Mediodía en la provincia de Jaén

Pepe Moral Jaenes

Para torpes

La opinión de Pepe Moral Jaenes


Vivimos rodeados de tecnología supuestamente creada para hacernos la vida más fácil.



Lo que en sus inicios tenía como principal aliciente el aumento de nuestra productividad, personal y colectiva, hoy ya no es suficiente.

Caminamos a grandes pasos hacia horizontes donde ni siquiera una mayor productividad sea necesaria ni constituya mérito alguno en nuestras ocupaciones diarias.

En la prehistoria digital fueron los “ordenadores personales” los que nos libraron de tareas tediosas y repetitivas cambiándolas por otras formas de ver y hacer cosas que normalmente no estaban al alcance de cualquiera.

Más de 40 años después, la tecnología es algo que está literalmente en nuestra mano. Un smartphone supera hoy en miles de veces la capacidad de computación de los ordenadores de los 80 o los 90.

Esta evolución tan rápida debiera ser una magnífica noticia, si no fuese porque cada vez tenemos más claro que las mejoras que se nos ofrecen en el universo tecnológico están menos orientadas a mejorar nuestras aptitudes y más a enredarnos en sistemas donde los usuarios somos el verdadero botín.

Que el éxito o fracaso de cualquier iniciativa se mida hoy por el número de personas que se asoman a la ventana por la que se nos muestra, es una perversión de tal magnitud que convierte la convivencia y la toma de decisiones personales y colectivas en auténticos circos donde lo que se exhiben son nuestras propias vidas.

Las iniciativas por parte de algunos gobiernos, con el nuestro a la cabeza, que intentan limitar el abuso de las redes sociales van en la dirección correcta.

Las personas con menos capacidad de pensamiento crítico y sobre todo nuestros jóvenes, son objetivos y presa fácil de empresas que no fabrican nada pero que hacen negocio a nuestra costa.

Hay que poner freno al bombardeo psicológico permanente que pretende determinar hasta cuanto y hasta donde somos o no felices.

Tenemos que dejar claro a todas estas empresas, que eso se acabó, que nadie va a pensar por nosotros más que nosotros y nosotras mismos y que ninguna realidad va a ser sustituida por otra artificial, por muy “inteligente” que pueda parecer.