Régimen Abierto

Antonio Avendaño

Un matón en la almazara

Los aullidos de Lobo Donald desde el otro lado del océano se oyen nítidamente en la Loma, en la Campiña, en las remotas crestas de Mágina y Cazorla

Andaba la diputada provincial Inés Arco feliz como una Caperucita luciendo la recién estrenada insignia concedida por la XIII World Olive Oil Exhibition a la Diputación de Jaén por su liderazgo institucional en la promoción y defensa del aceite de oliva, cuando en esto que se oyeron en la lejanía los feroces aullidos del lobo trasatlántico. Al contrario que lo que sucede con otros depredadores más enigmáticos y menos locuaces, como Vladimir Putin, a Lobo Donald se le entiende todo a la primera: para interpretar correctamente sus mensajes y captar el alcance de sus tenebrosas intenciones no se precisa estar doctorado en alta geopolítica, basta con poner el oído, aplicar el sentido común y haber tenido miedo alguna vez.

El último zarpazo del mandatario nacional-populista-tirando-a-fascista podría alcanzar a la economía de Jaén si la fiera logra cumplir su amenaza de suspender todo comercio de España con Estados Unidos. El veto comercial ha alarmado, y no sin razón, a los olivareros jiennenses, pues no en vano el sector oleícola español exportó en la última campaña aceite a Estados Unidos por valor de 800 millones de euros, equivalente al 16 por ciento del total exportado. Teniendo el peso que el sector tiene en la economía de la provincia, no es difícil echar las cuentas. Por lo demás, los motivos del atrabiliario emperador para castigar a España son bien conocidos: Lobo Donald está enfadado porque la oveja Pedro, al contrario que el resto del rebaño europeo, le ha plantado cara diciéndole alto y fuerte que no. No a gastar el 5 por ciento del PIB en defensa y no a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón en el operativo de bombardeos ilegales contra Irán.



Todo el mundo sabe que Trump está violando el derecho internacional y los preceptos de Naciones Unidas. Lo sabe Pedro Sánchez pero lo saben también –no pueden no saberlo– Alberto Núñez Feijóo o Juan Manuel Moreno Bonilla. Aun así, lo más gordo que el presidente andaluz ha dicho sobre la amenaza de Trump es que resulta “preocupante”. ¡Uy, qué miedo, Juanma, mira cómo tiemblo!, se habrá dicho el zumbado de Washington. Para presidir como preside, y él mismo lo ha recordado, la segunda comunidad exportadora a Estados Unidos, no parece que Moreno haya cargado mucho las tintas contra el matón del otro lado del Atlántico. Al pobre Moreno le pasa lo que todos los demás: que le tiene un miedo cerval al lobo y, como todos, intenta que se le note lo menos posible.

¿Pero es que acaso Sánchez no se lo tiene? Sin duda: imposible no temer a alguien decidido a violar cuantas leyes, reglamentos y usos diplomáticos que puedan entorpecer sus ensoñaciones imperiales. Sánchez seguro que tiene miedo, pero quizá piensa que más vale una vez rojo que ciento amarillo. ¿Le compensa su desafío? En España, no lo sabemos todavía, quizá sí, quizá no; en el resto del mundo parece que sí. “Pedro Sánchez es el único que se está enfrentando al presidente de Estados Unidos”, escribía ayer el prestigioso y no precisamente ultraizquierdista rotativo británico Financial Times.

El mundo se ha vuelto más pequeño desde que Trump llegó al poder. Ya no hay donde esconderse. “Vamos a cortar todo el comercio con España”: aunque nos separen miles de millas marinas, los aullidos lanzados desde el otro lado del Atlántico se escuchan nítidamente en la Campiña, en la Loma, en el Condado, en las remotas crestas de Mágina, de Cazorla, de Segura. Replica el Gobierno de España que “si EE UU quiere cambiar la relación comercial, tendrá que respetar los acuerdos con la UE”. O no. Lo que valía para los anteriores presidentes de Estados Unidos no vale para este. Si al matón que merodea por las almazaras de Jaén se le mete en ceja y ceja que no entre en su país ni una maldita gota de aceite de oliva, no está claro –pero nada claro– quién va a impedir su antojo. Las leyes, desde luego que no. Y la acobardada, timorata, desunida y confusa Unión Europea, todavía menos. Preparémonos, pues, para el siguiente zarpazo.