Nunca he sido muy diestra con el derecho Procesal, fue un suplicio en mis años de estudiante unido a un Catedrático que arrojaba sin piedad los códigos al suelo que no eran de su agrado...no fue fácil comprender ni la letra ni la fórmula de esa docencia pero sobreviví al trance y con los años aprendí a ser prudente en cualquier apreciación al respecto.
Cuando hace unas semanas saltó la noticia de las acusaciones contra Julio Iglesias como explotador laboral y sexual, no me sorprendió el contenido pero sí el procedimiento, a través de la Audiencia Nacional, pero vuelvo a lo mismo, en algunas cosas aún soy prudente y entendí que tendría algún trasfondo el plantear allí la denuncia de hechos ocurridos fuera de España sobre personas que tampoco son de este país. Como diría el gran Forges, hay cosas que saben los funcionarios que los humanos nunca comprenderán. Aunque lo que realmente me fue llamativo es la rapidez con la que los titulares saltaban principalmente a favor. Se ve que el triunfo en el mundo de la canción da un plus de credibilidad casi mesiánico del que carecen otras profesiones, véase políticos. Reciente está el ejemplo de Plácido Domingo del que poco se habla a pesar de tener procedimientos abiertos por compañeras que tuvieron que compartir escenario. Y sobre la mesa están los ríos de tinta sobre quienes se dedican al ámbito público.
Y no es porque el padre de Enrique Iglesias no hubiera sembrado dudas acerca de su integridad moral a lo largo de su más que dilatada carrera con recurrentes imágenes de besos forzados y toqueteos varios, declaraciones de abundancia y excesos sexuales (o al menos en épocas anteriores) o con algunos de sus famosos éxitos en los que confunde sin ningún sonrojo a los truhanes, definidos por la RAE en su primera acepción como “sinvergüenza”, con los señores, referido a persona con nobleza o heroicidad. Y no es lo mismo señor Iglesias, no lo es.
He de decir en su descargo que a pesar de mi profundo respeto por las víctimas, procuro huir de juicios moralizantes. No creo en la confusión entre autor y obra. No quiero juzgar a los artistas lejos de su calidad estética, no me interesa su comportamiento privado aunque lo censure. Sé que no es del agrado lo que expongo, pero así lo pienso. Que Picasso fuera un promiscuo o misógino, y según perfiles recientes también maltratador, no lo inhabilita en su maestría pictórica. No lo hubiera invitado a comer a mi casa pero aceptaría gozosa cualquier pequeño boceto suyo. Es complejo trazar la línea que separa la persona del personaje pero si nos referimos a la producción, sólo me interesa la obra, claro está, siempre que no se produzca con medios punibles o aprovechándose de las situaciones de vulnerabilidad. Se juzga al autor por sus posibles delitos y creo se debe distanciar de éxitos o popularidad, porque en la inmensa mayoría se producen por personas anónimas sin juicio público.
En el caso que nos atañe, y ciñiendonos a los hechos denunciados de abusos sexuales y explotación laboral según estallan las noticias, resulta indignante la utilización que frente a la gravedad y secuelas que aparejan estos delitos lo toman con ligereza famosos, tertulianos o cualquier representante político, hombre o mujeres sobre el tema. Hay quien lo tiene claro, tú no eres de mi línea ideológica y por tanto eres culpable. Me eres afín o quisiera fueras de mi circulo, eres inocente. Cualquiera quiere opinar y además no sólo defender a su protegido sino desprestigiar a la víctima tomando cartas en un asunto difícil de dirimir hasta después de arduas diligencias. Alucinante.
Estas actitudes lejos de la prudencia hacen un flaco favor a una gravedad en cifras y secuelas. Según la Macro encuesta realizada en el año 2025 en España, el 7,7% de mujeres en nuestro país han sido víctimas de violencia sexual, siendo el intento de suicidio unas de las consecuencias más comunes entre quienes lo sufren, incluidas menores.
La declaración que ha realizado la Audiencia entendiendo que no es competente para conocer el asunto no significa entrar en el fondo ni prejuzgar. Sólo dice eso, que no es el lugar correcto para presentar la denuncia, algo que no nos ha sorprendido ni a los que tardamos en aprobar el procesal. Al igual que la declaración de incompetencia difiere diametralmente de las denuncias falsas con la que ahora se quiere tapar y proteger sabiendo de forma inapelable que nada tiene que ver.
Dicho lo cual, será porque nunca me ha gustado su música, ni creo pertenece a mi espacio de pensamiento, mala pinta le veo, las declaraciones de las víctimas y las excusas del autor me dejan poca duda. Aunque impere el procedimiento y no sea posible una investigación veraz...quedan las creencias.