La Pandera: una meta de La Vuelta y una cima por recuperar
La llegada de La Vuelta vuelve a poner en el mapa una cima que aspira a recuperar su valor patrimonial tras años de abandono de su antigua base militar
Foto: Francisco M. Merino
Base militar de La Pandera.
La Sierra de La Pandera volverá a convertirse este sábado en uno de los grandes escenarios de la Vuelta a España. La decimocuarta etapa de la ronda española partirá de Jaén y concluirá en este enclave de la Sierra Sur después de 154,5 kilómetros de recorrido y más de 4.000 metros de desnivel acumulado.
Pero más allá de la batalla deportiva que se librará en sus últimos kilómetros, La Pandera guarda otra historia: la de una antigua instalación militar que, pese a haber sido rehabilitada con fines turísticos, continúa sin encontrar un uso estable y permanece en buena parte abandonada.
La jornada del 5 de septiembre arrancará en Jaén a las 13:15 horas. Tras la salida neutralizada desde la calle Catalina Mir Real, el pelotón recorrerá el Paseo de España, plaza Jaén por la Paz, García Triviño, avenida de Madrid y avenida de Granada antes de abandonar la capital. La carrera regresará posteriormente a la ciudad por avenida de Granada y avenida de Madrid para continuar por Pío XII, Arquitecto Berges, Castilla, Millán de Priego, Eduardo Arroyo, Campanas y Carrera de Jesús. Desde allí tomará dirección a Los Villares para adentrarse en la Sierra Sur.
El recorrido no dará apenas tregua antes de afrontar el desenlace. Los corredores pasarán por Los Villares, donde comenzará el Puerto de Los Villares, una ascensión de segunda categoría de 10,5 kilómetros al 5,4%. Después llegará Fuensanta de Martos y, tras atravesar Castillo de Locubín, el pelotón afrontará el Puerto de Locubín, también de segunda categoría, con 8,7 kilómetros al 5,1%. El verdadero juez de la etapa llegará después de Valdepeñas de Jaén, cuando, a falta de poco más de ocho kilómetros, la carrera tome el desvío hacia La Pandera.
Doce kilómetros para decidir una etapa
La llegada a La Pandera será el gran momento de la jornada. La Vuelta sitúa la cima a 1.820 metros en el recorrido de esta edición y establece una ascensión final de 11,9 kilómetros, con un desnivel de 860 metros y una pendiente media del 7,2%. Está catalogada como puerto de primera categoría. La llegada está prevista, según el ritmo de la carrera, entre las 17:19 y las 17:43 horas.
Las cifras explican por qué La Pandera se ha convertido en uno de los ascensos más reconocibles de la Vuelta. La dureza de sus rampas, unida a la altitud y al desgaste acumulado durante una jornada montañosa, convierte la cima jiennense en un escenario especialmente propicio para marcar diferencias entre los favoritos.
No es, además, una relación puntual entre La Pandera y el ciclismo. La cima ya ha sido final de etapa de la Vuelta en 2002, 2003, 2006, 2009, 2017 y 2022. En esas llegadas se impusieron corredores como Roberto Heras, Alejandro Valverde, Andrey Kashechkin, Damiano Cunego, Rafał Majka y Richard Carapaz. La ascensión forma así parte de la historia reciente de la carrera y de la propia imagen deportiva de la provincia.
Una cima con otra historia
A 1.872 metros de altitud, La Pandera es el techo de la Sierra Sur de Jaén y un enclave privilegiado por sus vistas. Desde la cima pueden contemplarse, en condiciones favorables, espacios como la Sierra Nevada, Sierra Mágina, Cazorla, el Quiebrajano o la propia capital jiennense. El lugar también reúne unas condiciones especialmente favorables para la observación astronómica y constituye el punto más elevado de la Reserva Starlight de la Sierra Sur.
Pero sobre esta cima permanece otra huella mucho menos natural: la de una antigua instalación militar.
El Vértice de La Pandera fue concebido como una instalación de telecomunicaciones estratégica durante la Guerra Fría. Los Estados Unidos participaron en la construcción de una estación de radar en este enclave, que posteriormente contó con presencia militar española. El complejo incluía barracones, edificios, puestos de vigilancia y un helipuerto.
