La chapa

Carlos Oya

Montesquieu V. O.

Los tres poderes

1. Charles Marie de Secondat (1689-1755) más conocido por Montesquieu por la baronía que ostentaba se encuentra desde hace siglos entre los cuarenta principales de eminencias mal citadas y peor comprendidas por nuestros políticos en general. En este grupo va bien acompañado de Maquiavelo ( jamás dijo “El fin justifica los medios”), Antonio Machado, que les vale lo mismo para un roto que un descosido, Einstein, del que la mayoría te enunciará la más famosas ecuación de todos los tiempos aunque no sepan que significa o la nueva promesa: Oppenheimer (no, no he visto la película, a ver si de una vez por todas pasan de moda las cintas de superhéroes y los metrajes de más de tres horas) que si bien dijo “ Me he convertido en Kali, el destructor de mundos” (estaba versado en los vedas ) no fue tras el éxito del ensayo de la primera bomba nuclear en Nuevo Méjico (al parecer lo que soltó en ese instante fue un lacónico “Funcionó”) sino en entrevistas posteriores. Vamos un “No lo dije, pero lo pensé” de toda la vida. Tranquilo, Robert, a todos nos ha pasado. Volviendo a nuestro insigne ilustrado es en el libro XI de su “Espíritu de las leyes” al socaire de su comentario sobre la monarquía parlamentaria inglesa de la época (el mejor régimen en ese momento para el barón) expone su socorrida, manoseada, malinterpretada teoría de la separación de poderes de la cual la mayoría se queda sólo con su primera parte : para evitar que el poder del estado recaiga sólo en un actor (llámese rey, parlamento o jueces) quien podría caer fácilmente en el despotismo en el ejercicio de sus funciones este poder se reparte entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Pero luego tenemos la segunda parte que como las caras B de los singles suele ser menos conocida pero a la postre más interesante ( la mejor cara B de la historia es “Rain” de los Beatles por si se lo preguntan o por si no) y cito al francés “el poder contiene al poder”. Es decir estos tres poderes no se encuentran aislados, en burbujas de plástico, ájenos entre sí. Conforman un complejo sistema de contrapesos dispuesto a saltar en el momento que uno de sus integrantes se atribuya funciones que no le correspondan según sus compañeros de terna, lo cual provoca una concatenación de reacciones hasta que se restablezca al equilibrio...o el delicado engranaje se vaya a hacer puñetas .Y es lo que pasa en España con la amnistía. Al margen de lo que cada uno opine este tira y afloja entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial (enmienda-auto-enmienda) más que una politización de la justicia o judicialización de la política (que también y hasta aquí los trabalenguas) desmiente esa frase lapidaria de “Montesquieu ha muerto”. Está vivo y puede que de parranda.