Sostenía Tierno Galván que el más innoble de los miedos es el miedo político. El miedo al qué dirán los que gozan del poder de la jefatura, manteniendo o suprimiendo los provechos del que está por debajo. El miedo político es, en resumen, sentenciaba el viejo profesor, el miedo económico. Cobrar conciencia -cobrar o no cobrar, he ahí la cuestión- de que harías cualquier cosa por conservar lo que tienes. Así de simple, no le den más vueltas. Las elecciones andaluzas del 31 de mayo, 7 o 14 de junio (54 días a partir de la publicación de la disolución del Parlamento: el 7 de abril, martes de Pascua; el 14 de abril, coincidiendo así la campaña electoral con la visita del papa León XIV, aunque el pontífice no pase por Andalucía; o el 21 de abril, primera jornada de la feria sevillana) son, en su esencia más primaria y primitiva, respecto a nuestros actuales representantes, una cuestión crematística. Luego está la interminable retahíla emocional del gregario, trepador a tiempo completo, que apela, en tesituras de este tipo, a su pundonorosa ejecutoria, realzada por innumerables muestras de constancia y sacrificio, y no tanto del orgullo y el amor propio que se verán inevitablemente heridos si los que mandan deciden, con todo el dolor del alma, apiolarte. De la relación de 11 parlamentarios andaluces por Jaén, un 80 por ciento, y seguramente me quede corto, al día de la fecha, no sabe si volverá a concurrir en puesto de salida. Entre las incertidumbres ordinales y las tendencias cardinales, el miedo político anda demasiado presente, hoy por hoy, en el trayecto infame que une la capital hispalense con la provincia de Jaén. Antes de que hayas venido, inoculado el desvelo sin ser notado, estando la casa enteramente desasosegada, ya te estás yendo.
El sinvivir premonitorio de este 28F sabatino tuvo su teatro de operaciones institucional, de Cinco Llagas a Puerta Jerez, en una Maestranza primaveral, undécimo día de Cuaresma, que atufaba a pólvora, incienso y azahar. Miedo, hambre y ganas de comer. Juanma Moreno Bonilla llora al recordar a las víctimas de Adamuz, conjurándose para “llegar donde tenga que llegar para conocer toda la verdad”, parafraseando a quienes, conspiranoicos o apocalípticos, falsarios o mercenarios, prometieron lo mismo tras los atentados yihadistas del 11M de 2004. Toda la verdad. Nada más que la verdad. Persuadir, convencer y, a veces, remendar. El buenismo de Juanma, efectista y populista, su propensión empática a la lisonja, la sonrisa y la lágrima fáciles frente a las olas de mayor impresionabilidad colectiva, permite al PP-A surfear sobre la lamentable situación de la sanidad pública andaluza, haciendo tabla rasa del escándalo por el escamoteo de las pruebas de detección precoz de cáncer y las insoportables listas de espera en especialidades e intervenciones quirúrgicas. Por mucho que María Jesús Montero ordenase a sus huestes ausentarse de la gala del 28F al considerarla ardid de autobombo, antesala de los Goya, “deriva partidista”, la atención mediática de la región se concentraba en un escenario donde el alcalde socialista de Adamuz, qué remedio, recogía la Medalla de Andalucía concedida a su pueblo. Entre pasillos, asimismo, por lo bajinis, comentarios recurrentes de la dirigencia jiennense popular a propósito de una terna de cabecera mimética e invisible, compuesta por Jesús Estrella, Lina García y Erik Domínguez, que remarque el liderazgo omnímodo, inconmensurable, de Juanma -Juanma también será el número ‘1’ por Jaén, solo él podría ser el número ‘1’-, huyendo de la torpeza estratégica, el miedo político, que supondría encumbrar por descarte a la ex consejera de Salud, dando cuartos al pregonero, centrando inconscientemente la campaña en el pifostio sanitario.
Aun así, todo el poder para el jefe, la capacidad de transformar las lanzas en cañas, este viernes, Jaén, Ifeja, en el aplazado VII Congreso andaluz de pacientes con cáncer y familiares, justo un mes después, máxima expectación ante la presencia estelar del presidente de la Junta, Juanma Moreno, junto al alcalde, Julio Millán, y el vicepresidente primero de la Diputación, Juan Latorre, además, por descontado, de los presidentes provincial y nacional de la AECC, Antonio Ruano y Ramón Reyes. Paralelamente, en Úbeda, Ermita Madre de Dios, jueves y viernes, Diputación y Resurja organizan unas jornadas de servicios municipales, a propósito de la economía circular, reto y oportunidad, bajo los equilibrados -siempre- auspicios técnicos del imprescindible Paco Lechuga, con la participación activa de las principales compañías concesionarias, concernidas infinitamente en el tratamiento de los residuos sólidos urbanos jiennenses, de Urbaser a FCC, de la recogida selectiva al reciclaje en plantas especializadas, autosuficientes incluso, desde hace años, como en el caso del vertedero de Jaén, en la producción de su propio biogás. Ni punto de comparación odiosa con las nuevas iniciativas proyectadas en el marco de la Alianza Andaluza del Biogás, incapaces de sortear las crecientes trabas burocráticas. El Ayuntamiento de Jaén, otrosí, plantea la vía de la no concurrencia de interés público o social para frenar la implantación de la planta de biometano pergeñada en la carretera de Fuerte del Rey. Suma y sigue. Miedo a reclamaciones millonarias, postergadas hasta la constitución de las próximas corporaciones locales.
Mercado oleícola. La tregua meteorológica permite recoger solo parcialmente una aceituna embarrada que dispara la acidez y reduce la calidad a su mínima expresión. Coyuntura compleja. La abundancia de lampantes que anhelaba la industria refinadora y conservera, en contraste con la cautela de un sector productor obligado a conservar en bodega sus mejores aoves como oro en paño. El miedo atroz al paso en falso.