Con el paso del tiempo, el recinto dejó de cumplir su función militar. En 2006, el Ministerio de Defensa cedió las instalaciones a los ayuntamientos de Los Villares y Valdepeñas de Jaén para su aprovechamiento conjunto como espacio destinado a actividades deportivas, turísticas y relacionadas con la naturaleza. La cesión pretendía poner fin a años de reivindicaciones para recuperar para uso civil este enclave estratégico.
La oportunidad parecía clara. En 2011, la Diputación de Jaén impulsó una intervención de 561.000 euros para transformar el antiguo edificio militar en un equipamiento turístico, deportivo y sociocultural. El proyecto contemplaba convertirlo en un albergue con servicios generales, comedor, dormitorios y salas de usos múltiples
Sin embargo, aquella inversión no consiguió traducirse en un proyecto turístico consolidado.
Una infraestructura rehabilitada, pero sin actividad
Más de una década después, el problema sigue siendo precisamente qué hacer con unas instalaciones que fueron acondicionadas para tener una segunda vida. La rehabilitación quedó sin continuidad y los sucesivos intentos de encontrar una empresa que asumiera la gestión del complejo no fructificaron. La propia Diputación reconocía que el edificio había sido licitado en varias ocasiones sin que ninguna empresa aceptara hacerse cargo de su explotación, en parte por el coste que supondría mantener el equipamiento.
El resultado es una paradoja difícil de ignorar: La Pandera es uno de los grandes reclamos deportivos de la provincia, forma parte de la oferta de naturaleza y cicloturismo y, al mismo tiempo, conserva en su cima unas instalaciones que fueron objeto de una inversión pública para convertirse precisamente en un recurso turístico.
La situación contrasta además con el potencial que tiene el enclave. La antigua base se encuentra en el punto más elevado de la Reserva Starlight de la Sierra Sur y dispone de una gran explanada utilizada en ocasiones para encuentros de aficionados a la astronomía. A más de 1.800 metros, las condiciones atmosféricas favorecen especialmente la observación y fotografía planetaria.
La propia planificación realizada hace años ya apuntaba hacia varios usos posibles. El proyecto de rehabilitación planteaba un alojamiento para grupos, pero el espacio podría integrarse hoy en una estrategia mucho más amplia que combinase cicloturismo, senderismo, astroturismo, turismo de naturaleza y divulgación del patrimonio militar.
La oportunidad que vuelve a poner La Pandera en el escaparate
La llegada de La Vuelta vuelve a colocar durante unas horas este enclave ante millones de espectadores. Las cámaras mostrarán la carretera, las rampas y la batalla por la victoria, pero también ofrecerán una imagen de una montaña que tiene mucho más que contar.
El reto para las administraciones pasa por conseguir que esa exposición no termine cuando el último corredor cruce la línea de meta. La Pandera dispone de una combinación difícil de encontrar: un nombre reconocido internacionalmente por el ciclismo, un entorno natural privilegiado, una ubicación excepcional para la observación astronómica y un patrimonio militar singular.
El estado de las instalaciones de la antigua base militar plantea la necesidad de evaluar su situación actual y determinar las actuaciones que podrían ser necesarias para su conservación y posible aprovechamiento. También sería necesario definir un modelo de gestión que permita garantizar el mantenimiento del espacio y estudiar las alternativas para su utilización.
Entre las posibilidades se encuentran su integración en las rutas de cicloturismo y senderismo de la Sierra Sur, así como el desarrollo de actividades relacionadas con la observación astronómica. La administración turística ya identifica La Pandera como un lugar emblemático para la observación del firmamento y como un recurso vinculado al turismo activo.
La Vuelta ha demostrado durante años que La Pandera tiene capacidad para convertirse en un icono deportivo. Ahora queda por demostrar que también puede convertirse en un recurso turístico permanente.
Este sábado, los ciclistas volverán a enfrentarse a sus rampas. Será la sexta década de historia de una cima cuya fama moderna comenzó precisamente sobre dos ruedas. Pero cuando la carrera se marche, La Pandera seguirá allí, con sus vistas, su cielo, su historia militar y unas instalaciones que todavía esperan una segunda oportunidad.