La chapa

Carlos Oya

¡Lista, ránking, podio!

Lo de las listas de los mejores en cine, música, literatura es más viejo que el hilo negro

Una vez que ha sucedido el eclipse y España ha dejado de ser maya podemos descender a temas más mundanos. De un tiempo a esta parte asisto atónito a la multiplicación de gente como gremlins en Grazalema colgando videos de recomendaciones de libros, discos, películas, series, juegos de mesa, boinas, percebes… Antes había dos o tres con conocimientos sobre su materia y los tenías más o menos controlados (que son lo que sigo) pero ahora asistimos a una explosión y es imposible estar al tanto de todos a menos que sea tu trabajo ocho horas al día. Lo de las listas de los mejores en cine, música, literatura es más viejo que el hilo negro, los de Cahiers de Cinema y Rolling Stone las sueltan cada dos por tres. Pero el arte no admite aseveraciones excepto que Miguel Ángel es el más grande, Los Beatles el mejor grupo de todos los tiempos y Elvis dios. Eso son hechos científicos, todo lo demás, discutible (si me apuran ‘El apartamento” es la mejor película de todos los tiempos). Lo que vemos ahora es un señor, señora o señorita anónimo desde su cuarto de estar una vez ida la asistenta recitando los diez mejores libros del “realismo mágico” (personalmente a mí me sobran dedos para eso), los diez impepinables films del terror, las diez inopinadas marcas de pipas… y a veces ni eso, ponen un rótulo, yo que sé… “Las mejores películas de los hermanos Calatrava” y mientras las carátulas se sobreponen en la parte superior numeradas en orden decreciente un señor señala arriba cansinamente (y sin haberlo preparado me he marcado un pareado). No se me entienda mal (aunque siempre alguien lo hace), no tengo nada en contra, más bien al contrario, pero asombra la multitud de personas deseosas de que el mundo sepa de sus gustos (si hasta se ha apuntado el presidente y su caudatario a la moda). Porque no estamos hablando de Boyero, Harold Bloom o mi estimado Curro López de Jaén. Da la impresión (igual errónea) de que algunos (especialmente la última oleada) se han subido al carro por simple exposición a las redes. Sólo es una idea de la que no estoy muy convencido aunque no deja de aletear en mi sesera. Pero… ¡oye! , vivimos en un internet libre (demasiado libre) y si disfrutan y la gente los disfruta los animo a seguir, canta Josele Santiago que “la vida son cuatro días y uno está ‘nublao’ ”. Además, como decía aquél, “la tele tiene un botón de apagar”. Aún así me da que al igual que ya hay más mascotas que niños me temo que ya tenemos más podcasteros, críticos aficionados multimedia e “influencers” sin área de influencia que la población mundial. Y esto me lleva a la tendencia a emitir y recibir información, al menos en las redes, encapsulada y numerada. Como grageas. No es una mala forma de exposición “per se”. Es clara y distintiva y la mejor manera de introducirse en cualquier tema. ¡Si hasta la energía va por cuantos y la feria por pueblos! Pero es que, al menos en las redes, se ha convertido en hegemónica. La mayoría no sólo quieres certezas sino que las quiere ya y por orden. Siete razones para odiar a Pedro Sánchez de menor a mayor, los diez rasgos para identificar un “fascista” ( según la ”ley de Letes” el conocimiento del fascismo es inversamente proporcional a las veces que una persona dice ‘fascista’ en una conversación sobre política contemporánea), etc…La gente, ese material primo del que surge la turba, sólo quiere que le confirmen sus opiniones, de uno u otro sesgo. Nada de grises, aunque sea el color predominante de la vida en general. Ya no se “conoce al enemigo”: se lo insulta con algún chascarrillo de esos bustos parlantes que infestan las cadenas (también la pública) llamados tertulianos encarnándose en meros conductores de la estupidez. ¿Para qué leer, buscar en otras fuentes incluso dudar? ¿Pensar por uno mismo? ¿Acaso es usted comunista? Ya me han hecho el trabajo y me han dado las directrices. Los soldados que no piensan son las mejores tropas de choque.