Sobre nuestras piedras lunares

Manuel Montejo

Jaén, esa ciudad donde todos miran al vecino

Unas primarias pueden servir para reforzar a un candidato, pero también pueden servir para demostrar que necesita ser reforzado

La política jiennense tiene una virtud que conviene reconocerle: nunca deja de proporcionarnos motivos para la reflexión. A veces incluso sin proponérselo. En este caso, podríamos hablar de un elemento tranquilizador para todo aquel que vive de ella: pase lo que pase, siempre encontramos a alguien a quien echarle la culpa.

Las municipales de 2027 empiezan a parecerse menos a una batalla por conquistar la Alcaldía de Jaén que a una competición para ver quién consigue llegar a la meta con menos heridas autoinfligidas. Y eso, en una ciudad que lleva demasiado tiempo necesitando buenas noticias, tiene su gracia. Si no fuera porque hablamos del Ayuntamiento.



A falta todavía de muchos meses, los partidos han comenzado ya a colocarse en el tablero y, curiosamente, casi todos parecen estar mirando al vecino para decidir cómo deben comportarse ellos. El PP observa las dificultades del PSOE; el PSOE mira las posibilidades de la derecha; la izquierda alternativa vuelve a descubrirnos la necesidad de la unidad y Vox contempla el panorama con esa paciencia que suele tener quien sabe que, aunque no gane, puede acabar siendo imprescindible.

El problema es que, mientras todos intentan aprender de los errores ajenos, corren el riesgo de repetir los propios. Porque, aunque miren al vecino, al partido más próximo, nunca miran a sus vecinos, a los jiennenses.

El Partido Popular ha hecho su movimiento con Isabel Azañón. Su elección tiene algo de inesperado y, precisamente por eso, puede tener bastante sentido. Nadie, posiblemente ni ella misma, parece haberla visto venir, y quizá esa sea precisamente una de las virtudes de la operación. Azañón no llega a la candidatura con el desgaste de una larga batalla electoral reciente ni representa una ruptura brusca con el perfil tradicional del PP jiennense. Es una figura conocida, de trato cercano y con cierta experiencia municipal, pero que todavía tendrá que construir el liderazgo político que requiere una Alcaldía.

Y ahí está, probablemente, el principal reto de su candidatura. No tanto conseguir que Azañón resulte una candidata aceptable para una mayoría de jiennenses, algo que puede estar bastante al alcance de la mano, como conseguir que el conjunto de la candidatura transmita desde el primer día que detrás de ella hay un proyecto de gobierno sólido y un equipo preparado para gestionar una ciudad que no necesita precisamente más experimentos.

Porque el PP puede encontrarse con una situación bastante curiosa: puede tener una candidata suficiente para ganar unas elecciones antes de haber demostrado que tiene un equipo suficiente para gobernarlas.

No es una crítica personal a Azañón. Es, más bien, la consecuencia lógica de haber apostado por una figura que necesita todavía ganar peso político propio. Y eso se puede construir. Lo que no se puede construir en una semana es la autoridad de un gobierno cuando ya se está sentado en el despacho de la Alcaldía.

Por eso el PP haría bien en mirar hacia atrás antes de mirar demasiado hacia adelante. Recuperar el Ayuntamiento no debería ser solamente una operación electoral. También tendría que ser una operación de aprendizaje. La experiencia de anteriores gobiernos populares debería servir para formar un equipo reconocible, competente y equilibrado, especialmente en las áreas donde una ciudad como Jaén se juega buena parte de su futuro.

Porque una cosa es ganar la Alcaldía y otra bastante distinta gobernar Jaén.

Y aquí aparecen las matemáticas. En 2023, PSOE y PP quedaron prácticamente empatados: 20.732 votos socialistas frente a 20.435 populares, con once concejales para cada uno. Jaén Merece Más obtuvo tres y Vox dos. La mayoría absoluta está en catorce.

Aquella fotografía tenía una pieza decisiva en el centro. JM+ podía hacer que los once concejales del PSOE fueran suficientes para gobernar o que los once del PP terminaran en la Alcaldía. Y eso fue exactamente lo que ocurrió: el PP llegó a la investidura con JM+ y, posteriormente, los movimientos del partido municipalista acabaron llevando a Julio Millán de nuevo al despacho de la Alcaldía.

Pero el tablero de 2027 puede ser diferente.

Si no aparece una nueva fuerza municipalista o similar capaz de ocupar el espacio que en 2023 ocupó JM+, el margen para las carambolas disminuye considerablemente. JM+ sigue siendo una incógnita y sería temerario darlo por muerto, pero sus resultados más recientes no invitan precisamente al optimismo. Su paso por el Gobierno municipal, con ambos Alcaldes, solo puede ser catalogado como decepcionante e intrascendente para jaén. Además, en las últimas autonómicas sufrió un retroceso muy importante (pasó de casi 9.800 votos a 3.760), lo que hace bastante más difícil imaginar que pueda volver a convertirse, con la misma fuerza, en aquella bisagra de tres concejales, ya que la política municipal es otra cosa y las elecciones municipales tienen memoria propia.

