorrateado. Una parábola nacional. Nuestra escuela iguala hacia abajo, nuestra legislación recela del mérito y nuestra conversación pública dedica a demoler reputaciones el tiempo que otras dedican a construirlas. Pedirle a este vestuario que se atreva a la excelencia es pedirle que desobedezca a su país”.
5. El ridículo
A Espada, como a cualquier periodista, podrán reprochársele muchas cosas pero no falta de imaginación. Tal vez disparatada, tal vez resentida, tal vez calenturienta, pero imaginación al cabo, como cuando tacha de mediocre a una selección que en verdad y según el consenso mundial es excelsa, y luego la equipara con un país no menos ficticio que el equipo al que le pone como espejo. Se diría que Espada buscaba una forma nueva de denigrar a la España de Pedro Sánchez y creyó encontrarla en el fútbol, sin tomar precaución alguna y, por supuesto, sin imaginar hasta dónde acabaría haciendo el que seguramente sea el mayor ridículo de su carrera, no por la gravedad del asunto tratado sino por el empeño algo tontorrón de convertir el fútbol en una analogía del país y basar dicha analogía en una derrota que nunca existió.
6. La España trans
Por cierto, que si Arcadi Espada fuera coherente y extrajera de su tesis las consecuencias que de ella se derivan, debería escribir otro artículo con el mismo título pero en el que cantara las excelencias del país que, en su opinión, tanto se parece a la selección. Si esta ha sido proclamada la mejor del mundo por unos méritos propios que absolutamente nadie discute, ¿qué decir, por tanto, del país si se da por buena la afirmación del autor de que “la selección había sido patrocinada como símbolo de una España trans: mestiza, igualitaria y risueña”? Lo único que, a tenor del texto publicado, cabría honestamente concluir es que esa “España trans, mestiza, igualitaria y risueña” es un proyecto político mucho más coherente, equilibrado y exitoso de lo que detractores como Espada quieren ver.
7. Los otros
Al mezclar fútbol y política de forma tan imprudente, al converso Arcadi Espada viene a sucederle lo que a esos independentistas catalanes a quienes él tanto aborrece y en cuyas antípodas imagina situarse. Ante la victoria de España en el Mundial, es cierto que hay simpatizantes de los partidos independentistas a quienes Sánchez debe su investidura que preferían la victoria de Argentina, no tanto por ser Argentina como por ser ésta la beneficiaria de la derrota de España.
8. Futboleros y patriotas
Un patriota catalán furibundo que siempre hubiera tenido al Barça como emblema no solo futbolístico sino también político podría preferir la victoria de España porque su victoria es en términos futbolísticos inequívocamente la victoria del Barça. Sin embargo, a la postre su lealtad a la Nación se impone sin dificultad a su lealtad al fútbol, que a fin de cuentas se escribe con minúsculas, no como la Nación, que para los ‘mucho nacionales’ siempre se escribe con mayúsculas.
9. Fútbol, religión, política
Y es lógico que sea así: el fútbol es de mentira y la política es de verdad. Es lo mismo que sucede cuando chocan la fe religiosa y la fe política: esta última siempre acaba imponiéndose, quizá por la misma razón, porque la política es de verdad y la religión, dicho sea con todos los respetos, es de mentira. Y mejor que sea así, porque cuando la religión es demasiado verdadera sus creyentes se vuelven extraordinariamente enérgicos e imaginativos en la detección, identificación y señalamiento público de no creyentes.
10. Tres puñados
Un puñado de madridistas forofos quizá no querían que ganara España porque la columna vertebral de la selección es, obviamente, su eterno rival el Barça. Un puñado de independentistas catalanes igualmente forofos preferían la victoria argentina sobre España, pues para ellos sobre el campo no había once futbolistas excelsos sino una representación del Estado español que viene oprimiéndoles sin piedad, si bien no menos de la mitad de los habitantes de la Nación oprimida no son conscientes de tal opresión. Y un puñado, en fin, de periodistas enfermizamente obsesionados con Pedro Sánchez, como Arcadi Espada, preferían igualmente la derrota de España porque en esa derrota creían ver la del país cuyo presidente les resulta despótico, abominable, tiránico, etc., aunque nadie más en el resto del planeta lo vea así, del mismo modo que nadie más en el planeta veía en la selección española un equipo condenado, según Espada, al fracaso al ser víctima de “la devoción litúrgica por el sistema, el miedo al desequilibrio individual y la sumisión del talento a la coreografía- un reflejo de lo que es y de lo que amenaza seguir siendo este país en el siglo XXI”. Nunca es solo fútbol, recordadlo siempre, proclamaba Arcadi. Nunca es solo periodismo, recordadlo siempre, cabría replicarle.