No se llama Maricarmen, pero las noches se le han convertido en desiertos inacabables, en abismos donde buscar la cuadratura del círculo. Porque su segundo embarazo, lejos de traer un pan, vino con un aviso de desahucio. Si estás embarazada no hay trabajo y si no hay trabajo… Luego, cuando pudo recuperarlo, ya fue tarde.
Y todo ha sido un no parar, una búsqueda sin fruto, un llanto desesperado cuando piensa en sus dos hijos, cuando la responsabilidad de madre se le viste de culpabilidad y un «¿para qué?» le araña. Tanto que su pensamiento sólo le proyecta, en la pantalla del miedo, una serie de terror. Un documental donde ella, junto a sus hijas, ha sucumbido en un centro de transeúntes, porque, recuperado el trabajo, nadie le quiere alquilar; porque tampoco hay alternativa habitacional, sólo una casa de acogida fuera de la ciudad, que le obligaría a abandonar su trabajo, el único bien que posee.
Con esta negrura, con esta asfixia, a veces, piensa en lo peor y, entonces, el miedo se le multiplica, porque ha llegado a temerse, a no tener control de una situación que, desde el día del aviso, le atenaza el pecho y la garganta.
Según el último informe de CC. OO sobre la situación de la vivienda en la provincia de Jaén, el alquiler subió un 13%, muy lejos del nivel de los salarios, los más bajos de todo el país. Una provincia que lleva 15 años sin construir vivienda pública asequible para la clase trabajadora y donde se contabilizan 6.000 viviendas vacías en la capital y 64 mil en toda la provincia.