La chapa

Carlos Oya

Oximoron

A Gabriel Rufián, con más caras que un dado, se le ven ya las costuras

El otro día me topé en el canal “24 horas noticias” de RTVE (el único que sintoniza mi receptor) con la emisión en directo de la charla entre el representante de Más Madrid en su respectiva Asamblea: Emilio Delgado y el inefable Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso ante un público entregado antes de decir “Buenas”. Y duré media hora, porque lo que llegué a dilucidar más que un intercambio de ideas fue un “tú me das cremita, yo te doy cremita” con una moderadora que a tenor de las preguntas e intervenciones más que moderar masajeaba. No pude aguantar más por vergüenza ajena. Y no hablo del fondo sino de las formas. Yo soy de los que piensan que una multa con una falta de ortografía no se debería pagar por principios. Ciertamente el representante de Más Madrid adoptó un perfil más moderado y menos “agrit pop’ aunque no pudo escapar de ese tono almibarado compartido de tales saraos donde todo es ilusionante, asambleario, empoderado, sinérgico e ignífugo…pero al menos no fue ordinario. Porque Rufián y la presentadora no dudaban en usar expresiones de venta castellana que de tantas veces decir “joder” e “hijoputa” parecía una película de Tarantino en vez de un acontecimiento supuestamente intelectual. A mí me parece una falta de respeto y de educación pero el “fandom” los jaleaba con cada grosería. Y luego fascismo, fascismo y requetefascismo… ¿Les suena la expresión “banalización del mal”? Les faltó decir que antes de acostarnos miráramos debajo de la cama por si había un falangista agazapado. Por lo poco que vi y los efectos que tuvo en el resto de los partidos de la izquierda en días posteriores fue el parto de los montes, a lo sumo un brindis al sol pero a día de hoy no se otea la unión de todas las izquierda, algo que tiene poco de novedad pues el frentepopulismo es más viejo que el hilo negro. Y a Gabriel Rufián, con más caras que un dado, se le ven ya las costuras. Que se ahorre el chascarrillo de un minero que llega a casa y prefiere ponerse a ver “unas hormigas” que leer a Gramsci o al menos sugiero dejar al pobre Gramsci en barbecho y sustituirlo por Kautsky, Koprotkin, Rosa Luxemburgo o el mismo Lenin. Luego se dedicó a repetir como un mantra lo de “orden, eficacia y método” que recordaba poderosamente el lema positivista que preside la bandera de Brasil: “Ordem e progresso”. Pero si vamos al meollo el problema es que Rufián se nos ha revelado como un oxímoron con patas. Una nieve que arde, un fuego que hiela, un separatista que une. “Es difícil ser verde” cantaba la rana Gustavo pero más difícil es ser Rufián.