He confesado muchas veces que debo ser de los pocos nacidos en la provincia de Jaén que no tiene olivas. Así es y así ha sido siempre, y esa es la principal razón por la que, con humildad, me atrevo a escribir estas líneas. No tengo ningún compromiso que me ate a un sector que debiera tenerse por estratégico y que, al parecer, se encuentra en un trance difícil. No entiendo, o si, como es posible que el aceite de oliva, un manjar que podríamos hermanar con la ambrosía (el alimento de los dioses en la mitología griega) y que significa, literalmente, la inmortalidad, tiene que luchar, cada día, por su propia supervivencia en un sin parar agotador e inexplicable. Sería bueno que los olivareros levantasen la vista y, sin dejar de mirar la tierra, otearan el horizonte, donde reside la utopía.
Jaén no es solamente la mayor provincia productora de aceite de oliva del mundo: en la campaña 2024/25 produjo cerca del 40 por ciento del aceite español y alrededor del 17/18 por ciento de todo el aceite de oliva que se produce en el planeta; Andalucía aporta 8 de cada 10 toneladas de aceite producidas en España y Jaén prácticamente 4 de cada 10 toneladas; Jaén produce la mitad de todo el aceite de Andalucía. Visto desde una perspectiva mundial una de cada seis toneladas de aceite de oliva producidas en el mundo procede de Jaén y, por si sola, Andalucía representa un tercio de la producción mundial. En la campaña 2024/25 España produjo casi un millón y medio de toneladas, 2,4 veces más de lo que produjeron conjuntamente Italia, Grecia y Marruecos. Jaén con 562.000 toneladas produjo casi tanto como Italia, Grecia y Marruecos juntos (588.000 tn). Ahi queda eso.
Con estos antecedentes, sobre la mesa aparece la venta de Deoleo, cuyo interés reside no solo en que sea la mayor comercializadora de aceite de oliva en el mundo. Su fortaleza, dicen los medios, está también en disponer de una autentica arquitectura de marcas, un portafolio cercano a las treinta marcas con presencia, según su informe de sostenibilidad, en 69 países: Carbonell, Bertolli y Carapelli, por ejemplo, nacidas en el siglo XIX; otras, de menor rango y caracteristicas, como Hojiblanca, Koipe, Sasso, Fígaro y Koipesol, algunas históricas, se suman al paquete de marcas de Deoleo. La posible operación de venta pone de relieve una cuestión histórica en el sector oleícola español: como se ha escrito, producir una gran parte del aceite mundial no implica necesariamente controlar todo el valor que se genera despues de la almazara.
Se sabe, aunque el trato no se ha cerrado, que la oferta por la propiedad de Deoleo, controlada por los fondos de inversión internacional Alchemy y CVC (es decir, dinero sin alma), ha sido de 500 millones de euros por el grupo italiano de Pietro Coricelli que está apoyado, eso dicen, por el gobierno Italiano, aunque parece que otras ofertas españolas (Dcoop y Acesur) se suman a la puja sin mucha fe por falta de apoyos institucionales. La pregunta, siendo patente que el aceite de oliva es un sector estratégico en España, es como no se han hecho presentes y beligerantes las diferentes administraciones públicas españolas en este maravilloso tinglado para ayudar hasta lo indecible a nuestras cooperativas o grupos, andaluces o no, que quieran hacerse con la mayor comercializadora mundial de aceite de oliva. Si un sector es estratégico, la declaración debería tener consecuencias: financiación, instrumentos de apoyo, política industrial, internacionalización, concentración empresarialinnovación, marcas, comercialización, etc. Nos vendría muy bien, creo yo, por una vez creer en nosotros mismos, pelear por lo que necesitamos y ponernos a la tarea. Tenemos todavía una oportunidad y el compromiso sin reservas de la Junta de Andalucía y su Consejería de Agricultura debe hacerse visible, como debe estar presente en esta operación el Ministerio de Agricultura y, si es necesario, hasta el sursuncorda, ese personaje anónimo de gran importancia creado en España a partir de la locución latina “sursum corda”, que significa ¡arriba los corazones!
No deberíamos olvidar, lo he escrito muchas veces, que también en los negocios (más si son de aceite y estratégicamente importantes) hay que trabajar “estilo olivar”, es decir, dando frutos sin hacer ostentación de flores. Y en esas estamos, importa la forma de proceder, no ser pardillos resignados y, sobre todo, como hagamos las cosas, es decir: “Non quo sed quomodo”.