Al encontrarme con algún paisano lejos de Jaén siempre he sentido una espontánea alegría. Si, además, ese paisano brilla con luz propia en el firmamento cultural nacional, siento con orgullo como si sus méritos también fueran un poco nuestros.
Verán, este lunes -un señalado 23F- el ubetense David Uclés ha estado con un público muy diverso en la Universidad jiennense. Unos días antes yo lo escuché en Sevilla, la ciudad de las jornadas sobre la guerra civil en las que decidió no participar cuando fue consciente del título y del cartel de la convocatoria. La polémica generada entre nuestro joven escritor de la boina y el ínclito Perez Reverte ha dado mucho que hablar. Y es que se atrevió a poner una pica en el Flandes mítico de Alatriste.
Por eso se lo esperaba con gran expectación y no defraudó. Un soplo de aire fresco recorría la sala abarrotada cuando hablaba a los sevillanos con la misma magia que late en su escritura. El hecho de haber vendido ya 400.000 ejemplares de La península de las casas vacías ha empoderado al “muchacho tímido de Úbeda”, que se ha revelado como un escritor rebelde -pero no soberbio- capaz de posicionarse con coraje y de replicar con convicción al mismísimo sursuncorda, lo que muchos agradecemos en estos tiempos de oscuridad y desesperanza.
No encontré en él ni trampa ni cartón. Solo percibí autenticidad en este escritor, joven pero con voz y oficio, con talento y buenas experiencias vitales, capaz de pensar y decir -con respeto- lo que piensa, de compartir sus reflexiones en las redes sociales y de asumir sus errores: sin miedo ni impostura, con música en el corazón. Y me sorprendió encontrar en su visión del mundo ese realismo rural jiennense que suscribo cuando afirma ser un privilegiado porque aunque esté cansado de tanta gira, “más cansa trabajar recogiendo aceitunas”. Gracias, paisano David, por poner también esa pica en la memoria de mi generación.