Khadry, migrante senegalés, entrega su tarjeta de residencia a León XIV.
Estoy convencido de que, en este país, todos somos un poco bipolares. Sin caer en el trastorno clínicamente tipificado, aprendimos hace tiempo a convivir, solo en aparente desarmonía, con nuestras propias contradicciones. “Es España, coño”. Esto es, las dos mitades del ser español. Pasamos de la euforia a la depresión con una facilidad pasmosa, defendiendo causas perdidas con el mismo entusiasmo con que, a renglón seguido, nos dejamos atrapar por el egocentrismo más insolidario. Amamos cuanto odiamos dependiendo de la hora del día. Las hispanas pasiones de la semana, a la postre, confluyen en Madrid: Madrid, kilómetro cero. Ora sindiós y ora pro nobis. Bugs Bunny y León XIV. Florentino y Riquelme. Perroflautas y aristogatos. Azules y rojos. Desconcertantemente binarios, mediante una sucesión infinita de realidades paralelas, fragmentadas, incompletas. Practicamos a capricho la ley del embudo para luego indignarnos si el agraviado es de los nuestros. Comprensión o rabia. España, fulana. España, hermana. Salón de Columnas del Palacio Real. Robert Francis Prevost, frente a “enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”, migraciones y fronteras, invita “a todos, por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad”. El Papa, a propósito del clima bélico mundial, agradece a España “su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos”. Amén. Ahora se entiende mejor la bipolaridad de quienes comulgan, a la par, sin atragantarse, con Trump y León XIV. En las vísperas de la visita del pontífice, Pedro Sánchez que, pese a la que le está cayendo, se reafirma en su intención de presentar ya un proyecto de nuevos presupuestos, para desvincularse de la trama Leire proclama: “Nunca avalé, conocí o permití nada de lo que hacía” la supuesta ‘fontanera’ a sueldo del PSOE. “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3)
Mientras, en el salón de plenos de la Diputación de Jaén, Paco Reyes, tras tres lustros ininterrumpidos de mandato, rodeado de un establishment jiennense del que no podía excluirse el obispo Sebastián Chico, renuncia solemnemente a la presidencia porque, apenas 6 días más tarde, tomará posesión del acta como parlamentario andaluz. “Yo es que no me quiero jubilar”, cumplirá 64 años el próximo 10 de julio, me reconocía después de entrevistarle en la reciente campaña electoral. “Hemos elegido un camino para salir de la incertidumbre, pero, sobre todo, para garantizar el bienestar de los hombres y de las mujeres de la provincia de Jaén. De hecho, lo que más me preocupa en la actualidad, al margen de los datos macroeconómicos, es que espacios del Estado de Bienestar no se puedan aplicar, disfrutar, en todos y cada uno de nuestros municipios, porque ámbitos de ese tipo son fundamentales para que la gente siga en nuestros pueblos; no es suficiente con el efecto ‘pegamento’ que puedan hacer el olivar y el aceite de oliva, no es suficiente con que la banda ancha llegue a estos territorios”. Una línea reivindicativa trazada que deberá prolongar (‘Hasta el infinito y más allá’, Toy Story 5, estreno) su sustituto, Juan Latorre, que, este martes, 9, accede oficialmente al cargo. Su opinión sobre el cesante se antoja mayestática, insuperable, autocomplaciente: “Reyes ha realizado una gestión ejemplar, con mayúsculas, que ha permitido colocar a la Diputación como una referencia imprescindible para el progreso de nuestra provincia. Paco seguirá demostrando su capacidad y poniendo su experiencia al servicio de la provincia como parlamentario andaluz”. Era el relevo soñado por el reyismo cuando el sector crítico amagó, primero, en 2021, y planteó alternativa, firmemente, en 2025: salir por la puerta grande (escaño garantizado, sea de senador o diputado autonómico) dejando a un delfín a su altura (es un decir), sinónimo de continuidad sin sobresaltos. El reto inmediato, a 11 meses y medio de las elecciones municipales, pasa unívocamente por consolidar la mayoría absoluta en la corporación provincial. Reto peliagudo. En el reparto de los 27 asientos plenarios, el PSOE acumula, hoy por hoy, 15 (Jaén, 4; Andújar, 2; Úbeda, 2; Linares, 1; Martos, 1; Alcalá La Real, 1; Baeza, 1; La Carolina, 1; Villacarrillo, 1; Cazorla, 1), ante los 12 del PP (Jaén, 4; Linares, 1; Andújar, 1; Úbeda, 1; Martos, 1; Alcalá La Real, 1; La Carolina, 1; Villacarrillo, 1; Cazorla, 1). Asumiendo que en los partidos judiciales con 2 actas el empate a 1 se prevé lo más lógico, la batalla se circunscribe en la disputa de los 8 diputados de la vasta jurisdicción de Jaén (donde los sondeos no descartan que Vox logre alzarse con 1); las 2 comarcas de 3 plazas, Andújar y Úbeda (cambio o no de tornas); y Baeza, con 1 solo diputado en juego (en el intento, asimismo, de invertir los términos). Un combate a cara de perro cuyo desenlace dependerá de la bipolaridad electoral de miles de comprovincianos. 2 personas, y 2 votos, a la vez, y un corazón loco, a lo Antonio Machín.