Todo esto modifica bastante las cuentas.

El PSOE tiene un techo electoral conocido. Alrededor de veinte mil votos es, en términos municipales recientes, su territorio natural. Incluso en un escenario muy favorable, esos votos difícilmente le permiten alcanzar por sí solo los catorce concejales que necesita para gobernar sin depender de nadie. Y si a eso añadimos que no parece probable, al menos hoy, la aparición de otra fuerza capaz de repetir el papel de JM+, el camino del PP hacia una mayoría junto a Vox resulta bastante más despejado. Por eso el PP puede permitirse una paradoja: no necesita arrasar para gobernar. Le puede bastar con ser el partido más votado del bloque de la derecha y que Vox conserve su espacio. Y quizá por eso el PP haya elegido una candidata que no genera demasiado ruido. La operación tiene sentido.

No significa que el PP tenga la Alcaldía ganada. Significa algo quizá más incómodo: no necesita hacer una campaña extraordinaria para tener una oportunidad extraordinaria. Y esa diferencia debería obligarle a ser especialmente cuidadoso.

Mientras el PP prepara su candidatura, el PSOE ha conseguido convertir una ventaja que cualquier partido desearía tener —contar con un alcalde en ejercicio— en un problema interno que ha terminado reclamando la intervención de la dirección regional, ya que el PSOE de Jaén optó por complicarse la vida por iniciativa propia.

Julio Millán decidió renunciar a la posibilidad de quedar automáticamente exento de primarias y pidió que el proceso se celebrase. Después apareció Carlos Alberca, su propio teniente de alcalde, dispuesto a competir por la candidatura. Y lo que inicialmente podía interpretarse como una apuesta por la legitimación interna terminó convirtiéndose en una situación que el PSOE andaluz ha considerado necesario cerrar. Porque, aunque democráticamente no haya nada que objetar, políticamente, la pregunta es otra: ¿era necesario?

Unas primarias pueden servir para reforzar a un candidato. Pero también pueden servir para demostrar que necesita ser reforzado. Y eso es especialmente delicado para un alcalde que aspira a un tercer mandato y que, además, necesita convencer a los ciudadanos de que el Ayuntamiento no sólo funciona, sino que funciona suficientemente bien como para merecer otros cuatro años. Además, lo hace justo cuando se están jugando perder una Diputación que política, laboral y económicamente es clave para el PSOE jiennense y que depende de los votos de la capital.

María Jesús Montero ha sido bastante explícita. Ha respaldado a Millán, ha dicho que será el candidato y ha dejado claro que la dirección regional no quiere primarias en Jaén. También ha recordado que Jaén es la única capital andaluza gobernada por un alcalde socialista y que mantener la Diputación jiennense es una prioridad para el PSOE-A.

Y aquí está lo verdaderamente significativo.

Las primarias no son el problema. El problema es haber llegado a necesitarlas para después tener que evitarlas. Porque si el alcalde en ejercicio es, como dice Montero, el candidato y el próximo alcalde, la pregunta inevitable es por qué hubo que abrir el proceso. Y si el proceso se abre y un miembro del equipo de gobierno decide competir, la dirección regional tiene que explicar por qué una cuestión que debía ser prácticamente rutinaria ha terminado requiriendo una intervención desde Sevilla.

El episodio Alberca puede terminar en nada. Es perfectamente posible que no consiga los avales necesarios o que decida retirarse. Pero el PSOE ya ha enseñado algo que probablemente no quería enseñar: que existe una discusión interna sobre el liderazgo de Millán.

Y eso es especialmente inoportuno cuando enfrente hay un PP que acaba de presentar candidata y que puede empezar a construir su relato de cambio mientras los socialistas explican que, en realidad, todo está perfectamente controlado.

La política tiene esas pequeñas ironías. El PSOE ha querido abrir una puerta para demostrar que no tiene miedo a la democracia interna y ha tenido que llamar a la dirección regional para pedir que alguien cierre la puerta. Todo muy ordenado.

Y mientras tanto, la izquierda alternativa vuelve a enfrentarse a su propio clásico: la unidad.

IU ya ha anunciado que iniciará conversaciones con otras fuerzas para intentar construir una candidatura conjunta. La intención es comprensible. En 2023, la fragmentación dejó a varias candidaturas de izquierda con suficientes votos para alimentar una conversación política pero no para conseguir representación municipal.

El problema es que en política la suma de partidos no siempre produce una suma de ciudadanos. Y Jaén ya conoce bastante bien ese experimento.

Cada vez que se pronuncia la palabra "unidad", aparece inevitablemente una segunda pregunta: quién encabeza, quién ocupa los siguientes puestos, qué siglas aparecen, qué organización tiene más peso, qué programa se impone y quién tiene que ceder. Y así, lo que empieza como una reflexión sobre cómo construir una alternativa puede terminar convertido en una negociación sobre quién ocupa la primera silla.

Es decir, la unidad siempre parece sensata. Hasta que empieza la negociación. Porque en política la palabra unidad tiene una particularidad: cuanto más se pronuncia, más importante se vuelve decidir quién va primero. Y ahí puede estar el error.

