Palomos de papel

Manuel Palomo

Ayuntamiento de Jaén: una casa de citas

Tenemos un Pleno donde se habla mucho, se dice poco y se cita demasiado

El Pleno del Ayuntamiento de Jaén ya no es un órgano de gobierno. Es una gala literaria, una especie de Operación Triunfo de la cita ajena, donde gana no quien propone algo útil, sino quien recita con más cara de profundidad.

Aquí no se debate: se declama.
Aquí no se gestiona: se dramatiza.
Y aquí no se gobierna: se fusila a los clásicos.

Porque una cosa es citar a Machado y otra muy distinta es copiar una frase de Google, no decir de quién es y mirar al techo como si acabases de inventar la literatura universal. Eso, queridos concejales,(hay honradísimas excepciones) no es cultura: es plagio con micrófono.

En el Pleno hay auténticos ilusionistas del verbo. Entran sin haberse leído el expediente y salen creyendo que han escrito Cien años de soledad II: el pleno. Se marcan una frase profunda, con pausa dramática incluida, y esperan el silencio reverencial. Y funciona. Nadie pregunta nada. Porque claro, ¿quién se atreve a discutir después de una frase que suena a premio Nobel aunque venga de un tuit motivacional?

Lo mejor es cuando la cita no se atribuye a nadie. No porque no se sepa de quién es, no. Es por estrategia. Así queda la duda:

“¿Esto lo ha dicho Borges… o el concejal?”

Y durante unos segundos, breves pero gloriosos, pasan a la historia como intelectuales, cuando en realidad podrían pasar perfectamente como grandes plagiadores con oratoria.

En Jaén hay ediles que no presentan proyectos, pero presentan frases. Que no explican soluciones, pero recitan sentencias. Y si alguien les pide concreción, responden con otra cita, más larga y más intensa, como quien apaga un fuego con gasolina poética.

El resultado es un Pleno donde se habla mucho, se dice poco y se cita demasiado. Un lugar donde Lorca debe estar revolviéndose en su tumba, Neruda pidiendo derechos de autor y Benedetti pensando seriamente en pasar factura.

Porque mientras los problemas de la ciudad siguen ahí, eternos y sin rima, el Ayuntamiento sigue funcionando como una casa de citas… literarias, donde cada cual entra, copia lo que puede, lo suelta con solemnidad y sale creyendo que ha hecho historia.

Eso sí: historia de la gestión, poca.
Historia del copia-pega, muchísima.