Mediodía en la provincia de Jaén

Esteban Momblán

La sequía. La recesión andaluza

La opinión de Esteban Momblán


Iniciamos una nueva campaña de aceituna llena de incertidumbres a lo que ya nos estamos acostumbrando en los últimos tiempos.

Sin duda que la campaña va a estar marcada por un descenso de la producción bastante importante. Y es que los efectos de la pertinaz sequía ya se están haciendo visible en la agricultura, y en el olivar en lo que respecta a la provincia de Jaén. Como comentaba el presidente de la Junta Juanma Moreno, la recesión en Andalucía no la provocará ni la crisis energética ni la inflación, sino la sequía y falta de agua en el agro andaluz. Sin duda que si esta falta de precipitaciones no cambia en este otoño e invierno la situación se puede tornar muy compleja, y empobrecerá a la región andaluza y a provincias como la de Jaén.



Lo que más me asombra de está situación es que a día de hoy son pocas las medidas que se están tomando para paliar la situación por parte de todas las administraciones, sean del signo político que sean. Nuevas políticas hidráulicas, más investigación sobre uso eficiente del agua en los cultivos, adaptación de las variedades existentes o desarrollo de nuevas variedades al estrés hídrico, uso de aguas residuales en la agricultura, mejora y eficiencia en desalación del agua de mar, una política de trasvases entre cuencas más democrático y menos localista, penalizar de manera ejemplar las malas prácticas de uso ineficiente del agua por parte de agricultores insolidarios y un largo etcétera serían medidas de aplicación urgente. Como se suele decir, sino quieres que algo se resuelva, establece mesas de grupo de trabajo. La lentitud en la toma de decisiones sólo hace que empeorar la situación.

Además también es llamativo que son pocas las voces que traten en profundidad el tremendo problema de la sequía. Quizás haya demasiados intereses creados. A día de hoy no sean han cortado autovías ni carreteras por este problema. Quizás los altos precios del aceite de oliva nos estén tapando el bosque de problemas que se pueden avecinar si en los próximos meses no llueve de manera abundante. El debate en las grandes esferas políticas y económicas es si estamos ante un verdadero cambio climático o simplemente ante un periodo transitorio de altas temperaturas y bajas precipitaciones. Pero mientras este enigma se resuelve, la Andalucía Olivarera se enfrenta a una campaña muy baja en producción y se está jugando en este otoño ya la siguiente campaña. Y dos campañas consecutivas de producciones de aceite de oliva bajas o muy bajas sin duda llevará a una recesión económica importante.

Ante toda esta situación me pregunto porque en países como Israel con niveles de pluviometría más bajos que los nuestros tiene en la producción agrícola uno de sus puntos fuertes de su riqueza nacional. Quizás hacen falta menos instituciones mastodónticas y anticuadas como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y más inversión tanto pública como privada en innovación y desarrollo de nuevas tecnologías que nos permitan un uso más eficiente de este importante recurso como es el agua. Las campañas de aceite de oliva fluctúan en base a años más o menos lluviosos, y por tanto los precios del aceite y por ende la renta de nuestras zonas eminentemente rurales.

Es un asunto demasiado importante para nuestro futuro para que lo dejemos en manos de la divinidad.