Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Frente Amplio, Frente Agrio, Frente Vacuo

A punto de cerrarse el plazo, ¿es posible un pacto entre ese pollo sin cabeza que es hoy el Frente Amplio y esa cabeza sin pollo que es Podemos?

El éxito generalizado de la derecha neofascista en todo el Occidente cristiano contrasta con el fracaso recurrente en ese mismo ámbito de la izquierda neocomunista. O alternativa. O como se la quiera llamar. El contraste, la paradoja, la simetría de ese doble fenómeno es, sin embargo, meramente nominal, pues mientras que la derecha neofascista es una amenaza real, y hasta explícita en muchas ocasiones, para la democracia, en cambio la izquierda neocomunista es justamente lo contrario, persigue y propugna una democracia más justa, más igualitaria, menos mercantilizada. Y otra diferencia crucial: los ultras están demostrando que saben bastante bien qué hay que hacer para lograr sus descarnados objetivos, mientras la izquierda alternativa parece saber muy bien todo lo contrario: qué hacer para alejarse cada vez más de la materialización de sus nobles pretensiones.



El triple paraguas

El fracaso histórico del comunismo real dejó a esa izquierda alternativa más o menos huérfana, aunque no del todo a la intemperie: sus líderes e ideólogos hallaron cobijo bajo el triple paraguas de 1) las ideologías de identidad y género, 2) las banderas de la ecología y el medio ambiente y 3) las doctrinas algo ajadas pero todavía de buen ver de la socialdemocracia clásica, aprovechando que ésta venia virando ostensiblemente hacia la derecha.

Hace solo diez años estuvieron a punto si no de asaltar los cielos, sí de rozarlos con la punta de los dedos; hoy están a un paso del infierno. Hace cinco años había gente entendida en encuestas y en política que pensaba que Yolanda Díaz podía acabar siendo la siguiente presidenta del Gobierno; hoy la vicepresidenta está desaparecida: midió mal las consecuencias de su ruptura con Podemos y ahora Sumar y Podemos son apenas nada: Sumar no suma y Podemos no puede. El beneficiario aparente de su enemistad será el Partido Socialista, que arañará votos procedentes de ese nicho electoral, pero el beneficiario efectivo será la derecha. Parece seguro que Pedro Sánchez y los suyos remontarán de aquí al 29 de noviembre, puede incluso que consigan adelantar al Partido Popular, pero, de producirse, la suya será una victoria algo peor que amarga, será una victoria inútil porque el más que probable hundimiento electoral de la nebulosa neocomunista hará imposible cualquier opción de gobierno progresista.

El otro CIS

La reestimación de los datos brutos del último barómetro del CIS por expertos independientes, y no precisamente bajo sospecha de estar al servicio de la derecha, pronostica 119 escaños para el PP, 116 para el PSOE, 66 para Vox, 15 para el Frente Amplio y 2 para Podemos. Es decir: las derechas lograrían una mayoría absoluta bastante holgada de 184 diputados, mientras que las izquierdas se quedarían en apenas 133 que ni aun sumándoles los veintitantos del nacionalismo vasco y catalán amenazarían el cómputo conservador.

Hay quien piensa, sin embargo, entre ellos Iván Redondo, consultor político de prestigio y ex jefe de gabinete de Pedro Sánchez, que el resultado final será mucho más ajustado del que hoy prevén las encuestas, que en su opinión irán evolucionando claramente en favor de las izquierdas. Redondo pronostica una participación masiva, del 76 o 77 por ciento, unos diez puntos superior a la que hubo en 2023 y 2019, cuando se situó solo algunas décimas por encima del 66 por ciento. Según sus cálculos, el bloque de la derecha sigue teniendo hoy los mismos 12 millones de votantes que tenía en 2023; por tanto, si el votante de izquierda se moviliza y acude masivamente a las urnas, tiene en su mano aguarle una vez más la fiesta a las derechas. Sin voluntad alguna de quitarle méritos a Redondo, es obligado recordar que se trata del mismo Redondo que hace cinco años creía que Yolanda Díaz tenía serias opciones de convertirse en la primera presidenta del Gobierno de España. Para ser justos: Redondo revisó a la baja su diagnóstico tras analizar la gestión, a su modo de ver suicida, por parte de Díaz del conflicto con Podemos.

¿Un grupo fiable?

A pocas horas de cerrarse el plazo para formalizar coaliciones, ¿es posible todavía un acuerdo entre ese pollo sin cabeza que es hoy el Frente Amplio y esa cabeza sin pollo que es Podemos? Tal vez, pero da igual, y no porque sea demasiado tarde, que lo es, sino porque todo el mundo sabe que los odios recíprocos no habrán desaparecido y que, por tanto, una lista conjunta no es garantía de un grupo parlamentario fiable, cohesionado o incluso digno siquiera de tal nombre, como ya sucedió con el grupo parlamentario salido de las elecciones de 2023 y del que Podemos no solo ya no forma parte sino que más bien ha preferido en ocasiones a alinearse con los adversarios del Gobierno.

El votante de esa izquierda no socialista deberá acudir el 19-N a las urnas no con una pinza en la nariz pero sí con los oídos taponados para no escuchar los reproches mutuos y con los ojos cerrados para no ver los gestos hostiles que se dirigirán unos a otros. Ese votante tendrá pocos incentivos para dar su apoyo a un Frente Amplio que en realidad operará como un Frente Agrio. Un Frente Agrio galopando ciegamente, locamente, tontamente hacia el abismo. Frente Amplio. Frente Agrio. Frente Vacuo. Frente Sandio.