Mediodía en la provincia de Jaén

Juan Antonio Siles

Sensatez para unos precios razonables para el aceite de oliva

La opinión de Juan Antonio Siles


El aceite de oliva corre un grave riesgo por destrucción de su valor en el mercado. Y precisamente ocurre esto en una campaña marcada por unas existencias mínimas, unas ventas históricas y una creciente incertidumbre sobre la próxima cosecha. En un contexto de fuerte demanda mundial y de disponibilidad limitada, es surrealista que impere una injustificada presión a la baja sobre los precios en origen, especialmente perjudicial para el olivar tradicional, en lugar de la coherencia y la sensatez que debe imperar en los responsables de las cooperativas y de los grupos de comercialización.



Vender por debajo de costes de producción supone condenar económicamente al modelo de olivar tradicional, mayoritario en nuestra provincia y esencial para la economía, el empleo, el medio ambiente y la fijación de población en el medio rural. Y, parafraseando al presidente de una gran cooperativa de la provincia, ya está bien de competir en la miseria y vamos a trabajar, todos juntos, por conseguir el éxito. Ha llegado el momento de que el sector deje de competir destruyendo valor y empiece a defender el verdadero posicionamiento del aceite de oliva virgen extra de olivar tradicional, porque hablamos de un alimento ligado a la máxima calidad, a la salud y a un modelo agrícola sostenible y socialmente imprescindible.

Los datos de campaña avalan esta posición y a ellos se suma la incertidumbre por la próxima producción. Las primeras observaciones en campo apuntan a una inferior floración que el pasado año, debido principalmente a una elevada carga floral y a episodios meteorológicos que podrían haber afectado negativamente a la polinización. En paralelo, los costes de producción siguen aumentando de manera sostenida, especialmente en el olivar tradicional.

Ante este escenario, es imprescindible que el sector abandone los mensajes interesados que buscan generar expectativas artificiales de grandes cosechas futuras con el único objetivo de seguir presionando los precios a la baja. Debe existir responsabilidad y unidad para defender el valor real del aceite de oliva virgen extra, apostando decididamente por la valorización y diferenciación de un producto cuya singularidad está íntimamente ligada a la calidad, a los beneficios saludables de la dieta mediterránea, a la sostenibilidad ambiental y al mantenimiento del tejido social y económico de las zonas productoras. Por lo tanto, vender por debajo de costes no solo pone en riesgo la rentabilidad de los agricultores; pone en riesgo el futuro mismo del olivar tradicional y de todo el sedctor.