La bisagra

Raúl Beltrán

Demasiados miguelitos

Quienes aceptáis tener a un miguelito en vuestra casa llamándoos charos con tanto desprecio deberías recriminárselo

Ha sido este año la manifestación del 8M, la del Día de la Mujer, más concurrida que las de años anteriores. Alrededor de 2.000 hombres y mujeres recorrieron las calles de la capital reivindicando la igualdad real, la que no ancla a la mujer al eterno silogismo machista que escupen otros miles de hombres en sus comentarios en las redes cuando ven a joven que porta un cartel diciendo: “Marcho hoy junto a sus amigas para no marchar mañana por ellas”.

No sé qué es antes, si el huevo o la gallina, me la pela entrar en esa digresión, la verdad. No sé si hay más miguelitos hablado de las charos porque hay más charos hasta el coño de los miguelitos. Lo que sí me preocupa es que detrás de miguelitos que vomitan su miseria paleolítica con un nivel de violencia verbal en las redes, hay, con toda seguridad, una madre, una mujer y posiblemente una hija, o más, quien sabe. Y me preocupa que esas charos, porque así es como las define el macho alfa de su casa, no respondan ante esa agresividad de semental venido a menos. Tal vez ellas piensen lo mismo, crean que hay una sobreactuación en la puesta en escena de la reivindicación de los derechos de la mujer, pero de lo que estoy seguro es de que el tono arrogante, bravucón, fanfarrón y farolero del miguelito sí les debería molestar, o al menos, recordarlo cada vez que por la noche un amigo la acompaña hasta la puerta de su casa o le pide al taxista que no se marche hasta que haya entrado al portal.

Quienes aceptáis tener a un miguelito en vuestra casa llamándoos charos con tanto desprecio deberías recriminárselo del mismo que lo hacéis cuando cualquier baboso os mira a las tetas más que a los ojos en un pub, o en el trabajo.



Los cobardes siempre encuentran cobijo en algún sitio, ya sea en el sesgo de confirmación política en su casa, ya sea en las redes sociales como un trol de mierda.