Mediodía en la provincia de Jaén

Marián Adán

Lo que el viento se llevó

La opinión de Marián Adán


De poca originalidad pecan las tramas corruptas que nos aburren cada día. El modus operandi es calcado, venga del sector del hemiciclo que venga. Desapercibidos, para su suerte, quedan los tejemanejes de aquel jiennense ilustre, el señor Montoro.



El tiempo vuelve descafeinada hasta la corrupción con más pedigrí. Aquel hombrecillo generó más temor que Torquemada con tintero a estrenar. Lástima que asome por la puerta una justicia escuálida, cuando los artífices de tantas sentencias a muerte o ruina, son ancianos desmemoriados.

Cristóbal era experto en puertas giratorias, en su caso hasta en trampillas y sótanos. Y llega tarde: de conocerse con luz e IA, las cochinadas que se recalentaban en un ministerio a su servicio, el destiempo mató el resarcimiento.

Este Jaén que nos queda, el que sobra a muchos, exportó seres así, que en vez de hacer guiños a sus paisanos hacían muecas siniestras, traducidas en: «Ya pasarás por mi hacienda».

La justicia que llega tarde, la que llega desgastada y borrosa, no es justicia.