Jaén lleva años buscando una nueva fuente de riqueza. Se habla de industrialización, de turismo, de hidrógeno verde, de inteligencia artificial y hasta de atraer empresas aeroespaciales. Todo muy serio. Pero nadie se ha atrevido a poner sobre la mesa el negocio más evidente: crear un banco de semen con capital cien por cien jiennense.
No me negarán que materia prima hay. Somos una provincia donde cada semana nace una idea para salvar el olivar, otra para salvar el ferrocarril y tres para salvar la política. Lo raro es que todavía no hayamos pensado en salvar también la cuenta corriente.
Los nombres de las entidades ya los tiene registrados la imaginación popular.
Pajasol, el banco que nunca te dejará sin liquidez.
Unipaja, con un lema irresistible: "Una caja que da mucho gusto."
Paja Rural, porque con la cantidad de jóvenes agricultores que tenemos, sería la única entidad donde el relevo generacional estaría completamente garantizado.
Y las organizaciones agrarias tampoco podrían quedarse atrás. La UPA pasaría a ser la Unión de Pajas de Andalucía, mientras que la COAG, siempre desde la ironía, se convertiría en la Coordinadora de Orgasmos Agrarios Garantizados. Nunca unas siglas dieron tanto juego.
Además, asesores comerciales no nos faltarían. En Jaén tenemos auténticos especialistas en tocarte los plazos fijos, subirte el TAE sin que apenas te des cuenta y convencerte de que el producto estrella siempre es el que más beneficia... al banco.
La competencia bancaria sería feroz.
Pajasol: "El banco que siempre trabaja a mano."
Unipaja: "Una caja que da mucho gusto."
Paja Rural: "Sembrando futuro... y recogiendo donaciones."
Y cuando los grandes bancos vieran el negocio, reaccionarían de inmediato.
El Santander anunciaría la Cuenta Corriente... pero sin prisas.
El BBVA lanzaría el Depósito de Alta Rentabilidad Manual.
Y CaixaBank presumiría de su nueva Banca Personalizada, donde el trato sería... mucho más cercano.
Los nuevos productos financieros serían irresistibles:
La Hipoteca Reproductiva, con nueve meses de carencia.
El Depósito a Largo Plazo, para clientes constantes.
El Plan de Pensiones Genéticas, pensado para dejar herencia antes incluso de hacer testamento.
Y el director de la oficina tendría una frase grabada en la puerta:
"Aquí no venimos a sacar dinero... sino a hacer ingresos."
El éxito sería inmediato. Mientras otras provincias exportan tecnología, nosotros exportaríamos genética con denominación de origen. Aceite virgen extra por un lado; capital humano por otro. Diversificación económica, que ahora está tan de moda.
Lo mejor llegaría cuando hubiera que buscar donantes. En el campo del poder candidatos no faltarían. Hay quien lleva media vida prometiendo fecundar el futuro de Jaén con proyectos que nunca llegan a término. Otros han cambiado tantas veces de discurso que ya no saben si son de secano o de regadío. Y alguno presume de regeneración mientras lleva más años en el cargo que un olivo centenario.
Eso sí, antes de aceptar una donación habría que hacer una entrevista.
—¿Trae usted ideas nuevas?
—No.
—Entonces, lo suyo no es una donación; es reciclaje político.
Como buenos jiennenses, tampoco tardaríamos en discutir dónde instalar la sede. La capital la querría por población; Linares por historia industrial; Úbeda y Baeza por patrimonio; Martos por liderazgo empresarial. Se crearía una comisión, otra comisión para revisar la primera y una tercera para decidir quién inauguraría el edificio.
Y cuando todo estuviera listo aparecería un fondo europeo dispuesto a financiar el proyecto... siempre que la provincia demostrara que era capaz de ponerse de acuerdo.
Ahí quebraría el banco. Porque el problema de Jaén nunca ha sido la falta de recursos. Ni siquiera la falta de talento. Nuestro verdadero déficit siempre ha sido otro: somos especialistas en dejar escapar las ideas mientras discutimos quién corta la cinta inaugural.
Y después de darle tantas vueltas al asunto, quizá algún lector haya llegado hasta aquí convencido de que he perdido definitivamente el juicio. Nada de eso. Todo esto no deja de ser una paja mental. Una de esas ocurrencias que nacen una mañana de agosto, cuando el calor aprieta más que las estadísticas del paro y la imaginación decide hacer horas extraordinarias.
Pero así funcionan las buenas ironías. Empiezan pareciendo un disparate y acaban dejando una pregunta incómoda.
¿Cómo es posible que una provincia capaz de producir el mejor aceite del mundo siga teniendo tantas dificultades para producir oportunidades? Porque, al final, el mejor banco que puede tener Jaén no es el de semen, sino el de las buenas ideas. Lástima que ese lleve demasiados años sin hacer ingresos.
Y si alguien ha llegado escandalizado hasta el último párrafo, que se quede tranquilo. No era un plan de empresa. Era, sencillamente, una paja mental.
Manuel Palomo
Palomos de papelUn banco de semen... o la mejor inversión que nunca hicimos
Una paja mental veraniega