Tras las huellas de los campos de concentración jiennenses

Santiago e Higuera de Calatrava acogieron dos de los mayores campos de concentración de Andalucía al final de la Guerra Civil, pero no fueron los únicos

 Tras las huellas de los campos de concentración jiennenses

Foto: RAMÓN GUIRADO

Santiago e Higuera de Calatrava acogieron dos de los mayores campos de concentración de Andalucía.

Ahogadas en el terror quedaron las gardenias, los geranios y las petunias que florecieron en el mes de abril de 1939 en la provincia de Jaén, marchitas ante el improvisado campo de concentración, uno de los más grandes de Andalucía, que albergó Santiago e Higuera de Calatrava desde mediados de abril y hasta finales de 1939, con más de 12.000 presos republicanos de la Guerra Civil Española.

Sin embargo, apenas la memoria de unas pocas gentes y algunos trabajos mantienen vivo el terror que se vivió aquellos meses en las dos localidades de la campiña jiennense. La presencia en el campo de concentración de uno de los mayores representantes del expresionismo pictórico europeo y más tarde del postcubismo, Rafael Zabaleta (Quesada, 1907-1960) y de su amigo, el escritor, político y crítico de arte Cesáreo Rodríguez-Aguilera (Quesada, 1916-Barcelona, 2006) tienen buena parte de culpa de que esos dos campos de concentración no hayan sido olvidados con el paso de los años.

“Aquí no hay nada”, señaló el técnico municipal José María Gordo a EXTRA JAÉN desde un altiplano en el que se divisan los campos de olivos desde Santiago de Calatrava hasta Higuera de Calatrava. “Solo hay un mochón ya sin alambradas en el campo”, matiza el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de la provincia de Jaén, Miguel Ángel Valdivia. “En Higuera sí que levantaron un monolito entre los olivos en recuerdo del campo de concentración hace unos años”, añade, pero en la visita de este periódico a la localidad nadie en el pueblo recuerda ni el monolito, ni el campo de concentración.




En el campo de Santiago de Calatrava hubo 10.075 presos republicanos. Fue el segundo que se levantó a mediados de abril de 1939. Antes se habilitó el de Higuera, que albergó a 4.800 presos. En total, más de 20 kilómetros cuadrados de alambradas donde algunos murieron de hambre y donde todos sufrieron unas condiciones inhumanas, según Valdivia, hasta que fueron trasladados a diferentes prisiones o enviados de vuelta a sus casas.

Así lo recoge también el expediente de Lugares de Memoria Democrática en el que fueron incluidos en el año 2017, tras ser propuestos por el Colectivo para el Estudio de la Historia Social de Jaén.

Según ha documentado el historiador Javier Rodrigo en su libro ‘Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936 1947’, “los campos fueron de internamiento, clasificación, reeducación y origen de explotación. También fueron humillación, hambre, maltrato, disciplina, descontrol, lucha por la integridad y transformación. Y en muchos casos, fueron eliminaciones físicas. Pero que nadie se llame a engaño: el objetivo de los campos franquistas no fue nunca el de asesinar a sus internos (de eso se encargaría la justicia militar), sino el de ser el bisturí social con el que separar el bien del mal, España de la antiEspaña”.

Luis Miguel Sánchez Tostado, el investigador que mejor y más ampliamente ha estudiado la Guerra Civil en Jaén y la posterior represión franquista, autor de ‘La Guerra Civil en Jaén. 500 años de confinamientos, presidios, cárceles y mazmorras’ y de ‘Historia de las prisiones en la provincia de Jaén. Historia de un horror inolvidable’, explica en su obra que “a los primeros prisioneros [de los campos de Higuera y Santiago] se les sacaron para cercar el pueblo con machones de madera y alambrada de espino que se hallaban en las trincheras próximas. En pocos días, el campo de concentración de Higuera albergaba más de cuatro mil hombres. Como el espacio físico era escaso para las continuas expediciones que se recibieron, las autoridades militares acordaron habilitar, a mediados de abril, otro campo de concentración de mayor tamaño en Santiago de Calatrava, separado de Higuera sólo 10 kilómetros. El campo de Santiago era de mayor tamaño al abarcar su perímetro buena parte de su término. Su extensión podría superar fácilmente los 20 kilómetros cuadrados.”

Según el escrito del Colectivo para el Estudio de la Historia Social de Jaén, tras una retención en los campos eventuales de la provincia de Jaén, los presos fueron enviados a los campos estables de Santiago e Higuera de Calatrava donde fueron investigados y clasificados militar y políticamente. Cuando al preso se le encontraba culpable de un delito contra la España Nacional se le recluía en alguna de las cárceles de la provincia, a la espera de juicio. El destino podía ser un largo periodo de reclusión o la pena de muerte.

La estancia de Rafael Zabaleta y Cesáreo Rodríguez

Otros, los menos, tras obtener los avales necesarios fueron puestos en libertad pudiendo regresar a sus localidades. Fue el caso del pintor Rafael Zabaleta y el de su amigo Cesáreo Rodríguez Aguilera, quienes nada más finalizar la guerra, el 7 de abril de 1939, recibieron una orden del comandante del Ejército sublevado que había ocupado Quesada que decía que enviaba al campo de Santiago de Calatrava, a más de cien quilómetros de su localidad. Sin embargo, los contactos y la influencia de ambos hizo que a los quince días llegaran los primeros avales, del cura, de la Guardia Civil y de Falange, que garantizaban su adhesión al Movimiento y que permitió que Zabaleta y Cesáreo Rodríguez cruzaran el espino.

Rafael Zabaleta y Cesáreo Rodríguez-Aguilera (25 de agosto de 1949).

Los campos de concentración de Higuera y Santiago de Calatrava tuvieron una vida corta, desaparecieron a finales de 1939 cuanto terminó la labor de clasificación, limpieza y distribución por cárceles y cementerios.


Otros campos

Además de estas dos localidades hubo más campos de concentración de los que hay constancia en documentos y libros de historia. Se encontraron campos eventuales en Cazorla, con 865 presos; Quesada, donde se retuvieron a 200 presos; en Jódar, donde se alcanzó una cifra similar; en Santo Tomé, que concentró a 300 presos; en Hinojares, con 74; además de los detenidos en la Comandancia Militar de Jaén que alcanzaron las 1.829 personas. En Alcalá la Real se habilitó el convento de las Madres Dominicas para cárcel civil (más de quinientas personas entre 1939 y 1940).

La mayoría de estos campos apenas están documentados y son prácticamente desconocidos aún por la ciudadanía, de ahí la catalogación de los de Santiago e Higuera, en representación y recuerdo de la Memoria Histórica.