En Andalucía acabamos de vivir una nueva campaña electoral. Una campaña, cuanto menos, extraña. Durante semanas hemos visto a representantes políticos convertir la política en espectáculo: gestos llamativos, declaraciones pomposas y estrategias destinadas más a generar titulares que a abordar los problemas reales de la ciudadanía. Y, mientras tanto, una sensación constante de que nos toman por ingenuos.
Si soy sincera, no he tenido tiempo —ni demasiadas ganas— de seguir los debates electorales. Reconozco cierta desilusión hacia la clase política, aunque quiero pensar que, en muchos casos, hacen lo mejor que saben o pueden hacer.
Sin embargo, ha habido algo que sí ha captado especialmente mi atención: un concepto que algunos grupos parlamentarios han puesto de moda durante esta campaña. El concepto de la llamada “prioridad nacional”.
No voy a detenerme en explicar qué significa este concepto para quienes lo defienden, porque probablemente ya lo conocéis. Y, sinceramente, me resulta una idea profundamente inconstitucional e inhumana.
Prefiero hablar de lo que, para mí, debería significar la verdadera prioridad regional, nacional, global y mundial.
La prioridad debería ser la igualdad entre hombres y mujeres; entre personas de diferentes culturas, razas y religiones. Debería ser la defensa de la equidad, entendida como el reconocimiento de nuestras diferencias y de la diversidad que nos enriquece como sociedad. Prioridad debería ser proteger, apoyar y cuidar a quienes más lo necesitan.
Porque una sociedad no se mide por cómo trata a quienes más tienen, sino por cómo acompaña a quienes más dificultades atraviesan. Las mujeres ya estamos cansadas de esperar a que nuestras necesidades sean una prioridad. Ha llegado el momento de gobernar de verdad. Hemos votado, hemos hablado y hemos dejado claro lo que queremos: que hagáis vuestro trabajo y os centréis en mejorar nuestras vidas, que es para lo que os pagamos.
Queremos representantes capaces de dialogar, de llegar a acuerdos y de poner por delante el interés de Andalucía y de las personas que en ella habitamos, todas las personas. Porque Andalucía no puede seguir esperando.
Ahora toca demostrar cuál va a ser vuestra verdadera prioridad.