La chapa

Carlos Oya

El Mundial y los Austrias

Bien podría haber salido “la roja y gualda” con una sábana hurtada de algún tendedero yanki con la leyenda “¡Devolvednos la Septimania!”

 El Mundial y los Austrias

Foto: EXTRA JAÉN

Carlos Oya

En la Edad Media “la tregua de Dios”, impuesta por el Papa, prohibía la actividad bélica los domingos y en las fiestas religiosas más importantes. Las Olimpiadas originales griegas imponían un armisticio sagrado entre los participantes para que los contendientes seleccionados por cada “polis” acudiera con seguridad a Olimpia. Hoy en día los grandes eventos deportivos no paran los conflictos sino que, como grandes prestidigitadores, los hacen desaparecer no sólo de los noticiarios generalistas sino de la mente de las personas que es sólo apretarlas un poquito y supuran fútbol. La guerra de Ucrania sigue, Estados Unidos e Irán vuelven a la gresca, Israel con más de 1.000 palestinos muertos después de firmar la paz, incendios todos a la vez en todas partes ( al igual que los tertulianos incendiólogos), la guerra del Sahel (bueno, de ésta tampoco se hablaba antes)… Todo eso desaparece, no lo vemos o no lo queremos ver como los romanos de “La vida de Brian” al entrar en casas judías a la busca de elementos subversivos.

No es nada nuevo, lo que sí va a ser recordado de este mundial es la cantidad de “memes” relacionando los monarcas españoles de los Austrias con los partidos de la selección. Las redes se han llenado de retratos de Tiziano pero también de Pantoja de la Cruz o Sofonisba Anguisola, la mayoría ‘tuneados”, para contribuir al chascarrillo. Bienvenidos sean si así las masas se interesan por la Historia.

Dicho esto, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, aprovecho para meter mis morcillas. Se ha dado la casualidad de que gran parte de los rivales de la selección son naciones con las que España ha compartido soberano o, en otras ocasiones, corresponden a antiguas posesiones de la corona española.



En la fase de grupos España se batió contra Portugal pero también con Cabo Verde. Las islas de Cabo Verde, tan importantes como las Canarias en las navegaciones transatlánticas y referencia para el Tratado de Tordesillas (1494) que repartió de modo voluntarioso el mundo en dos áreas de influencia: la española y la portuguesa, fueron dominio luso desde el siglo XV hasta la ola descolonizadora de la segunda mitad del siglo XX. En 1580 ante el vacío de poder en el solar portugués tras la muerte del anciano rey Enrique, obligado a colgar los hábitos (era cardenal) y ceñir la corona por el óbito (para algunos desaparición) del rey Sebastián en Mazalquivir, a la sazón su sobrino nieto, Felipe II de España hace valer sus derechos dinásticos y sobre todo su formidable ejército al mando del Duque de Alba: se corona rey del país vecino. Cabe mencionar que Felipe respetó las instituciones, leyes, monedas…no lo llamaría anexión y en ningún momento los portugueses llegaron a ser españoles (castellanos quizá sería más correcto conociendo la estructura política del reino y la idiosincrasia de Felipe). Sólo fue un añadido patrimonial que duraría hasta 1640 cuando Portugal se desliga de España con la coronación de la nueva dinastía de los Braganza.

Todo esta perorata porque en la fase de grupos España no sólo se enfrentó a Portugal, con chistes del ex de “Bloody Mary” (los protagonizados por Carlos V pecan de anacronismo), sino también lo hizo con Cabo Verde, una colonia portuguesa, por ende y debido a lo señalado más arriba, antigua propiedad española al menos durante un intervalo. Aquí no hubo memes y sí mucha peña pez en geografía.

La relación de los Austrias con la futura Uruguay es efímera y testimonial (algún asentamiento de breve vida fundado por Caboto y poco más). Hay que esperar a los Borbones y la primera fundación de Montevideo (1722) para hablar de presencia efectiva española en tales territorios hasta entonces dominados por los portugueses. Ya en 1777 en aras de una mejor administración se conforma el virreinato del Río de la Plata que ,”grosso modo”, lo integrarían las actuales Argentina,Uruguay, Paraguay, Bolivia junto a otros territorios menores (las Malvinas sin ir más lejos) liberados ahora de la tutela de Perú. Ya en estos tiempos hubo rivalidad entre la capital del virreinato ( Buenos Aires) y Asunción, principal estuario del Río de la Plata con una boyante actividad económica. Curiosamente Uruguay no se independizó de España. Cuando llegó la ola libertadora a toda la América Española, por y durante las guerras napoleónicas, la futura Uruguay era denominada la Banda Oriental (junto a otros territorios en litigio como Misiones) y Gervasio Artigas apostó por una confederación autónoma junto a otros territorios argentinos (provincias del sur). El pulso entre centralismo, federalismo y autonomía que sacudió al antiguo virreinato lo aprovechó Brasil (todavía portugués) para anexionarse la ya mencionada ‘Banda Oriental” que pasaría a llamarse ‘Provincia Cisplatina” …pero no por mucho tiempo. La “sublevación de los 33 orientales” reanuda la guerra y se firma una paz con condiciones: los portugueses se van y la Banda Oriental se proclama independiente de cualquier soberano aunque reconoce sus lazos con Argentina: nace Uruguay (1825). Por supuesto todo es más complejo.

