Detrás de la columna

Juan Manuel Arévalo Badía

La X-Distancia

El fenómeno se puede expresar con una sencilla notación: Compromiso = X, en la que X tiende a cero cuando el riesgo es perder un puesto relevante

En las operaciones matemáticas se pretende siempre encontrar un resultado a partir de números conocidos. En las ecuaciones intervienen las llamadas variables, que son desconocidas y que tratamos de averiguar para que se cumpla una igualdad. Esa incógnita se representa por una X, de valor ignorado, hasta que operamos para despejarla. En la vida pública ocurre un fenómeno parecido: existe un grupo de personas cuya posición política, moral o social es tan difícil de determinar que bien podrían llamarse X-distantes. Pero precisemos. Las similitudes a veces pueden confundir, por lo que la equidistancia no es lo mismo. Los cuidadores de nuestra lengua definen esta última expresión como situarse exactamente a la misma distancia de dos puntos. La X-distancia se caracteriza por mantenerse a un margen prudencial de cualquier problema que pueda salpicar sus intereses. Independientemente de la naturaleza del conflicto, la habilidad algebraica consiste en despejar siempre hacia el lugar más seguro.

El fenómeno se puede expresar con una sencilla notación: Compromiso = X, en la que X tiende a cero cuando el riesgo es perder un puesto relevante en la empresa o en la política, una columna de opinión, sacar adelante un proyecto, etc. Los expertos en X-distancia tienen una habilidad especial para dar vueltas a las cosas. Cuando aparece un debate difícil, nunca se ponen de parte de nadie: buscan la manera de esquivar el asunto. Si les preguntas quién tiene razón, responden que «todo es mucho más complicado de lo que parece». Y cuando la realidad deja bastante claro quiénes son las víctimas y quiénes los responsables, empiezan a sacar excusas, añadir explicaciones y mezclar argumentos hasta conseguir que todos parezcan tener la misma parte de razón.



La X-distancia tiene sus propias leyes: 1) Si la opinión puede incomodar a alguien, se tira de la metáfora ablandada. 2) Ante una gran injusticia, la prudencia al tratarla debe ser del mismo calado. 3) Los conflictos pueden resolverse cubriéndolos con el velo de «no todo es blanco o negro». Es una estrategia que les funciona de maravilla. Mientras otros se mojan y se arriesgan defendiendo lo que piensan, los que practican la X-distancia se mantienen siempre a salvo. No pierden apoyos porque nunca dicen nada lo bastante claro como para que alguien se enfade con ellos. Son como esos conductores que ponen el piloto automático: parece que van hacia alguna parte, pero en realidad dan vueltas y vueltas sin salir del mismo sitio, esperando a que pase la tormenta.

Los de la X-distancia también se han vuelto expertos en utilizar palabras que sirven para no llamar a las cosas por su nombre. Ya no hablan de problemas, sino de «contextos». En lugar de señalar a los responsables, hablan de «dinámicas». Si alguien miente, dicen que está «construyendo un relato». Y cuando alguien les pide que se pronuncien claramente, siempre tienen la misma respuesta: «No tengo información suficiente para opinar». Lo curioso es que esa información nunca llega. Pueden pasar los años y seguirán sin tenerla. Son los trileros sociales cuya misión se ciñe a esa parte del discurso de Cicerón: entretener. Nada de arriesgarse a convencer, porque esa parte conlleva definirse. Estas estrategias permiten asistir sin riesgo alguno a los debates, sin que nadie recuerde lo que se dijo, por mucho que se intente buscar referencias a actos o intervenciones pasadas. Cuando las ecuaciones se resuelven mal, la X permanece inamovible y lo único que cambia son los números de la operación. Cualquier valor que se le intente dar a X, como la ética social, la moral o la igualdad, da lo mismo, porque nunca despejarán la ecuación. Han descubierto que estar entre paréntesis es la manera más rentable de manejar el álgebra del interés propio. X es la letra que recubren de misterio y de una aparente elegancia, de una construcción geométrica y de un misterio inescrutable. Los algebristas que se devanan los sesos buscando la solución de la convivencia, la libertad o la justicia se pierden en la niebla generada por el X-distante para salir intactos del compromiso.

La historia deberían escribirla los valientes, pero las grandes rentas se obtienen esperando a que la historia señale cómo solucionarlo.