Resulta difícil comprender la opinión sobre la guerra de USA e Israel (que no de Irán) que tienen esas personas que se autodenominan cristianas. No soy muy ducho en cuestiones de fe y demás asuntos personales, pero tengo la impresión de que se salen por la tangente cuando pretenden unir ambas cosas: guerra y cristiandad.
Voy a soltar mi retahíla de siempre y si en algo me equivoco, por favor, que alguien voluntarioso me enmiende la plana, que con mis cinco años de monaguillo igual no me da para mucho cuando de hablar de coherencia se trata, porque puede que no tenga convalidadas las materias necesarias en temas celestiales. Empecemos, pues, con una nueva lección de este influencer del tres al cuarto que jamás logrará comprarse una casa en Andorra con los ingresos que mis followers me harán ganar.
Según cuentan, Cristo tuvo a bien nacer en una tierra que esperaba su llegada desde siglos atrás. El porqué de ese lugar quizá solo lo sabe su creador, porque si nos ponemos quisquillosos, desde hace ochenta años es complicado convencernos de que esa tierra fue la más apropiada, viendo la historia que han ido escribiendo a base de derramamientos de sangre. Empezamos mal si la guerra forma parte de la tierra de Cristo, ¿verdad? Pero es que si nos detenemos a repasar la historia de la iglesia hasta hace cuatro días, todo se repite. Guerras en nombre de Dios, muertes en nombre de Dios, sangre inocente derramada en nombre de Dios. No es algo exclusivo de la religión cristiana, porque como decía Dan Brown en El código Da Vinci, «siempre que ha habido un dios se ha matado en su nombre». Es aquí donde aparece la excusa de que «el ser humano es imperfecto» cuando preguntas a alguien de la congregación por los horrores en este sentido. Básica y ramplona respuesta para algo que no debería tener cabida en la vida de un verdadero cristiano.
Esas personas influyentes que se hacen llamar cristianas, radicales la mayoría, son tan falsas como la monea de Imperio Argentina. Iuesei está plagada de esta gente que ahora copa los órganos de decisión más poderosos del planeta. Que no, que ni cristianas, ni creyentes ni pollas en vinagre. La fe es una herramienta más como lo ha sido a lo largo de la historia. De su mano va el odio y el miedo al otro, la otredad, articulando argumentos vacíos y terroríficos para justificar miles de asesinatos en nombre del dinero y el poder. Y, claro, como siempre, en España esto está a la orden del día. Una de las herencias más abominables que nos dejó el franquismo es aparentar esa religiosidad falsa para continuar con el argumento de que en nombre de Dios pueden hacer cualquier cosa. Rezar ante las puertas de una clínica abortiva, impedir que una persona pueda ejercer su derecho de morir en paz cuando lo desee o exterminar a sangre fría a todo un pueblo para estar siempre, según sus argumentos, en el lado correcto, que no es otro que el que lanza los misiles contra colegios y zonas residenciales. Sí, queridas, la gente a la que aplaudís como buenos cristianos necesitan matar y someter a pueblos enteros para hacerse aún más ricos y vuestro apoyo es necesario para que esto ocurra. Crímenes de guerra que quedarán impunes con la excusa del orden mundial y la lucha por una democracia en la que ni ellos ni vosotros creéis.
La muerte y el miedo siempre han sido rentables, y quienes dan las órdenes son los mismos que se alzan como defensores de un cristianismo que murió el mismo día que alguien levanto una espada en su nombre. Si hace falta, se mete en el despacho oval a un grupo de fanáticos religiosos para que recen públicamente, que eso siempre queda bien en las cámaras del circo mediático en el que el horror se ha convertido. O nos vestimos de gala para ir de procesión en Semana Santa por la tarde mientras por la mañana hemos declarado estar del lado del horror. Y si es un lunes santo, pues mejor. Curiosamente, este día se celebra la expulsión de los mercaderes del templo por Jesús. Sí, sí, los mercaderes, los mismos que llevan años asesinando y estrangulando países de medio mundo para hacerse con sus recursos naturales o para controlar zonas estratégicas para la circulación mundial de mercancías. Pero, claro, no les vayas a llamar asesinos, que se enfadan y te señalan como comunista.
La hipocresía es tan grande que han perdido la vergüenza, el honor y la humanidad. Pero no va esto solo de guerras, porque hay decisiones más cercanas que vemos a diario. Una gestión pésima de la sanidad de todos, desviar fondos de guarderías para otros propósitos, echar de sus casas a personas vulnerables o influir en la justicia para que no paguen los malos, son también formas de demostrar que tenéis de cristianos lo que yo de analista social. No diré aquí que muchas veces me han dado ganas de sacar a rastras a muchas personas de una procesión o de una iglesia y escupirles a la cara su desfachatez. No serviría para nada porque esta gente sabe lo que son en realidad, cualquier otra cosa que no tenga que ver con el amor al prójimo. Un ejemplo reciente es este: la directora de la Oficina de la Fe de Trump, en un vídeo publicado por ella en sus redes, te aseguraba que si le mandabas 1.000 dólares en Semana Santa recibirías siete bendiciones. Esta señora es millonaria gracias al negocio de la fe. Otros lo son por el de las armas.
Y si nos detenemos a entender a los líderes y grandes empresarios sionistas, arriaos vamos. Ni religión, ni dios ni altar más venerado que el dinero y el poder. ¿Que el pueblo donde vino Cristo a nacer es uno de los ejércitos más poderosos del mundo? Quién nos lo iba a decir, ¿verdad? Y cucha tú que, además, los caprichos de la naturaleza hicieron que también en aquella zona, sobre todo en países musulmanes, estuviesen las mayores reservas de petróleo. Es caprichoso el azar al dar el oro negro a los sarracenos.
Sea como sea, a nadie engañan con sus sermones y homilías en defensa de la vida y otras mentiras, porque si realmente creyeran en tales teorías, España sería otra. Quizá, incluso este que os habla se acercaría más a esta gente. Pero, de nuevo, no. Que si antiabortistas, anti eutanasia, provida, pero tras estos eslóganes solo vemos políticas que permiten el sufrimiento más inhumano a cambio del lucro de grandes empresas que mañana les abrirán sus puertas a estos «cristianos» de hoy.
Que arderéis todos en el infierno lo saben hasta en la última fosa común de Gaza o bajo cada casa derribada en Irán, Venezuela y, en breve, en Cuba, donde estáis sometiendo a la población para continuar con vuestro plan. No sé a vosotros, cristianos de cartón, pero a mí Cristo sí me cogerá confesado. Me ha prometido que tendré un asiento privilegiado. Es lo que tiene no haber perdido jamás el amor por personas que nunca conoceré y que por culpa de vuestro odio, bombas y quienes están de vuestro lado, me encontraré el día del juicio final. Será entonces cuando os veamos arder en el infierno mientras pensamos: «es lo que os habéis buscado».