Por Los Cañones

María del Mar Shaw Morcillo

Diez años de 'La Manada'

La búsqueda de medidas de prevención, no limitante ni gravosa, debería ser una de las primeras acciones a decretar, de forma administrativa o judicial

Entre tanto sobresalto judicial quizás hayan pasado algo desapercibidas dos noticias acaecidas en nuestra ciudad que denotan como las mentes pueden ser bastante más calenturientas de lo que pensamos y cómo acciones que hasta hace poco no trascendían porque formaban parte de los suburbios de la mente, hoy son primera página.

El que un hombre se dedicara a hacer fotos de zonas íntimas de estudiantes en la Universidad, tampoco nos sorprende. Recordamos múltiples ocasiones de aseos agujereados para ver a las chicas miccionar o vestuarios con importantes desconchones mientras al otro lado se cambian las camisetas las niñas ajenas a que eran objeto de deseo. Tampoco causa extrañeza personajes que acuden a sus gimnasios bajo la premisa de muscularse cuando disimuladamente hacen fotos y videos a sus compañeras que tranquilamente se sienten protegidas en ese espacio.



Nadie se siente identificado en ese rol, nos causa repulsa, pero nadie se extraña de estas figuras, en un 98% masculinas. Como en el caso de la UJA, son delincuentes, no locos, con antecedentes por hechos similares que se sienten impunes porque sus condenas, si llega el caso, son laxas y poco le suponen. En el caso de Jaén, las estudiantes lo conocían por sus actitudes extrañas hasta que alguna valiente dio un paso más y decidió ponerlo en conocimiento de Seguridad. Y estos retienen al individuo que se permite la libertad de esconder su móvil negando los hechos y sintiéndose impune como otras tantas ocasiones. Por supuesto, está en libertad. Desconozco si la Universidad le puede prohibir el acceso a sus instalaciones pero la búsqueda de medidas de prevención, no limitante ni gravosa, debería ser una de las primeras acciones a decretar, de forma administrativa o judicial. No solo se evitan nuevos sucesos sino que sirve de escarmiento público para quién tenga ideas similares y que en atención al Código Penal va a quedar prácticamente impune. Con esto no abogo por imponer penas de prisión más graves, que en política criminal nunca se ha demostrado que sirvan para bajar estos hechos delictivos, sino buscar formas complementarias para evitar nuevas situaciones, y sobre todo primar la seguridad de las víctimas.

De otra parte, el mito de Dustin Hoffman se cae. La señora Robinson, mujer madura y el estudiante de 15 años tiene su réplica en nuestro mar de olivos. Un padre, pendiente de los cambios de su hijo, ha levantado la voz frente a una profesora que no sólo le dobla la edad sino que además supuestamente ha mantenido relaciones sexuales sobre un menor de 16 años, edad establecida en España como límite en el consentimiento, por debajo no es válido salvo que exista una proximidad en edad y desarrollo.  La conformación del consentimiento en acciones de carácter sexual (el famoso sólo sí es sí) sólo es válido a partir de esa edad, lógicamente en todo tipo de relaciones del mismo o distinto sexo. En este caso sí me consta por publicaciones que de forma inmediata se ha separado a la profesora del servicio.

Recordemos el horror que produce la rebaja de la edad para contraer matrimonio en Afganistán donde hombres de 50 o 60 años, de forma legal, obligan al matrimonio a niñas de 9 años. Aunque no infrecuente, los supuestos de hombres reconocidos y reputados que han mantenido relaciones sexuales con menores es extenso (comenzando por nuestro poeta Antonio Machado, Woody Allen o quitando romanticismo todo lo relacionado con el caso Epstein) sin que hasta hace pocos años nadie lo mirara con recelo. Recuerdo numerosos casos de profesores ligando con alumnas e incluso tras la denuncia de los padres, no se adoptó medidas de protección, el escudo siempre era la presunción de inocencia hasta que existiera sentencia, momento en el que la joven podía haber acabado la carrera y oposiciones sin que nadie hubiera hecho un gesto de amparo a su indemnidad.

Ahora que se cumplen diez años de los hechos de la manada, recordar lo importante que ha sido conformar una nueva conciencia social con leyes como la del “SI es SI” que han asentado el arraigo de que la libertad sexual debe estar protegida, frente a los hechos más o menos graves, y que la edad limita el consentimiento para menores, sean chicos o chicas, en especial cuando el agresor o la agresora le doblan la edad. Que tomemos conciencia agentes o guardias de seguridad, instituciones como la UJA o Educación, padres o madres, propician la denuncia, y en especial buscan la protección de las perjudicadas.