Cada cierto tiempo, digamos que coincide con el paso del cometa Halley por aquí cerca, tengo la necesidad vital de que me expliquen ciertas cosas que mi mente privilegiada de analista de cualquier cosa no llega a comprender. En el día de hoy, fecha de nuestro señor de 27 de marzo de 2026, siento especial interés en un temilla que trae por la calle de la amargura a la mayoría de la población. O, al menos, eso dicen, porque sus hechos demuestran todo lo contrario, como suele ser habitual. ¡La vivienda! (lean esto con tono de miedo).
Empecemos pues con el asunto, aunque mucho me temo que desde que escriba la última letra hasta que se publique esta columna, muchas de personas en España se habrán visto obligadas a abandonar sus barrios por culpa de especuladores y políticos que les echan una mano, sacando de sus casas a familias enteras para beneficiar solo a unos pocos agraciados. Y la gran duda: ¿por qué hay personas en España que votan, aplauden, halagan y vitorean a estos políticos? Ea, pues esta es esa necesidad vital de la que os hablo. Ardo en deseos de que alguna de estas personas me lo explique, porque siempre que lo he intentado, irremediablemente, les ha entrado un repentino ataque de tos.
Están convirtiendo las ciudades en lugares donde no se puede vivir si no tienes unos ingresos obscenos. Ponen puentes de plata y todo tipo de facilidades a fondos de inversión para que compren edificios enteros para sacarles rédito económico, ya sean alquilando como si estuviesen en primera línea de playa o para apartamentos turísticos. ¿Que hay gente dentro viviendo? Pues nada, a la puñetera calle, a ver si ahora va a resultar que aquí todo el mundo va a querer un techo digno, tal y como dice la Constitución Española en su artículo 47. Que sí, esa misma Constitución que siempre se pone como barrera para otros asuntos. Uno de los efectos colaterales de estas políticas liberales tan agresivas, es habernos convencido de que si no ganas lo suficiente, tienes que verte relegado a vivir allí donde tu cartera te lo permita y dejar los mejores espacios para los que se ríen en nuestra cara. Este es un tema del que hablaremos otro día, pero se me hace difícil escribirlo en este monólogo sin que nadie me interpele y me dé los motivos por los que hemos aceptado esta sumisión. «Es el mercado, amigo», que diría aquel, pero resulta que ese mercado solo favorece a unos pocos y ni de coña se acuerda del resto. Somos tan tontísimos que resulta abrumadoramente fácil hacer que defendamos a los malos.
En estas andan los que deciden que la mejor opción es votar a quienes se abrazan a los lobos, los del dinero, los que echan a la gente de sus casas y barrios. Y, claro, cuando uno escucha a gente que por su ropa se ve que vienen de dejarse la piel en sus trabajos decir que si el comunismo, que si la cajera de supermercado metida a política, que si esto, que si lo otro, y no comprenden que en realidad son sus nuevos ídolos de arcilla nuestros grandes enemigos, pues no me queda más remedio que desistir y tirar para adelante y que sea lo que tenga que ser. De lo que no me cabe ninguna duda, es que mañana serán estas mismas personas las que griten cuando tengan una mala racha.
Porque esta es otra. ¿Obreros que no aceptan que personas como ellos puedan llegar a tener puestos de responsabilidad política? Otra señal más del vasallaje que impera por aquí y del éxito de su propaganda. Nadie se alegra de los éxitos de otros, sobre todo cuando una persona de familia humilde consigue entrar para romper desde dentro el sistema que nos ha traído hasta esta situación. Ver a currantes criticar a quienes luchan por una sanidad pública, blindar la educación de todos contra los privilegios de la privada, el acceso a una vivienda digna y no echar de sus casas a personas vulnerables, me revuelve de tal manera el estómago que les vomitaría en la cara. ¿Cómo es posible que esto suceda? Lo he dicho en varias ocasiones: porque no tenemos ni puta idea de lo que significa la conciencia de clase. Parece ser que quien tenga para tomarse unas cañas e irse una semana a Almuñécar es clase alta.
El hecho de que los partidos de izquierdas anden a hostias desde que el mundo es mundo, demuestra que aquí nadie se salva de su parte de culpa. Esto no va de sillones, ni de sueldos por un tiempo, ni de mi partido está por delante del tuyo, no. Esto va de políticas sociales y respuestas reales a la ciudadanía. De hecho, creo que este es el verdadero motivo del aumento de la extrema derecha y de su simbiosis con la derecha tradicional, donde ambos han adoptado las mismas teorías y mentiras para llegar al poder. Cuando uno se sienta a examinar qué ha podido fallar en unas elecciones tras haber estado un tiempo en el gobierno que sea, lo primero que debe plantearse es en qué se ha traicionado a la población que más necesita políticas valientes. No son los impuestos ni la gran mentira de que hay que pagar menos, no son los extranjeros ni la barra libre para todos, no son las paguitas ni mierdas de esas que nos escupen a la cara todos los días quienes no tienen más argumentos que el odio en vena. ¿Le habéis preguntado a esta gente cuáles son sus planes económicos, qué piensan de la dependencia para nuestros mayores, de la educación y sanidad pública, o solo le prestáis atención cuando os dicen que con la aplicación para móvil MiDNI se puede votar mil veces? Veis, si es que la culpa es de quien es. Vuestro nivel intelectual está bajo mínimos y eso nos perjudica a todos por igual.
De todas formas, nos guste más o menos todo esto, es con lo que nos toca convivir. A la hora de votar no se le hace a nadie un test de inteligencia. Y menos mal, porque si no… Pero, ojo, que no estoy defendiendo a nadie, porque lo inquietante es que algunos partidos, cuando han llegado a gobernar, nos han hecho esperar lo que no está escrito para hacer lo que predicaban cuando estaban en la oposición. Y así, queridas, es muy fácil que a uno le importe un carajo todo lo que esté por llegar, tanto si votáis a los de la motosierra, a los de los puentes de plata a los grandes inversores que nos están echando de nuestros barrios o al sursum corda. Eso sí. Antes de dejar caer el voto en la urna, elegid también la puerta ante la que mañana, cuando vengan mal dadas, iréis a reclamar lo que ahora dais por bueno.
A mí que me pongan otra caña mientras reservo mi semanilla en la playa y suspiro con dar mil y una vuelta por el paseo marítimo de turno y me compro un polo de Ralph Laurent en un puesto de un inmigrante ilegal para que, a la vuelta, la gente crea a la vuelta que es de marca, ¿no? Ea, pues así somos las personas de clase media en este país.
Antonio Reyes
El bar de la esquinaNi siquiera serrín
Están convirtiendo las ciudades en lugares donde no se puede vivir si no tienes unos ingresos obscenos