La izquierda alternativa de Jaén no necesita solamente sumar siglas. Necesita sumar ciudadanos. No es exactamente lo mismo.

Puede presentar una candidatura con cuatro partidos, seis logos y una declaración solemne sobre la unidad de la izquierda y seguir teniendo el mismo problema de siempre: que el ciudadano no sepa muy bien quiénes son ni qué pretenden hacer con la ciudad.

Quizá la izquierda alternativa debería hacerse una pregunta algo más incómoda: ¿necesita realmente una candidatura más grande o necesita una candidatura diferente?

Ahí es donde la apuesta de Adelante Andalucía puede resultar interesante. Presentarse con una marca propia y reivindicar una izquierda nueva puede parecer una estrategia arriesgada, pero también puede tener una ventaja: evitar que la renovación se limite a poner juntos a los mismos actores de las mismas conversaciones. Y puede ser una oportunidad, como ya demostró en las andaluzas, porque a lo mejor la izquierda alternativa no necesita otra confluencia.

Jaén podría necesitar precisamente esto. Una candidatura con gente nueva, otro lenguaje, otras formas, una manera distinta de relacionarse con un Jaén que hace tiempo que dejó de escuchar determinados discursos y una persona al frente capaz de hablar de la ciudad sin tener que empezar explicando las guerras internas de la izquierda durante los últimos quince años.

Incluso podría ser una mujer. No por cumplir una fotografía de renovación, sino porque una candidatura realmente nueva necesita personas que no lleguen al Ayuntamiento con todo el equipaje político de quienes ya han pasado demasiadas veces por la misma casilla.

Y después está Vox. En este escenario, quizá sea el partido que tiene menos necesidad de hacer grandes movimientos. Si mantiene su espacio electoral y conserva sus dos concejales, ya puede resultar determinante. Si crece, todavía más.

Su posición tiene algo de privilegiada: mientras PP y PSOE se disputan el centro del tablero, Vox puede limitarse a conservar su electorado y esperar a que los demás hagan las cuentas.

Puede incluso ocurrir que el partido que menos posibilidades tenga de gobernar sea el que más fácilmente pueda decidir quién gobierna.

Y así llegamos al verdadero problema de estas elecciones.

Todos están mirando al vecino.

El PP ve un PSOE dividido y cree que ahí está su oportunidad. El PSOE ve un PP que todavía tiene que demostrar que ha aprendido de sus anteriores gobiernos y confía en que eso pueda pesar más que las matemáticas. La izquierda alternativa ve la posibilidad de recuperar un espacio perdido, pero corre el riesgo de volver a encerrarse en sus propias negociaciones. Vox sabe que, si el escenario se mantiene, puede volver a tener la llave.

Todos tienen parte de razón. Y precisamente por eso todos deberían tener también algún motivo para preocuparse.

Porque que a un partido le vaya bien no significa necesariamente que a Jaén le vaya bien. Que el PSOE consiga mantener la Alcaldía puede ser una buena noticia para el PSOE y no resolver ninguno de los problemas estructurales de la ciudad. Que el PP consiga recuperarla será una satisfacción enorme para el PP, pero tampoco garantiza por sí mismo un mejor gobierno. Que la izquierda alternativa consiga representación será importante para sus organizaciones, pero sólo tendrá sentido para los ciudadanos si esa representación sirve para cambiar algo. Y que Vox resulte decisivo será un éxito para Vox, pero no necesariamente una solución para ninguno de los problemas que Jaén arrastra.

Ese debería ser el verdadero punto de partida de 2027.

Jaén no necesita que gane el PP, que pierda el PSOE, que entre la izquierda alternativa o que Vox consiga la llave. Necesita que, gane quien gane, alguien sea capaz de gobernarla mejor.

Y no es una cuestión menor.

La ciudad tiene problemas suficientemente graves como para que la campaña electoral no pueda reducirse a quién consigue sumar catorce concejales. La vivienda, el empleo, la limpieza, el urbanismo, la movilidad, los servicios públicos, el patrimonio, la situación económica municipal, la pérdida de población y la incapacidad tantas veces demostrada para convertir proyectos en realidades no van a desaparecer porque cambie el color del despacho de Alcaldía.

Por eso quizá haya que pedirles a todos algo bastante más difícil que ganar.

Al PP, que no confunda la debilidad del adversario con fortaleza propia. Al PSOE, que no confunda tener alcalde con tener asegurada la confianza de los ciudadanos. A la izquierda alternativa, que no confunda unidad orgánica con alternativa política. Y a Vox, que no confunda ser decisivo con estar preparado para decidir.

Porque puede que en mayo de 2027 tengamos un nuevo alcalde. Puede incluso que sepamos bastante pronto quién será. Lo que está mucho menos claro es si tendremos una nueva forma de gobernar o seguiremos cambiando todo para seguir igual, lo cual, desgraciadamente, sería un final, también, muy jaenero.

Porque, después de tantos años de olvido y dejadez,  una política diferente para nuestra ciudad, para todos nosotros, debería ser la única victoria que de verdad le importara a Jaén.