Hay una estrategia en marcha desde hace años y parece que nadie ha caído en la cuenta de ella. De soslayo, con nocturnidad y alevosía, alimentan un monstruo peligroso para la mayoría que a pasos agigantados, pero firmes, nos está devorando. Un ente que parece intangible, que nadie sabe lo que es, un ser mitológico para unos, necesario para otros, que muchos creen leyenda más que realidad.
Me refiero al Estado del Bienestar y todo lo que se supone que debería estar haciendo por quienes más lo necesitan. Aquí ya sabemos cómo se las gastan los nuevos en llegar. Que si a los de aquí nos lo quitan todo para dárselo a inmigrantes ilegales que nos están colonizando, que si te quitan a ti tu sanidad pública para atender a los moros y sudamericanos, que si las paguitas, que aquí no cabe todo el mundo… En fin, nada que no sepas ya y que no hayas apoyado porque «has estado investigando los datos reales y has comprobado que tus nuevo ídolos llevan razón».
El problema de acceso a una vivienda es culpa de la invasión que sufrimos, el de la sanidad y su desmantelamiento, también. Que nadie venga a decirte a ti, oh gran conocedor y lector trepidante de prensa fiable, quiénes son los malos en esta historia. Ni un solo semón rojeras de que lo que está sucediendo es el desmantelamiento sistemático de ese supuesto Estado del Bienestar que tenía España hasta hace bien poco. Por ahora, el sistema se mantiene en pie, a pesar de los continuos bombardeos a su base de flotación, la supuesta redistribución de la riqueza, léase nuestra sanidad y educación pública, la dependencia, el sistema de pensiones o la vivienda. Las grietas se veían desde el Artemis II, pero tú, a pesar de que esto sucede en tu familia, calle y barrio, todavía no te has dado cuenta.
¿Cómo han sido capaces de convencernos de que los fondos buitre y los de inversión, que están dejando sin vivienda y sin sanidad a la población, son los buenos? ¿Qué ha pasado para vendernos la burra de que son necesarios? Coge una bolsa de pipas y siéntate cómodamente en ese sofá que tiene tu forma a base de no levantar el culo de él y te lo cuento. La mejor forma de introducir el asunto es recurrir a la palabra más bella del mundo que ahora utilizan para justificar cada atraco a las tres y que muchas veces ha salido a la palestra en este bar: libertad. Esta es la base del liberalismo desde su creación, la libertad, dejar que cada uno, cada empresa, cada vampiro sea libre para que nadie, sea un Estado o la población, interfiera en sus planes. Libertad para arruinar familias enteras, para echar a ancianos a la calle, para justificar los miles de millones que se llevan las empresas privadas de la sanidad y que no resuelven nuestros problemas, libertad para que solo el que se lo haya ganado «con esfuerzo» pueda tener un techo.
Lo que para esta plaga significa la libertad y ese esfuerzo personal, no es más que mirar para otro lado mientras se hacen asquerosamente ricos a costa de nuestros derechos, incluidos los tuyos, que parece que esto no va contigo, José Luis. Vamos de cabeza a la instauración del sistema anglosajón en todos los campos importantes: todo el que no pueda pagarse un seguro médico y una escuela privada, ya sabe, a la puerta de la iglesia a pedir. ¿Y sabes quiénes están alimentando a este gigante que nos come terreno cada día? La gente a la que votas y algunos a los que no, vaya por delante.
Pero, vamos, que tampoco me hagas caso, que yo tengo lo justo para ir tirando. Tu haz lo que creas que es mejor, pero procura no ponerte malo. Si tienes nietos o hijos en edad escolar, más vale que les metas prisa y que terminen sus estudios cuando deben, porque a este paso, quizá, solo quizá porque no conozco tu situación económica, tengas que verte en la difícil decisión de vender ese sofá del que no te levantas para pagar una consulta médica o la matrícula de la universidad. Que igual tus hijos tienen becas de estudio y te estoy soltando aquí la chapa de cuidar lo público, lo que nos cae del cielo por obra y gracia de los impuestos que ahora, antes quizá no, pides a gritos que te bajen o eliminen directamente.
Yo suelo venir cada cierto tiempo a darte unas lecciones que no sé si necesitas, pero viendo el panorama de ilustrados votantes y fanáticos de nuevo cuño que pueblan las aceras de España, no sé, me da que algo de culturilla o de información nos falta. La creciente ola que lleva tiempo recorriendo el mundo, solo puede responder a dos cosas: la ignorancia de los fieles o los intereses económicos de unos pocos. «Sobre esta piedra edificaré mi iglesia», templo en este caso que hará que miles de personas se arrepientan tarde de lo que ahora ignoran.
Hay frases lapidarias que definen muy bien este nuevo perfil para algunos, modificado para otros, de tertuliano y perito en bulos, ilustrado en alambres varios. «Nadie es cristiano hasta que se mueve el avión», «la sanidad pública no te preocupa hasta que vas con tu madre a urgencias» o «la dependencia es insostenible hasta que tus padres empiezan a preocuparte». Estas tres cosas sin importancia para ti están al borde del abismo. No porque yo sea un pájaro de mal agüero, no. Te lo he dicho al comienzo. Hay una trama para lograr que quien necesite ayuda, o se la paga de su bolsillo o ya sabe el final. Como cierre, toma nota de quiénes son y viven los que ahora te cuentan que todas las ayudas con para inmigrantes ilegales y demás. Nadie está en una situación económica preocupante, no como tú, que por poder tomarte un tus cubatas con los amigos crees que no necesitas nada más en la vida.
De todas formas, te recuerdo que este que te habla no sabe de nada, pero sí le gusta observar lo que ocurre en otros países donde han tocado pelo las nuevas y las viejas hordas radicalizadas, porque le comen la tostada los nuevos soldados. Si no me crees, echa un vistazo a la Argentina y al Iuesei de hoy, analiza con cuidado su situación, mira las no políticas que han puesto en marcha, esa agresividad contra toda persona que no acepte el nuevo estatus y después hablamos. No vaya a ser que seas tú uno de esos que primero defiende a los nuevos generales y mañana los critique porque, igual sí, igual no, deciden deportarte o negarte el pan y la sal que hoy crees que no están en peligro.