Hijas de Lilith

María Guadaña

Los muertos no votan

Prefiero no creer que sea necesario que uno de los votables pierda a un ser muy querido, para darse cuenta de que así no debemos honrar a los nuestros

Hay momentos del año, de la vida, que tienen su propia escenografía. Espacios temporales en los que, si te situaran en uno de esos días, sin saber cuál es, sabrías ubicarte por los colores, las imágenes o las sensaciones. Ejemplo: ¿todo se ha vuelto rojo y hay muchas luces? Correcto, estamos en Navidad. Otro: ¿las calles rechinan con el pasar de los coches y huele a incienso? Correcto, estamos en Semana Santa. Vamos a por el último. ¿Ves políticos en cualquier actividad social con la sonrisa convertida en mueca? Correcto, estamos en campaña electoral. En este escenario es cuando puedes observar a los votables en la procesión más importante de tu ciudad, y en un pestañeo, bailando sevillanas en la “feria madre”.

Lo que no he visto nunca es a un candidato o candidata paseando por nuestro cementerio. Nunca, jamás. Será por eso por lo que no saben de su estado lamentable, o deplorable, como dice mi señora madre. Por cosas de la vida, más bien de la muerte, a partir de los 10 años visitaba semanalmente el camposanto. Hace 40 años de esas visitas, y nunca lo vi en mejor estado que entonces. En 4 décadas no han tenido tiempo de arreglar los grifos para el agua de las flores que siguen pareciendo aspersores – en verano puede resultar gratificante, en invierno te dejan las manos azules-. Tampoco han tenido tiempo de reponer todas las baldosas rotas, todos los huecos que faltan… Se ve que tampoco es necesario actuar sobre el suelo reventado por las raíces de lo único vivo que allí habita. Este domingo pasado, mi octogenaria madre y una servidora, nos dedicamos a cortar todas las malas hierbas que brotan de entre los nichos de nuestros queridos.

Desconozco cuántas personas trabajan en el cementerio, desconozco cuáles son sus funciones y la dotación económica para su mantenimiento. No sé si es un problema de no poder hacer o de no querer hacer. Mucha lata no dan sus usuarios, desde luego. Que la vegetación conquiste los espacios construidos es algo que tarde o temprano pasará, pero lo imagino más como producto de nuestra extinción, no porque la dejadez se haya rendido ante el cuidado de nuestros antepasados.



Prefiero no creer que sea necesario que uno de los votables pierda a un ser muy querido, para darse cuenta de que así no debemos honrar a los nuestros. Porque la pena no nos la quita nadie, pero la vergüenza se puede sacudir con un poquito de atención. Voy a revisar todos los programas de las próximas elecciones a ver si alguno les dedica unas líneas. Creo que voy a quedarme con las ganas, pero, es que claro, los muertos no votan.

PS: unas recomendaciones musicales femeninas, como siempre. Que aunque no muertas, muchos programadores tampoco les dedican una línea:

Aldous Harding. Stop your tears:


María Guadaña. Requiem:


Vera Sola. The Ghostmaster’s Daughter: