Con el alma en pie
Ana Tudela

Mentir, mentir y mentir

La gran noticia de los últimos días es, sin duda, la aprobación de la reforma laboral. Otro compromiso cumplido por el Gobierno de izquierdas, votado...



La gran noticia de los últimos días es, sin duda, la aprobación de la reforma laboral. Otro compromiso cumplido por el Gobierno de izquierdas, votado libremente por la gente. In extremis, el Congreso convalidó un acuerdo en el que empresarios, trabajadores y Gobierno habían dejado muchas horas de trabajo y diálogo con el objeto de mejorar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo de los españoles. Todo un hito histórico que aporta confianza en la negociación y en la búsqueda de consenso.

Todos hemos visto una y mil veces la esperpéntica votación. Todos hemos escuchado o visto los análisis de los distintos medios de comunicación. Incluso seguimos acudiendo al “teatrillo” del PP para intentar hacer olvidar tres circunstancias terribles:

La primera, no apoyar ni dar carta de naturaleza al acuerdo de los agentes sociales. Ni a sindicatos, ni a empresarios. Incalificable para un partido que pretende gobernar y que muestra, en una sola foto, su lejanía de la sociedad española. Que sigue demostrando al mundo, que cuanto peor para los trabajadores, mejor para la derecha.

La segunda, el doble tamayazo de los diputados de UPN, a los que “no se dejó de animar” para que desoyeran la decisión de su partido. Nadie, a estas alturas, duda de que el PP tiene mucho que ver con el episodio. Debe aclarar su más que posible participación y las condiciones en que ha tenido lugar el escándalo.

Y la tercera, el error en el voto de su diputado y Secretario de Organización (por cierto, muy indicativo del guirigay actual del partido), queriendo cambiar reglas tras un nítido error humano que quiso transformar en “error informático”.

Me da la impresión de que la pareja Casado-Teodoro salen condenados tras este triple salto mortal, en el que, además, vuelven a dejar al PP manchado gravemente por el sello de la mentira, algo que históricamente el electorado no le ha perdonado. Sólo un gran resultado en Castilla y León podría cambiar una deriva que hoy día tiene muy mala pinta.

Con todo, y tal como señalaba al principio, me quedo con lo importante. La reforma laboral es, además de un muy buen marco para las relaciones laborales en un país demasiado señalado por la temporalidad y marginalidad de los contratos de trabajo, un ejemplo de diálogo y de afán de consenso en medio de un escenario que la derecha está empeñada en manchar de radicalidad y confrontación.