La bisagra
Raul Beltrán

La sublimación de los sentidos

Vigésimo aniversario del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza

 Música Antigua

Foto: EXTRA JAÉN

Cartel conmemorativo.



Cuando el 5 de diciembre de 1997 el Grupo Nassim Al-Andalus, en el Hospital de Santiago de Úbeda, interpretó 'La Música y la Danza en la tradición Andalusí-Magrebí', nadie podía imaginar que aquellas notas, nacidas en el Califato de Córdoba en el siglo IX, se convertirían en una efeméride de la historia de la música no solo en nuestro país, sino en todo el continente. Había nacido el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, que este año cumple su vigésimo quinto aniversario. A lo largo de este cuarto de siglo, al Hospital de Santiago y a las Ruinas de San Francisco de Baeza, se han sumado los principales enclaves renacentistas de la provincia, ligando el glorioso pasado arquitectónico de Jaén a la música antigua y rescatando del olvido el patrimonio musical ibérico e hispanoamericano hasta el punto de que desde 2013, el Festival actúa como Ente Promotor Observador de proyectos de I+D+i del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) por ser considerado un paradigma de transferencia de conocimiento a la sociedad.
Al igual que el Renacimiento convirtió al hombre en medida de todas las cosas y lo colocó en el centro del Universo, el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza ha llevado a los ciudadanos de a pie, con una visión unívoca, las reminiscencias del añoso y sensorial patrimonio musical de nuestro devenir como pueblo, poniendo en contacto el murmullo silente de la arquitectura, con la sublime música de nuestros ancestros, en una conjunción humanista de las artes.
Es difícil trasladar la experiencia vivida en algunos de los conciertos a los que he tenido el placer de asistir, pero hay pocas citas culturales y musicales capaces de desordenar y excitar de forma tan grata cada uno de los sentidos, provocando, durante unas horas, la intrascendencia de la rutina caótica del dechado fútil de nuestros días, acercándonos por un momento a lo más parecido que nuestras almas estarán nunca del paraíso. Créanme, incluso si no creen.