Mediodía en la provincia de Jaén

Manuel Barneo

Papá, cuéntame otra vez

La opinión de Manuel Barneo


Papá, cuéntame otra vez ese cuento tan bonito: cuando llovía en invierno, comíamos migas, melón, jamón, arenques y chorizo.



¿Por qué ahora nos angustia la lluvia? El viento de poniente y la corriente del chorro provoca mermas en la producción al caer el fruto al suelo, las campiñas y las sierras se hacen impracticables, no podremos recoger los campos, la simiente en las huertas anegadas muere; los ríos invadieron las orillas.  El camino, ya no hay caminos, están destrozados.

¿Por qué ahora ya no quiero que llueva? ¿Por qué tus ojos no brillan como antes? Podría ser una bonita canción, melancólica, pero por desgracia es la verdad, actualmente no se puede recoger el fruto del olivar de Jaén, cifrándose en pérdidas millonarias, incluso hay estimaciones de un tercio de la producción. Jaén se desangra económicamente por las sequias y las lluvias en nuestra agricultura.  

Las familias llevan días, semanas sin poder trabajar el campo, se mezclan pérdidas de jornales y la bajada en el consumo de los comercios. La tristeza de las calles del barrio melancolía, encharcadas y abandonadas.  Echamos de menos el sol, la alegría de las tardes bulliciosas sin paraguas.

También, este año se sigue echando en falta una apuesta clara por el trabajo del servicio cooperativo: cuadrillas bien organizadas, que hagan los olivares más rentables y que se pongan a disposición de los pequeños y medianos olivareros mayores.  Mayores, que sufren por no poder recoger la aceituna como antes.

Es el momento de pensar, como podemos mejorar y hacer más viable el olivar minifundista, con costes de producción elevados, que podría recogerse en conjunto, para así dar más continuidad al verde olivar.  ¡Qué no se pierda, qué no se abandonen nuestros pueblos!

Que los abuelos vean a sus nietos corriendo por las calles, aunque estén mojadas por las lluvias de un temporal. Para que haya un jornal de calidad. Que continúen latiendo nuestros pueblos. Que los padres y madres sigan contando historias con final feliz.