Palomos de papel

Manuel Palomo

Milei, ¿por qué no te callas? ¿Dónde están los patriotas?

Defender España consiste ahora en aplaudir a un extranjero cuando arremete contra el presidente de nuestro país

¡Qué cosas tiene la política! Resulta que ahora viene el señor Milei a España, se dedica a descalificar e insultar a nuestro presidente, elegido democráticamente por los españoles, y algunos de sus admiradores deben de estar tan emocionados que hasta se les olvida aquello de defender la patria, el respeto institucional y la soberanía nacional. ¡Qué patriotas más selectivos!

¿Os acordáis de aquel famoso «¿Por qué no te callas?» cuando Juan Carlos I tuvo que poner freno a Hugo Chávez? ¡Entonces sí que nos salió a todos la vena patriótica! ¡Cómo nos indignábamos cuando alguien faltaba al respeto a nuestros representantes! Pero, claro, aquello era antes. Ahora parece que, si el que viene a faltarnos al respeto es Milei, hay que recibirlo con alfombra roja, aplausos y, si hace falta, una medalla al mérito por venir de fuera a darnos lecciones. ¡Qué curioso concepto de patriotismo tienen algunos!

Porque, al parecer, defender España consiste ahora en aplaudir a un extranjero cuando arremete contra el presidente de nuestro país. Eso sí, si el presidente no es de tu cuerda política, entonces ya no merece respeto. ¡Magnífica lección de democracia! Se ve que algunos confunden la bandera con una tarjeta de afiliación política.

Y qué decir del espectáculo de Milei, con sus descalificaciones, sus ataques personales y esa peculiar costumbre de repartir lecciones morales mientras convierte la política en un combate de descalificaciones. Si uno pretende dar lecciones de respeto, quizá convendría empezar por practicarlo. Aunque, visto lo visto, debe de ser una asignatura optativa en ciertos cursos de liderazgo internacional.

Lo verdaderamente bochornoso no es que un presidente extranjero tenga opiniones distintas a las nuestras. Eso es perfectamente legítimo. Lo bochornoso es convertir el desacuerdo político en un espectáculo de insultos y después pretender que todos aplaudamos como si estuviéramos ante una exhibición de diplomacia de primer nivel. ¡Qué nivelazo, señor Milei! La diplomacia mundial todavía se está recuperando de tanta elegancia.

Y a sus seguidores, tanto en Argentina como en España, una pregunta muy sencilla: ¿dónde queda vuestro patriotismo cuando alguien de fuera viene a despreciar a las instituciones de vuestro país o del nuestro? ¿O la defensa de la patria solo funciona cuando el que insulta es del partido contrario? Porque entonces no hablamos de patriotismo, sino de sectarismo con banderita.

Por suerte, hay argentinos y españoles que saben distinguir entre discrepar y faltar al respeto, entre defender unas ideas y convertir el insulto en una forma de hacer política. Personas que no necesitan aplaudir cualquier salida de tono de un líder para demostrar que tienen principios.

Y mientras tanto, aquí seguimos algunos preguntándonos dónde están aquellos patriotas que se llevaban las manos a la cabeza cuando se faltaba al respeto a un presidente español. ¿Se han quedado sin voz? ¿Se les ha olvidado el himno? ¿O es que el patriotismo tiene ahora una cláusula de excepción para los amigos ideológicos?

Señor Milei, bienvenido a España. Puede usted discrepar, criticar y defender sus ideas todo lo que quiera. Faltaría más. Pero España no necesita que venga nadie de fuera a enseñarnos democracia a base de descalificaciones.

Y a quienes le ríen las gracias: tranquilos, podéis seguir presumiendo de patriotismo. Solo os pedimos un pequeño detalle: que sea el mismo cuando gobiernan los vuestros y cuando gobiernan los otros.

Porque ser patriota no consiste en aplaudir al que insulta a quien no te gusta. Consiste también en exigir respeto para las instituciones, aunque quien las represente no sea de tu partido.

Y, para terminar, una última pregunta, señor Milei: ¿por qué no se callan, aunque sea por una vez, los que confunden la mala educación con la valentía y el insulto con la inteligencia?

¡Qué espectáculo! ¡Qué diplomacia! ¡Qué patriotismo de escaparate!

Y luego nos extrañamos de que la política parezca un circo. Lo preocupante no es que haya quien quiera actuar de payaso; lo preocupante es que haya quien pague la entrada, se levante y lo aclame como si acabara de descubrir la democracia.

¡Menos insultos, más respeto y menos patriotas de conveniencia!