El bar de la esquina

Antonio Reyes

IA y agua

Tener la sensación de que la tecnología nos da una de cal y otra de arena, me hace sentir que vamos de cabeza al precipicio

Que nos sumamos a cualquier avance tecnológico que surja, por mucho que sepamos que no viene para mejorar nuestras vidas sino para empobrecerlas, es una evidencia tan cierta como que detrás de todas las personas que se informan de la actualidad en TikTok hay una mente hueca. Estos avances tecnológicos están aquí para hacer de nuestra vida supuestamente mejor y más, digamos, esperanzadora. Pues cucha tú que me da a mí que en muchas ocasiones no es así. Vamos a meternos en harina, siempre con la confianza que da a quien se digna a leer estas palabras saber que las he escrito yo. Porque esa confianza es real, ¿no? Venga, que empezamos.

El tráfico de datos en internet a nivel mundial es brutal. Este tráfico se gestiona en los llamados centros de control de datos, donde ordenadores muy potentes controlan el flujo. Sabéis ya que cada ordenador personal de los que usamos casi a diario en casa, tienen un ventilador pequeñito para refrigerar el procesador que lleva en sus tripas. ¿Cómo se refrigera entonces esas grandes máquinas instaladas en esos megacentros de control? Con agua en cantidades gigantes. Pero si en España no vamos sobrados de agua precisamente, ¿no? Pues no, y por eso estoy escribiendo esto ahora mismo.

Las grandes empresas tecnológicas instalan esos centros lejos de sus países, en esos estados que le ponen una alfombra roja a todo lo que huela a prosperidad. Y, claro, el significado de esa palabra siempre lleva asociado un sacrificio. En este caso, gastar cantidades ingentes de agua que en el caso de España no tenemos. Peo, entonces, ¿por qué hay políticos que se ponen una medalla si consiguen atraer estos centros en sus regiones? Pues yo qué sé, preguntadles a ellos. Que somos parte del problema lo he tenido claro siempre. Las compras compulsivas de cosas que no necesitamos, estar todo el día en redes sociales o jugando online con alguien que vive en Australia, es el porqué de la proliferación de esos lugares que beben tanta agua.



No, el progreso siempre viene con facturas difíciles de pagar. Claro que los avances tecnológicos tienen cosas buenas: operar a cientos de kilómetros de distancia, perfeccionar diagnósticos de enfermedades, agilizar procesos que antes eran eternos… Es imprescindible que conozcamos la trastienda del progreso, porque solo así tendremos la capacidad de continuar por este camino o abandonarlo de vez en cuando para minimizar los males que también produce. Comento esto recordando lo que ocurrió con la invención de la bomba atómica, aquel grupo de físicos que se reunieron para fabricar algo que serviría para provocar muerte. Pero, Antonio, ¿cómo es posible que la inteligencia, la ciencia, se ponga al servicio del horror? Hombre, José Luis, hoy también ocurre. ¿O ya se te ha olvidado los muchos casos de manipulación de imágenes con IA para hacer daño a algún menor o para ridiculizar al contrario en política, fabricando mentiras o sesgando información?

Tener la sensación de que la tecnología nos da una de cal y otra de arena, me hace sentir que vamos de cabeza al precipicio. Le hemos entregado nuestras vidas al algoritmo y este nos ha atado de pies y manos. Jóvenes que confían su éxito académico a la IA, quienes consultan a estas páginas cuál es la mejor forma de medicarse, de resolver un problema que podría solucionarse con una charla en persona, quienes buscan respuestas a problemas familiares o con la pareja. Hay miles de profesionales que han perdido, o están en riesgo de perder, su empleo por esa bajada de pantalones ante la tecnología.

Mientras tanto, los milmillonarios tecnológicos nos venden la burra de que están aquí para hacer un mundo mejor. Se han puesto al servicio del liberalismo, cuyo eje principal, dicho por el propio presidente argentino, es evitar el control gubernamental de los mercados, dejar que las grandes empresas campen a sus anchas sin importar o censurar el daño social que provocan. Puede que este sea uno de los motivos del movimiento social que ha explotado en Europa y América, cuando nos hemos dado cuenta que cada vez somos más pobres y menos listos. Pero, como siempre, bienvenido sea ese despertar, que de nada servirá si continuamos mimando las herramientas de control mental que nos ponen en los labios.

La tecnología requiere de un sistema de enfriamiento, como decía antes. Galicia está al borde de cortes de agua, Andalucía tres cuartos de lo mismo y el resto del país, mañana, cuando todo esto estalle y no se preste atención a estas instalaciones, verá cómo de sus grifos solo saldrán ceros y unos. Las fábricas de baterías para coches y móviles, por ejemplo, son tres cuartos de lo mismo. ¿Y no sería más lógico que los países pioneros en estos adelantos monten estas fábricas en sus territorios? Hombre, claro que no, porque a todas luces son más listos que nosotros. Ellos prefieren que sus reservas de agua sean para el consumo humano, no para enfriar una macroempresa.

Pues en esas andamos metidos, queridos y queridas. Que nadie le va a poner el cascabel al gato lo saben hasta en la última cabaña de la Patagonia, porque antes del cuidado del planeta está el liberalismo y el empleo ficticio que destruirá nuestro entorno para que podamos seguir comprando ropa y móviles como si no hubiese un mañana. Eso y la certeza más grande a nivel mundial desde hace años: que reducir nuestra comodidad a cambio de tener un medio ambiente más sano ni se nos pasa por la cabeza.

Porque todos sabemos que el bulo del cambio climático, reducir el consumo terrorífico, eliminar los coches de las ciudades para no respirar humo, dejar de comer tanta carne o que ese desperdicio de agua que no tenemos para los centros de datos, son estrategias del universo woke, sea lo que sea eso. Y lo sé de buena tinta, porque lo he visto en un vídeo que alguien ha subido a TikTok esta mañana. Estamos tranquilos porque sabemos que tú, que tienes claro hacia qué horizonte te diriges, que tienes todos los datos correctos y los pones en boca de todos, que ves la vida de color de rosa, que siempre tienes un espejo en el que mirate y a todo lo que sea ignorar las evidencias le das el ok, no necesitas que un cantamañanas como yo venga a decirte que quizá, solo quizá, un día de estos, esas personas a las que admiras e idolatras, mañana prenderán fuego al hormiguero en el que vives tras llevar años echando gasolina sobre la cabeza de los tuyos. Mírate los bolsillos, porque las cerillas las tienes tú.