Y en los dieciseisavos de final España se enfrentó a Austria. La madre del cordero.
La dinastía de los Habsburgo entronca con los Reyes Católicos (dinastía Trastámara) tras el matrimonio de la infanta Juana, a la postre llamada “la Loca”, con Felipe “el hermoso”, primogénito de Maximiliano Habsburgo y María de Borgoña.

Felipe fue rey consorte y efímero de Castilla (1506) bajo el nombre de Felipe I (Fernando de Aragón seguía vivo y por tanto soberano de Aragón). Su deceso y años después el de su suegro (1516) condujo a una cadena de regencias hasta la llegada de Carlos a la mayoría de edad primero y a la postre hasta su desembarco en sus reinos hispanos. Carlos fue rey de España pero también de Austria, de los restos del ducado de Borgoña y emperador de Alemania. Lo de emperador era en principio un título honorífico, electivo por un número limitado de príncipes alemanes previamente sobornados ( una FIFA adelantada a su tiempo) con escaso poder práctico. Al ser una de las obligaciones teóricas del emperador proteger la fe católica Carlos emprendió no sólo la guerra contra los turcos sino contra cualquier tipo de reforma dentro de la Iglesia (protestantismo, calvinismo…).

Su enunciado tópico ya enumera sus soberanías múltiples a saber: “Carlos V de Alemania, I de España” (no entiendo a los españoles, yo el primero, referirnos a nuestro monarca con el ordinario alemán, es decir Carlos V, en vez del español, Carlos I. La ciencia lo estudiará en su momento como el ser los únicos en llamar “U dos” a U2 ,pronunciado “U two”, al igual que “B Cincuenta y dos” a los B 52, pronunciados “B Fiftytwo” ). En teoría ningún reino estaba subordinado a otro. Ni se “aborgoñó” la sociedad española (no así la corte ) ni se españolizó Austria. ¿Fue Carlos más español que austríaco, borgoñón…? Es una cuestión que todavía sigue en el tapete, “doctores tiene la iglesia”.

Cierto es que eligió morir en España (1557, Yuste) pero nació en Gante (1500) y toda su crianza y juventud se desarrolló en Flandes dentro de la “etiqueta borgoñona” (de la que importó la orden del “toisón de oro”, muy alejada de los usos de los reinos hispánicos). Sus lenguas maternas fueron el flamenco y el francés, el castellano vino después. Por otro lado la mayoría de su ascendencia era de casas reales ibéricas aunque la segunda obsesión que lo persiguió ( la primera era la persecución de la herejía) fue la recuperación de los territorios de Borgoña arrebatados a su abuela paterna por los franceses ( la Borgoña en sí misma). Más allá de todo esto sus súbditos españoles (especialmente los castellanos, los que más pechaban) no sólo es que se desentendieran de sus problemas germánicos o de Flandes , es que le exigían que sus impuestos no se gastarán allende sus fronteras sin arreglar primero los problemas de sus propios reinos. Todo esto estalla en la revuelta de las Comunidades. Con esto quiero decir que a un campesino de Cambil del siglo XVI le traía sin cuidado que su rey fuera emperador o la victoria de Mühlberg. Lo que quería era que le bajarán los impuestos (especialmente la alcabala). Frente a él se erigía el reflejo especular de su hermano Fernando, nacido y criado en España, amado por su abuelo materno y generador de simpatías para con el reino peninsular. Terminó coronado rey de Austria y sucedió en el imperio a su hermano… ¿destinos cruzados?.

Hablemos ahora de Francia, el enemigo secular de España junto a los ingleses. Carlos heredó por parte borgoñona territorios que confoman la actual Francia (Charolais, Artois Franco Condado) ante la indiferencia mayoritaria y tradicional de sus súbditos hispánicos. Más picó la pérdida del Rosellón tras el Tratado de los Pirineos (1659) pues dichos territorios estaban asociados tradicionalmente al principado de Cataluña. Vista la permisividad política de la que se hizo gala frente a Argentina con el asunto de las Malvinas bien podría haber salido “la roja y gualda” con una sábana hurtada de algún tendedero yanki con la leyenda “¡Devolvednos la Septimania!”.

Y por último Argentina…pero ¿quién a estas alturas y ya con lo rodado tiene ganas de hablar de Argentina?