Hay guerras, pandemias, crisis climáticas y desgracias personales. Y luego está la llamada comercial a las 16:07.
No falla. Nunca. Es una ley física. Estás comiendo, durmiendo la siesta, teniendo una conversación importante o simplemente en paz. Y entonces suena el móvil. Número desconocido. Ya sabes lo que es. Tu cuerpo lo sabe. Tu alma se tensa.
Contestamos porque somos imbéciles optimistas. Porque pensamos: “igual es algo importante”.
No lo es. Nunca lo es.
—“Hola, le llamo para mejorarle su tarifa…”
No. Me la estás empeorando. Empezando por la vida.
El modelo de negocio: joder hasta que alguien caiga
Aquí no hay magia. Hay insistencia industrial. Llamar, molestar, interrumpir, desgastar. Si de cada cien personas una cede por puro cansancio, victoria. El resto que se joda.
No venden nada útil. Venden agotamiento.
Y lo hacen con una sonrisa telefónica, como si estuvieran haciendo una obra social. Como si no acabaran de colarse en tu día sin permiso, sin contexto y sin vergüenza.
“Solo será un momento”
Esta frase debería estar penada con cárcel.
El “momento” dura lo que ellos decidan. Tú ya has perdido. Has abierto la puerta y ahora toca escuchar.
Si dices:
“No me interesa”, insisten
“No puedo hablar”, insisten
“No llamen más”, insisten
Porque el “no” no es un límite, es un tutorial.
Tu número: la prostituta/o del capitalismo.
Tu número no es tuyo. Es un bien comunal. Rota. Se vende. Se intercambia. Se pasa como una botella en una fiesta universitaria.
“Está en nuestra base de datos”. Claro que está. Está en todas. En las legales, en las dudosas y en las que se gestionan desde un portátil con Windows XP en un polígono.
Y nadie sabe cómo llegó ahí. Nadie es responsable. Nadie puede borrarlo. Pero todos pueden llamarte. Milagro administrativo.
El consentimiento es una fantasía.
Aquí lo fascinante es que todo esto es “legal”.
Porque aceptaste cookies.
Porque marcaste una casilla hace 12 años.
Porque respiraste cerca de un formulario.
No has dado permiso para que te llamen.
Pero ellos han decidido que sí.
Porque pueden. Porque sale rentable. Porque tu tiempo no vale una mierda.
Si te cabreas, el problema eres tú
Y encima, si pierdes la paciencia, eres tú el maleducado.
Ellos no. Ellos solo te han interrumpido la vida. Ocho veces. En tres días. Con la misma oferta. Con distinto nombre.
Tú eres el agresivo.
Tú el exagerado.
Tú el que “no entiende que están trabajando”.
Trabajando de reventar la paciencia ajena, sí.
Conclusión: no llaméis más. Nunca. A nadie.
No es marketing.
No es atención al cliente.
No es información.
Es acoso de baja intensidad normalizado.
Así que no, no es exagerado pensar, decir o gritar:
¿POR QUÉ NO OS VAIS A LA MIERDA?
Y no uno a uno.
Todos. En fila. Sin volver.
Y si puede ser, apagando el marcador automático antes de desaparecer.
Manuel Palomo
Palomos de papel¿Por qué no os vais a la mierda?
Hay guerras, pandemias, crisis climáticas y desgracias personales. Y luego está la llamada comercial a las 16:07