El bar de la esquina

Antonio Reyes

La cara del odio

Es la nueva diosa de quienes les cuesta la misma vida llegar a fin de mes

Es una pena que este texto no saliese hace una semana. Al menos, la sangre ha dejado de hervirme, con una carga de odio que nunca antes había pensado que fuera capaz de mostrar. Me explico, que cualquiera puede pensar que soy así de fábrica. Vamos a ponernos primero en contexto histórico para dar un marco teórico a esta columna para que sacros y profanos entiendan el porqué. Por cierto, esto lo escribí hace una semana, así que seguro que habéis podido ver por la prensa a lo que me refiero.

Cuando uno se para a echarle un ojo a las distintas ideologías y su historia, ve que hay dos palabras que marcan los límites por los lados. Libertad e igualdad. Para el conservadurismo y el liberalismo, la libertad no es lo que todas podamos imaginar, sino la no intervención del Estado en los mercados, dejar que las empresas y particulares se muevan y actúen a su libre albedrío, sin barreras ni leyes que impidan lograr sus objetivos económicos. Nada de políticas públicas ni derechos laborales, no vaya a ser que la gente tome conciencia de sus derechos y se les caiga el negocio. En el lado opuesto, la igualdad. Esta es la premisa sobre la que nació la ideología de izquierdas. Es un derecho sobre el que construir políticas sociales amparadas y protegidas por el Estado y pagadas con impuestos, una redistribución de la riqueza para que nadie se quede atrás. A grandes rasgos, de esto hablan sus libros de cabecera de uno y otro lado.

¿Por qué esta resumida clase teórica? Vamos al turrón, que tengo poco espacio. Hace exactamente una semana, la presidenta de la Comunidad de Madrid se liberó de sus propios fantasmas y vergüenzas. Dijo que ya está bien de tanto gasto público, de pagar tantas pensiones, subsidios y subvenciones, que tenemos un gasto desaforado. Menos mal que al fin se ha quitado la careta que para muchos nunca tuvo. Esta mujer es el estandarte en España del neoliberalismo y el capitalismo más salvaje jamás visto por estas tierras, una trumpista, mileista, bolsonarista en ciernes con rasgos claramente psicópatas que ha convertido Madrid en la parada de metro de quienes llegan para eliminar la igualdad de la que antes hablaba. Se acabó eso de menú para todos.



Ahí siguen miles de madrileñas de clase trabajadora votando a esta mujer, personas que la adoran y vitorean cual Taylor Swift. Es la nueva diosa de quienes les cuesta la misma vida llegar a fin de mes. Lo sé, yo tampoco me lo explico. El hecho de que se haya despojado por fin de algún complejo, podría servir para que miles de madrileños y madrileñas se echen a la calle a quemarlo todo. Pero, qué va, no soñéis despiertas. Detrás de ese desprecio público a lo de todos, se esconden mensajes ni subliminales ni pollas en vinagre: claros y directos a la línea de flotación de la sociedad del bienestar que tantos y tantos años y esfuerzo ha costado conseguir. Os hago un resumen de sus palabras por si alguien no sabe a qué se refirió IDA. Recortar en pensiones, en la educación pública, la sanidad, la justicia, las prestaciones por desempleo, los centros sociales, nada para las asociaciones benéficas que intentan ayudar a los más necesitados y, faltaría más, la vivienda para quien se la pueda pagar, que ya está bien, así que a la puta calle quien esté pasando por un mal momento económico. Ha llegado el momento de que solo los que se lo puedan permitir tengan lo que su cartera cubra. No sé si habrá dado explicaciones porque, como os he dicho antes, esto lo escribí hace una semana. Con toda seguridad habrá salido a decir que se malinterpretaron sus palabras, todo un clásico.

He descubierto lo fácil que resulta odiar a alguien sin conocerla siguiera. Y mira que uno no es así, pero lo cierto es que como dejemos que esta estirpe continúe con sus estrategias, quizá mañana sea tarde. ¿Nos está diciendo esta señora que nada de servicios públicos, que es una barbaridad el gasto tan grande que las administraciones tienen que soportar para ayudar a quienes más nos necesitan? Pues sí, es eso mismo, José Luis. Tú, que te partes la cara defendiendo lo que esta gente proclama, tú que a duras penas tienes para unas cervecillas el fin de semana y te arrastras por los chiringuitos de Torremolinos cuatro días al año, quizá le des la razón, como buen estudioso y economista reconocido. Pero vamos a poner sobre la mesa más datos para que contrastes tu información. Entre 2021 y 2024, se ha desvelado que la Comunidad de Madrid ha regalado a varios medios de comunicación afines que articulan la maquinaria mediática de IDA con «rigor periodístico», la nada despreciable cifra de casi ocho millones de euros. ¿Y sabes, José Luis, de dónde procede ese dinero? ¡Bingo! ¡De las arcas públicas! ¿Pero no nos había dicho que tenemos un gasto público desaforado? Ay, amigo. Depende. El capitalismo y el neoliberalismo es así de bonico. Los beneficios económicos y sociales para quienes se los puedan pagar y las pérdidas cubiertas con tus impuestos, que en su reducido y exclusivo redil nadie debe perder. Además de este sistema de riego de dinero para estimular la adoración a la lideresa, añade para los toros, colegios concertados y universidades privadas, las empresas que gestionan gran parte de la sanidad «pública». Todo esto, con la bendición de gran parte del pueblo madrileño sobre el que un servidor ha perdido la esperanza de entender qué se les pasa por la cabeza.

Es cierto que al otro lado del espectro político las cosas no están como para tirar cohetes, porque entre falta de unidad, trifulcas internas, ese no querer ponerse de acuerdo nunca en temas de suma importancia y la elección cuando toca de ciertos cargos, a uno le da la sensación de que están a otras cosas. ¿Qué te pasa, Madrid? ¿Por qué permites este maltrato a pecho descubierto? No te preocupes, que parece que muchas otras comunidades están dispuestas a seguir tus pasos, ya que más de un presidente te ha puesto como ejemplo a seguir. Para las personas que quieren pertenecer a ese selecto club neoliberal y capitalista para no perderse nada de sus ventajas, Madrid es el espejo en el que mirarse, caiga quien caiga de nosotros. 

Se están extendiendo por España unas políticas despreciables que, o actuamos ya o mañana será tarde. Que hay miles de votantes que dejan caer el sobre en la urna sin saber lo que hacen no es nada nuevo. Habrá quien baje los brazos resignados, diciendo aquello de que «yo sola no puedo hacer nada». Esto justo es lo que pretenden, hacernos creer que ellos y solo ellos nos salvarán de sus propias dentelladas.

Miedo me da lo que está por venir, porque cuando se levanta la veda sobre el supuesto exceso de gasto público, lo que viene a continuación es una motosierra sin rastro de amor por los más necesitados y sin un ápice de empatía social. Tenemos a los lobos enseñando a los corderos cuál es la mejor forma de convivir. Gestores de lo público y millonarios varios con vidas acomodadas diciéndonos a los demás que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades y repitiendo las veces que hagan falta aquello de «la libertad». En el banquillo, miles de subalternos esperando entrar en esas exclusivas listas y que plantan sus rodillas ante el rey o la reina para que nadie se olvide de que están haciendo el trabajo sucio. Como en otras ocasiones, en Jaén también hay quienes sueñan con ser lobos antes que corderos.